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¿Es real el efecto Google?



El “efecto Google” o como también lo califican los expertos de Kaspersky, la amnesia digital, se entiende no como un trastorno, sino como la adaptación a un nuevo escenario, Internet, en el que la memoria ya no es tan importante. ¿Para qué están los buscadores, si no?

Si les preguntara cuál es la fecha exacta del descubrimiento de América o la llegada del hombre a la Luna, la respuesta no tardaría en aparecer más que unos segundos: lo que cueste buscarlo. Sin embargo, todos hemos estudiado y supuestamente aprendido estas cosas y muchas otras de las que ya no nos acordamos. Pero el “efecto Google” no solo va por ahí.

Para su estudio la firma de seguridad se ha servido de una encuesta a mil consumidores estadounidenses a partir de los dieciséis años, tanto hombres como mujeres.La conclusión, es que hay una conexión directa entre la disponibilidad de información a golpe de dispositivo electrónico y el almacenar o no esa información en el cerebro, como siempre se ha hecho.



La mayoría de personas encuestadas (91,2%) no tuvieron problema en admitir su dependencia de Internet, que usan como una extensión del cerebro; casi la mitad (44%) tampoco tuvo reparos en admitir que usan su teléfono como si de un cajón de memoria adicional se tratase. Y no solo eso: la mitad realizaría una búsqueda antes que intentar recordar un dato y una parte (28,9%) podría olvidarlo conforme lo hubiera usado sin darle importancia.

Un detalle curioso: muchos de los participantes (67,4%) pudieron recordar el número de teléfono de la casa en la que vivían a los quince años, pero un tercio se mostró incapaz de hacer lo mismo con los números actuales de hijos, familia cercana o compañeros de trabajo (me pasa). Y es que lo que antes se memorizaba, ahora se programa o archiva.



En cuanto al miedo de los usuarios, no se encuentra tanto en no lograr recordar nueva información, como en el impacto emocional que supondría perder el acceso a su particular almacen virtual de datos, principalmente el smartphone. El estudio de Kaspersky se explaya con otros datos, hasta que la incertidumbre se apodera de uno: ¿nos estamos volviendo extremadamente eficientes con el dispositivo en la mano, pero completamente idiotas sin él?

Lo cierto es que se deja de lado un factor relevante en nuestra actual sociedad de consumo exacerbado: la sobrecarga informativa en que vivimos, o la sobreinformación que desinforma. A lo mejor el cerebro no es tan tonto como parece al olvidar sistemáticamente según qué información. Lo sabremos en un par de siglos.

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