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entrevista a Carlos Ott

El legendario arquitecto uruguayo llegó la semana pasada al país para presentar su último proyecto: Grand Bay Residences, un complejo que se instalará en Punta Colorada.







En breve charla con El País confesó su preocupación por desarrollar una ética de la arquitectura que apuesta a utilizar materiales y sistemas de construcción que no agredan el medioambiente y el entorno natural. Aseguró que la tecnología genera importantes ahorros y confort. No obstante, sigue apostando a la madera para la construcción.

Por el clima, la presentación ante el público de su proyecto viene retrasada unos minutos. Llueve como si fuera la última vez. Mientras tanto, en el salón principal de un hotel cinco estrellas, Ott habla con varios clientes y amigos a la vez.

— ¿Cómo ve la arquitectura de la ciudad de Montevideo?

— Acabo de llegar, lo veo muy húmedo. Es una ciudad que está cambiando mucho, como toda la región y el continente. Esperemos que el cambio sea para mejor.



— Hay polémica por la demolición de antiguos edificios para construir estructuras modernas. ¿Qué opina?

— Yo soy partidario de mantener el acervo cultural. En Uruguay se cometieron grandes errores con el patrimonio arquitectónico. El primero de ellos fue en el siglo XIX con la demolición de la muralla. Imagínese qué sería hoy de la Ciudad Vieja con aquella muralla. Todo para construir la avenida 18 de Julio y extender la ciudad. A partir de ese día se extendió la ciudad al infinitum. ¿Hoy hasta dónde crece Montevideo? ¿Hasta Atlántida o Parque del Plata? Montevideo es una ciudad que debería ser más compacta, más coherente. Estamos en el siglo XXI y somos conscientes de todos estos líos, el mundo está intentando revertir todo eso. Los errores de Montevideo no son nada comparados con ciudades como Los Ángeles o Nueva York, hoy creo que hay otra opinión. Un arquitecto de hoy no tira un edificio emblemático para sustituirlo por una mole de hormigón.





— ¿Cómo ve el proceso arquitectónico de la costa montevideana?

—En Pocitos no queda ni una de las magníficas mansiones de principio de siglo. Han sido sustituidas por edificios banales que dan sombra al mar porque están del lado norte. Nos guste o no a las tres de la tarde Pocitos se queda sin sol, un absurdo.






— ¿Qué se puede hacer con esos casos?

— Creo que no se puede hacer mucho, lo que sí podemos es tratar de evitar repetirlo. Se cometieron los mismos errores en Punta del Este, mucho hormigón y demasiada altura. Le aclaro que yo soy de los que piensa que hay que ir más hacia la altura. Podemos hacer una torre alta, altísima a condición de que no sea anchísima, para evitar que sea un mastodonte. Si es una aguja, la sombra que genera es larga, pero es angosta y se mueve rápidamente. Lo que no podemos hacer es un muro continuo como el de Pocitos. Si en Pocitos hubiéramos mantenido esas casas y si de pronto poníamos una torre pasadas en pisos no hay ningún problema. Quisimos hacer eso en Forum y no nos dejaron, creo que era una solución buena. Ahora estamos haciendo un edificio mucho más bajo, llenando la morfología de la manzana. Yo concuerdo con el arquitecto Mariano Arana en que la altura no es en sí mala. La altura baja puede ser muy mala si se hace un muro continuo de kilómetros. Que tenga cinco pisos no lo hace mejor.



— ¿Qué es lo más importante que está pasando en el mundo en materia de arquitectura?

— Vengo de Medio Oriente, estaba en Arabia Saudita, a las corridas vía Europa y Centroamérica, estuve el martes en Buenos Aires en una conferencia sobre edificios sustentables. Duró un día y yo soy el menos inteligente de los que habló. Había gente fantástica de todo el mundo. Creo que, desde el punto de vista ético, en este momento lo que más le preocupa a la arquitectura y a la industria en general, es minimizar el impacto negativo en el medioambiente. Es la arquitectura sustentable, usando la mayor cantidad de energía renovable, es clave. Todo el mundo es consciente de que no podemos seguir atacando el único planeta que tenemos por ahora. Lo agredimos demasiado y es hora de recuperarnos. Ahora tenemos nuevas tecnologías y combustibles.



— ¿A qué se debe apostar en las energías alternativas? ¿Es mejor la eólica que la solar?

— A todo, solar y eólica sin duda. Acaban de otorgar el premio Nobel de Física a los japoneses que descubrieron las luces Led que permite tener iluminación a un costo bajísimo y con una calidad altísima. Ya no usaremos la luz incandescente, ese absurdo que genera calor para producir luz. Eso es apenas un ejemplo de tecnologías mejores, muy baratas y accesibles.



—¿Qué nuevos materiales se están usando teniendo en cuenta las pautas éticas a las que se refiere?

— Materiales que dejan pasar la luz, adaptables. En esta conferencia los americanos hablaban de los osos polares, por fuera son blancos pero si se raspa la piel aparece el color negro para absorber el calor del sol porque viven en el polo norte. Esa piel totalmente blanca, en lugar de reflejar el sol lo deja pasar y lo dirige hacia la piel negra interior. Así es que antes usábamos materiales fijos, ahora trabajamos con elementos que cambian, se ajustan a las temperaturas y a diferentes condiciones lumínicas para tener mejor radiación o reflección de la luz solar y del calor. Se usa cada vez más plásticos, vidrios, cerámicas y otro tipo de cosas.



— ¿La piedra y la madera se dejaron de lado?

— Por supuesto que no. En Canadá estamos haciendo un edificio de 12 pisos totalmente de madera y estamos tratando de llegar a más. En Canadá, tras la caída del año 2008, las exportaciones de madera que iban a Estados Unidos no marcharon y quedó un stock muy grande. Y dijimos que había que aprovechar ese material natural, renovable. Hay que usarlo al máximo. Por eso estamos haciendo un edificio de oficinas de 12 niveles en Quebec. Ahora también estamos tratando de hacer en Vancouver edificios con madera pero con más pisos. Hicimos un aeropuerto en Ushuia en base a madera laminada pegada que pasó por la frontera desde Chile. Lo construimos rápido en pleno invierno en medio del viento y la nieve.




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