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Esa moda llamada feminismo

Esa moda llamada feminismo


Es mejor que el feminismo sea una moda que un concepto a criticar. Feminismo ya no es una palabra incómoda que hay que matizar en los discursos para no ser juzgados como radicales o creyentes en la supremacía femenina. Sin embargo, no debemos permitir que se quede en una etiqueta, no hay que perder de vista que es un sistema de pensamiento que hace referencia a problemas sociales que afectan a hombres y mujeres.



Desfile de Chanel en la Paris Fashion Week 2014. Tomada de CalamityCool.com

Esto supone un refrescante alivio ante la proliferación, en los últimos años, de neologismos tales como feminazi o hembrismo. Sin embargo, ambas ideas, el de la moda y el de los términos peyorativos, siguen representando una banalización de un concepto tan amplio, tanto política como socialmente, como representa el feminismo.

Tal y como indicaba Enma Watson en su discurso ante la ONU, no existe ningún país en el mundo en el que se haya alcanzado la igualdad entre hombres y mujeres. Esto contrasta con la idea generalizada de que el feminismo no tiene sentido porque las mujeres ya poseen los mismos derechos. Es cierto que las cosas han cambiado enormemente; yo misma, sin ir más lejos, tengo estudios superiores, soy independiente económicamente y mi jefe es mujer. Cuando observamos ciertas circunstancias de manera individual el argumento tiene bases en las qué sostenerse; en México hemos tenido candidatas a presidente de gobierno, existen directivas (pocas) en empresas importantes y cada vez hay más mujeres en puestos de responsabilidad.

HeForShe. Discurso de Emma Watson en la ONU en el marco de la conferencia UN Women 2014.




Resulta muy cómodo quedarse en estas generalidades comunes, es como cerrar los ojos a la realidad y repetirse “aquí no pasa nada” La solución a los problemas comienza cuando abrimos los ojos y observamos, leemos e investigamos. Ahí es cuando nos encontramos que en general lo femenino como categoría está denostado. Es considerado como la otredad de lo masculino, como algo inferior.




Las implicaciones de todo esto tienen diversos grados de gravedad que abarcan desde la precarización laboral, el acoso callejero o el maltrato doméstico (físico o psicológico) hasta su caso más extremo, el feminicidio, esto es, el asesinato de mujeres por causas de género (término que México tiene el triste honor de haber destacado a raíz de lo acontecido en Juárez). No hablamos de casos aislados o relegados a la esfera personal, sino de todo un sistema de violencia estructural contra las mujeres.

Mujer es acosada en las calles de Nueva York




No nos quedemos ahí, el feminismo no sólo trata sobre un tipo de mujeres sino que atraviesa las categorías de clase social, edad, etnia, sexualidad… etc. ¿Imaginan que una madre soltera, una indígena o una con discapacidad tienen los mismos derechos? ¿Qué pasa con las lesbianas, las adultas mayores, las mujeres en situación de pobreza o incluso las profesionistas que tienen que compaginar su desarrollo profesional con el cuidado de su familia?

El trabajo que realizamos en LEXIA nos hace tener una perspectiva más amplia que nos permite abrir los ojos y darnos cuenta de que “aquí sí pasa algo”. Por poner un ejemplo, en un proyecto de consultoría sobre igualdad de género le preguntábamos a trabajadores de una importante institución de este país si conocían, dentro de su ámbito laboral, situaciones de acoso sexual. El 80% de los entrevistados contestaron que sí tenían referencias de estos casos en distintos niveles de gravedad. Lo peor es que cuando preguntabas qué habían hecho ante esa situación, la respuesta en todos los casos fue: “nada, no hice nada”, a excepción de dos personas que tenían una relación de amistad con la víctima.


Esta incapacidad para actuar contra la violencia hacia las mujeres se manifiesta en todos los niveles de la nación. Por citar algunos de los ejemplos más recientes, en la última encuesta de YouGov en la Ciudad de México, 6 de cada 10 mujeres aseguraron haber sido toqueteadas en el transporte público. Según datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, 2300 mujeres fueron asesinadas en los dos últimos años por motivos misóginos. Asistimos a un estado generalizado de impunidad que no parece mejorar a lo largo de los años.
Es mejor que el feminismo sea una moda que un concepto a criticar. Feminismo ya no es una palabra incómoda que hay que matizar en los discursos para no ser juzgados como radicales o creyentes en la supremacía femenina. Sin embargo, no debemos permitir que se quede en una etiqueta, no hay que perder de vista que es un sistema de pensamiento que hace referencia a problemas sociales que afectan a hombres y mujeres.

Abramos los ojos, aquí sí pasa algo y todos deberíamos actuar en consecuencia. Podemos plantear nuestras exigencias ante las instituciones, aprender más sobre el feminismo y la situación de los distintos tipos de mujeres, adscribirnos a las diversas iniciativas online y sobre todo hacernos conscientes en nuestra cotidianeidad de las prácticas machistas que llevamos incorporadas y así dejar de reproducirlas.





* Débora Quiroga Terreros es licenciada en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y tiene una maestría en Conocimiento, cultura y comunicación por la misma institución. Algún día terminará su tesis doctoral; mientras tanto aprende e investiga sobre todo aquello que le llama la atención. Es una apasionada de los viajes, la lectura y la escritura.
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