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En los Clap se está jugando la suerte de la República

Estoy metido en la candela. Ayer en mi comunidad, fue una muestra de lo cerca que estamos de un tremendo estallido social. Aunque desde hace mucho cultivo la paciencia de las piedras, no puedo dejar pasar por alto la enorme responsabilidad que tiene nuestra dirigencia en esta hora crítica de la patria. Lo digo con suma preocupación, porque eso fue precisamente lo que faltó en esa jornada de los CLAP.

Imagínense: un duro sol, una cola de personas de la tercera edad que fueron convocadas para las 9 de la mañana, pero que aún a las 11 am se encuentran sin poder entrar al Mercal. El CLAP del sector tiene control de la situación, ha organizado su comunidad, espera estoicamente; pero se encuentra que otro CLAP de una zona aledaña, se ha excedido groseramente del numero de personas que debió traer. Hay reclamos, escarceos, la dirigencia es inexistente, o está ensoberbecida de poder, con un lenguaje soez, políticamente incorrecto, haciéndole plenamente el juego a la derecha. Curiosamente, la policía del municipio, de Alcalde opositor, "colabora" con ese CLAP controlando la puerta de acceso. Pero luego de vaciado el Mercal, ésta se retira tranquilamente (con sus bolsas de mercado, claro), a pesar que la jornada dista mucho de terminar ¿Quién compensa a las 150 personas que quedaron sin adquirir sus productos? ¿Tendrán que esperar otros 15 días sin tener la garantía que el abuso no se repita?

Sobre los hombros de la dirigencia chavista está el destino (o la tumba) de la patria. A todos los niveles. Sobre las espaldas del pueblo consciente, reposa el peso de la resistencia ante los embates de las fuerzas del imperialismo, coaligados con esquiroles vernáculos, aprovechadores de todo pelaje, y un sinfín de medios de comunicación nacionales e internacionales que buscan quebrar la economía y la confianza en la nación. Por eso no es asunto secundario lo que ayer observé y viví; considerando que eso es solo una muestra estadística de muchas otras actitudes y calamidades que estamos viviendo.

Estoy metido en la candela. Me siento como aquel soldado que sabe que frente a su bayoneta y fusil está el abismo. Que él, y muchos como él, se juegan la vida, el destino de sus propios hijos, la suerte de sus madres y esposas, en esas infinitas y pequeñas luchas en la remota trinchera que el destino le ha deparado. Que la claridad, la entereza, la persistencia y el esfuerzo sostenido, hasta límites más allá de la razón, serán la diferencia entre vencer o morir, entre la ignominia y la liberación, entre la esclavitud de un sueldo miserable y la generosa dureza que da la verdadera emancipación.

No es poca cosa lo que les cuento. En los CLAP se está librando la suerte de todos nosotros. Si no logramos quebrar el espinazo de la guerra económica, de los bachaqueros, de los vivalapepistas, de los rojo por fuera y adecos por dentro, perderemos irremediablemente la patria. Chávez jamás nos lo va a perdonar.
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