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En defensa de la verdadera iglesia Católica

Anteriormente escribí sobre el concilio, y en esta publicación procederé a hablar en defensa de la verdadera iglesia católica apostólica romana, la tradicional, la que fue usurpada por el concilio vaticano II.

La iglesia siempre fue santa:
Quisiera advertir a quienes desean que la iglesia se modernice aun más: El concepto de “modernidad” no es lo mismo hoy que hace 60 años. Si hace 60 años se consideró herejía que la iglesia se dejara influir por los aires de los años 50, imaginen cuánto peor puede ser que hoy se deje influir por los tiempos que se están viviendo. La iglesia fue fundada por Cristo, y no puede ser mejorada por hombres. Y los modernistas me dirán que Jesús da autoridad a sus ministros, pero nadie tiene autoridad para cambiar lo que Jesús implementó, ni para reinterpretar lo que ya está establecido como dogmas (si no fuera así, daría igual que fuéramos protestantes o católicos).
Durante el concilio se gastó fortunas en la demolición de los altares tradicionales, lo cual es irracional. Cuando se hace una modificación costosa es porque es de suma importancia que esa modificación se haga. Ahora bien, si esa modificación costosa era remover los altares ¿cuál es esa gran necesidad? A alguien le resultaba sumamente importante que se hiciera eso; la pregunta es ¿A Dios o a quién? Si somos católicos es porque sabemos que nuestra iglesia fue fundada por Cristo. Si no somos protestantes, es porque sabemos que sus iglesias y cultos religiosos fueron fundados por hombres. Entonces, si no pertenecemos a ninguna reforma protestante ¿por qué permitir reformas en el catolicismo? Cuando algo se tiene que modificar es porque tiene fallas, entonces ¿cuáles son las fallas del catolicismo tradicional?
Para poder tener buen discernimiento hace falta informarse. Y es necesario conocer el orden de las autoridades: La primera autoridad es Dios, en segundo lugar la iglesia católica y la religión, y en tercer lugar la biblia. No podemos leer e interpretar la biblia si no es a través de la iglesia y la tradición, y tampoco podemos llegar a la iglesia o a la tradición si Dios no nos llama ¿Y por qué ese orden? Porque Dios es incuestionable ante todo, ni la iglesia ni la biblia pueden contradecirle. La iglesia enseña a interpretar la biblia porque de la tradición fue escrita la biblia, y la iglesia seleccionó sus respectivos escritos. Sin iglesia no tendríamos biblia, pero la iglesia funcionó perfectamente cuando la biblia aun no existía y, cabe destacar que, la mayor parte de la herejía es por causa de la biblia: por eso es importante no interpretar la biblia como a cada uno le parezca, sino a la luz de la tradición. Yo creo en la iglesia no porque lo dice la biblia, sino que creo en la biblia porque lo enseña la iglesia. La iglesia tiene autoridad de decir cuáles escritos forman parte de la biblia y cuáles no, pero la biblia no tiene autoridad para contradecir a la iglesia. Los errores que los sedevacantistas señalamos del concilio vaticano II, los percibimos no por haber leído la biblia sino por conocer la tradición y la historia de la iglesia. Pero la iglesia, antes del último concilio ecuménico era perfecta y santa.

Los errores de la iglesia:
Sin embargo, que la iglesia sea santa no significa que no sea propensa a cometer errores. A lo largo la historia, desde el comienzo de la única y verdadera santa iglesia hasta el concilio vaticano II, la iglesia nunca se equivocó en materia de doctrina, dogmas y fe. Sí pasó, más de una vez, que las autoridades de la iglesia se equivocaran. Además el echo de que sea verdadero un sacerdote, obispo, cardenal, o incluso papa, no basta para que sea santo, sino que hay muchos de ellos en el infierno; y satanás se vale de eso para profetizar en contra de la iglesia por medio de sus profetas, los ateos y los herejes y cismáticos quienes, sin saberlo, hablan inspirados por Satanás.
Si revisamos la lista de papas en la historia de la tradición y pudiéramos mirar al infierno, encontraríamos a más de uno allí, que han sido condenados por morir en pecado mortal pero no por haber sido herejes, porque Dios no salva del infierno a alguien por el echo de haber sido papa. Dios es tajante en lo que manda.
Tomando el ejemplo de los científicos Copérnico y Galileo Galilei que no se los condenó a muerte (como algunos ignorantes repiten de memoria como loros sin razonar lo que dicen) sino que fueron excomulgados por decir cosas que resultaban heréticas. Era tan perturbador decir que la tierra era redonda, o que era un planeta más y no un lugar privilegiado del universo; tan perturbador decir que el sol tenía manchas, que les pareció herejía. Entonces, fue un error de la iglesia el censurar a esos científicos, pero el error no pasaba por los dogmas de fe sino por la concepción que en aquel entonces las personas (católicas y no católicas) tenían del universo. Pero veamos lo que pasó ¿en qué aspecto de la acusación hacia esos científicos se habló de doctrina, tradición, o fe? O bien ¿en qué parte de las teorías planteadas por dichos científicos se pone el credo en entredicho? La iglesia se puede equivocar, pero hay algo en lo que jamás pudo equivocarse y es en el credo, los dogmas y todo lo que es la tradición. Por lo tanto no se puede decir que el concilio vaticano II pudo haber quitado del catolicismo lo que tenía errores, porque no había error, sino que era perfecto.

Conclusión:
Les advierto a los que no son católicos propiamente dichos, y saben cómo defender su postura modernista y/o liberal, que yo no siempre fui católico sino que disfruté mi libertad y supe cómo defenderla en su momento. Pero yo defiendo la iglesia católica apostólica romana no por ser parte de ella sino porque es de Cristo. Porque si dejé de defender mis viejas costumbres renunciando a ellas, es porque Cristo está por encima de todo eso. “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que posee y compra el campo” (Mateo 13, 44).
Saludos,
Mauro.
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