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Envida,envidia


La cara profunda, la cara desconocida hasta por el propio envidioso es que él mismo inconscientemente se está devaluando. Al compararse inconscientemente hipervalora al otro en detrimento de sí mismo. El envidioso sale perdiendo. Se devalúa a si mismo a nivel inconciente.

Mientras no se reconozca la parte inconciente de ésta auto devaluación será muy difícil que la persona retire de si la envidia. Es decir no basta con tener buenos propósitos y decirse a si mismo voy a dejar de ser envidioso para dejar de ser envidioso. Sin la ayuda psicoterapéutica es sumamente difícil.

Pero digamos que ya reconoció que es envidioso (a), ahora le falta descubrirlo en si mismo. Eso es tremendamente difícil.

Así que llegamos al siguiente descubrimiento:

En la envidia: existe inconscientemente una parte que sobrevalora lo que el otro tiene y que el sujeto envidioso no posee, pero al mismo tiempo devalúa lo que si posee, tiene o es.

Y entonces aquí también se aplica el siguiente comentario:

El envidioso es alguien que no ha aceptado que otras personas tengan lo que el desea y que no ha podido obtener.

Ante la incapacidad de obtener lo que el desea y el otro si lo pudo tener empieza a envidar al otro, con todo el proceso ya descrito.

Kaleb


Es por eso que la envidia ahora dará lugar a la codicia, y a la voracidad.

Y es que la envidia interfiere, confunde, el tener con el ser. El envidioso, o más bien, cuando envidiamos hay una total confusión entre el ser y el tener. Creo que esto es la parte más profunda de todo mi escrito. La envidia no solo engaña a nuestras propias percepciones y reflexiones, confunde a nuestro ser.


De acuerdo a las definiciones de la Real Academia Española la envidia es la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación, deseo de algo que no se posee.

Primera definición.- Tristeza o pesar del bien ajeno.
De acuerdo a la primera definición la envidia es sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. De acuerdo a esta definición lo que no le agrada al envidioso no es tanto algún objeto en particular que un tercero pueda tener sino la felicidad en ese otro. Entendida de esta manera, es posible concluir que la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.
Segunda definición.- Emulación, deseo de algo que no se posee.
De acuerdo a la segunda de las acepciones la envidia se puede encuadrar dentro de la emulación o deseo de poseer algo que otro posee. Siendo en este caso que lo envidiado no es un sujeto sino un objeto material o intelectual. Por lo tanto en esta segunda acepción la base de la envidia sería el sentimiento de desagrado por no tener algo y además de eso el afán de poseer ese algo. Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese algo al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible.
* Una tercera posibilidad para comprender lo que la envidia implica sería la combinación de las dos acepciones mencionadas anteriormente. Cualquiera sea el caso, la envidia es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura.


La envidia en un maltratador psicológico

El psicólogo Iñaki Piñuel describe la envidia que siente un acosador como un sentimiento de inferioridad, el cual opera en forma de culpabilidad, que el acosador siente por no poseer atributos que él estima ideales. Los defectos físicos, intelectuales o emocionales generan un sentimiento de inferioridad que la persona intenta compensar superando esas carencias mediante el desarrollo de un complejo de superioridad. El complejo de superioridad hace que el acosador viva en la ficción de la posesión de valores, atributos y cualidades que en realidad no posee, negándolos en los demás de manera defensiva. Cuando surge en su entorno una persona (la víctima) que sí posee en verdad tales características, ello supone para el acosador un verdadero choque con la realidad. Su reacción ante esa dolorosa realidad suele consistir en negar, eliminando la fuente de la disonancia, desarrollando el psicoterror contra la víctima. El objetivo es hacer desaparecer a la víctima del horizonte psicológico del acosador porque sus capacidades suponen para éste una destabilización psicológica

La envidia y la admiracion

Se diferencia de la admiración porque ésta última implica un sentimiento de afecto y acercamiento hacia la persona, y un intento positivo de conseguir sus logros,además de que es fácil que quien siente admiración lo admita, mientras que la envidia implica sentimientos negativos hacia la persona a quien se envidia, es un sentimiento pasivo (no incita a conseguir logros) y es difícil que la persona envidiosa admita que lo es.
Envidiamos preferentemente a los que están más cerca de nosotros: vecinos, colegas, amigos, familiares, es decir, gente corriente en situación de cierta igualdad con nosotros. Por ejemplo: podemos tolerar que un jeque sea millonario, pero nos pone frenéticos que la compañera de trabajo se vaya al Caribe de vacaciones. Podemos aceptar que una pareja de famosos viva un amor maravilloso, pero si lo hace nuestro hermano y nosotros no, nos puede empezar a generar resentimiento y envidia. Es como si, después de establecer una comparación con ellos, concluyéramos que no hemos sabido aprovechar esas mismas oportunidades, que somos peor esque [email protected], que tenemos más mala suerte a pesar de merecerlo más... Y es ahí cuando nace un sentimiento insidioso, silencioso y que empieza a generar sensaciones de odio hacia la persona, e incluso de deseos de que fracase (ésto se relaciona con el llamado "mal de ojo").


La envidia es algo íntimo que no se suele confesar. Resulta un tanto vergonzoso admitir que el bien ajeno puede inspirar un profundo malestar interior, cargado, a veces, de hostilidad hacia esa persona. En otras ocasiones se intenta justificar ese sentimiento mediante una larga serie de juicios de valor que a pesar de que tienen cierto fundamento, están tan matizados por el estado afectivo del envidioso, que dejan de ser realmente objetivos. A veces, la envidia da lugar por este mecanismo a la calumnia o difamación. Es difícil encontrar una persona que nunca haya sentido envidia a lo largo de su vida, ya que aunque casi nadie reconoce ser envidioso, no hay más que observar que cuando alguien recoge muchos éxitos en poco tiempo, las críticas más duras le acosan continuamente. Por otro lado, la envidia se puede observar en los niños desde edades muy precoces.

La soberbia y el egoísmo son dos rasgos de personalidad vinculados íntimamente con la envidia. Por la soberbia una persona no está dispuesta a aceptar que otros, a los que considera iguales o inferiores, sean más valorados por los demás, posean más cosas o tengan más éxito en el campo profesional o social. Tanto más, cuanto que en la envidia son muy frecuentes las comparaciones con otras personas como fuente de autovaloración y autoafirmación del yo. El egoísmo supone un exagerado afán de poseer todo para sí, dentro de una actitud en la que predomina el estar volcado sobre uno mismo y donde los sentimientos y las preocupaciones de los demás permanecen un tanto al margen, como si no existiesen o no tuviesen importancia. Se vive, entonces, lo conseguido por los otros, como si se tratase de algo propio hurtado por ellos. Los demás han obtenido algo que «en justicia» nos pertenecía a nosotros y que desde luego «ellos no merecen». Soberbia y egoísmo, movilizados por deseos de autoafirmación y mecanismos de defensa de la propia autovaloración por comparación con los demás, se impregnan de juicios de valor sobre los otros que carecen de objetividad, ya que están deformados por cualidades afectivas. Este es el marco en el que la envidia suele hacer acto de presencia.


Hay situaciones que guardan ciertos puntos de conexión con la envidia, pero que pertenecen a órdenes distintos. Hay veces que decimos sentir envidia de alguien porque admiramos sus cualidades o lo bien que sabe hacer las cosas. Nos gustaría ser en esto como él. No se trata de envidia, sino de un deseo de superación que se concreta en una persona. Otras veces pueden surgir sentimientos de indignación por el triunfo de una persona que nos parece inmerecido, o porque creemos que no está suficientemente preparada para desarrollar la función que se le ha encomendado. No siempre se puede deber esto a una envidia más o menos encubierta, sino que a veces hay razones objetivas para hacer esta apreciación, sobre todo si no se trata de personas próximas a nosotros y si su éxito o cargo está encuadrado en un ámbito de actuación distinto al nuestro. En otras ocasiones se trata, más que de envidia, del temor a la prosperidad de alguien del que tememos que una vez situado en una posición superior, pueda perjudicarnos en algún sentido. Otras veces se trata, más que de envidia, de celos. Se sufre cuando otros consiguen el cariño o admiración que nos gustaría que ciertas personas mantuviesen con nosotros de forma exclusiva.
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