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El Washington Post recibe al Papa en USA con duras críticas.

Por George Will, 19 de septiembre de 2015

El Papa Francisco encarna la santidad, pero viene arrastrando nubes de mojigatería. Con el celo indiscriminado de un converso, que abarca ideas impecablemente de moda, demostrablemente falsas y profundamente reaccionarias. Ellas devastarían a los pobres en cuyo nombre pretende hablar - si sus prescripciones políticas no fueran tan poco convincentes como sus diagnósticos sociales son estridentes.

Los partidarios de Francisco han comprado anuncios en periódicos, radio y televisión para difundir algunos de sus sentimientos confusos que tienen el tono intelectual de galletas de la suerte. Un ejemplo: "La gente de vez en cuando perdona, pero la naturaleza nunca lo hace". La majestad del Vaticano no disfraza la vacuidad de esto. Francisco está dando a entender que el daño ambiental es irreversible? Deja de lado lo que la tecnología ha logrado con respecto del aire de Londres (ver Página 1 de "La casa desolada" de Dickens) y otros asuntos.

Y la Tierra se está convirtiendo en "una inmensa pila de basura"? La hipérbole es un precursor predecible de otra conferencia sobre el cambio climático de la ONU - la número 21 desde 1995. Afortunadamente, la retórica del exhibicionismo aumenta tanto como su eficacia disminuye. En su encíclica de junio y en otros lugares, Francisco sermonea sobre nuestras responsabilidades, pero descuida el deber de ser tan inteligente como se puede ser. Este hombre que dice que "la Iglesia no pretende resolver cuestiones científicas" procede como si todo lo que declama está resuelto, desde el plancton en peligro hasta el aire acondicionado como un "hábito nocivo" de la humanidad. La iglesia que pensó que la ciencia de Galileo era herética debería estar atenta a todas las pruebas.

Francisco deplora "el consumo compulsivo," un pecado al que solo los 1.300 millones de personas sin siquiera electricidad pueden aspirar. Él deja el Vaticano para volar alrededor alabando la agricultura de subsistencia, un romance que se disfruta mejor desde 30.000 pies de altura por encima de las realidades de las que estos agricultores anhelan escapar.

El santo que es homónimo del Francisco que supuestamente vivía en dulce armonía con la naturaleza. Para la mayoría de la humanidad, sin embargo, la naturaleza ha sido, y sigue siendo, la escasez, la enfermedad y los desastres naturales - tenga en cuenta el adjetivo -. Nuestra prosperidad requiere abundante y asequible energía para la producción de todo, desde la comida a los productos farmacéuticos. La pobreza probablemente ha disminuido más en los dos últimos siglos que en los tres milenios anteriores a causa de la industrialización impulsada por combustibles fósiles. Sólo el crecimiento económico ha producido una amplia mejora sobre la pobreza, y desde que el crecimiento comenzó a finales del siglo 18, ha dependido de tales combustibles.

Matt Ridley, autor de "El optimista racional", señala que el el carbón suplantando al combustible de madera revirtió la deforestación y los "fertilizantes fabricados con gas redujeron a la mitad la cantidad de tierra necesaria para producir una determinada cantidad de alimentos". El comercio capitalista que Francisco desdeña es la razón por la cual la población del planeta que vive en "pobreza absoluta" ($ 1,25 al día) disminuyó de 53 por ciento a 17 por ciento en tres décadas después de 1981. Incluso en países de bajos ingresos, escribe el economista Indur Goklany, la esperanza de vida aumentó de entre 25 a 30 años en 1900 a 62 años en la actualidad. Sesenta y tres por ciento de las fibras son sintéticas y derivadas de los combustibles fósiles; del resto, el 79 por ciento proviene de algodón, que requiere de fertilizantes y plaguicidas sintéticos. "Los fertilizantes sintéticos y pesticidas son derivados de los combustibles fósiles", dice, y "son responsables de al menos el 60 por ciento del actual suministro mundial de alimentos". Sin combustibles fósiles, dice, las tierras de cultivo mundial tendrían que aumentar al menos 150 por ciento - igual a la áreas terrestres combinados de América del Sur y la Unión Europea - para satisfacer las demandas actuales de alimentos.

Francisco creció alrededor de la rancia cultura política del populismo peronista, el estéril redistribucionismo que ha hundido a su Argentina de ser el 14to. país del mundo según el PIB percápita en 1900 a 63vo hoy. La agenda de Francisco para el planeta - "normas regulatorias globales" - globalizaría la espiral descendente de Argentina.

Mientras que el mundo rechaza las enseñanzas de su iglesia sobre el aborto, la anticoncepción, el divorcio, el matrimonio entre personas del mismo sexo, y otros asuntos, Francisco alegremente hace a su iglesia congruente con la religión secular de la "sustentabilidad". Debido a que esta es hostil al crecimiento, cabe la aparente simpatía de Francisco por el estancamiento medieval, cuando su iglesia era la que mandaba, el crecimiento económico era esencialmente inexistente, y la esperanza de vida era de alrededor de 30 años.

La extravagancia de Francisco alejada de los hechos, reducido a un pastor cuyo rebaño, selectivamente reverente, se arrodilla solamente ante altares verdes, es pequeña en relación con la publicidad que recibe de los medios de comunicación, que por lo contrario son desdeñosos de su iglesia. Gente profana con agendas anti-católicas vacían su prestigio, un activo en disminución, en la promoción de las políticas contrarias a las personas más vulnerables y no guardan relación con lo que una vez fue la muy diferente misión salvadora del papado.

Él está en contra de la modernidad, la racionalidad, la ciencia y, en última instancia, la creatividad espontánea de las sociedades abiertas en las que las personas y sus deseos no son problemas, sino recursos preciosos. Los estadounidenses no le pueden honrar y al mismo tiempo celebrar los postulados de su país .
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