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Escocia sin Agua! Ice Bucket Challenge Failed




En las últimas semanas hemos visto, iteradas ad nauseam, imágenes de personas célebres que han participado en el Ice Bucket Challenge, un reto que consiste en echarse encima un balde lleno de hielos y agua helada. La iniciativa nació con propósitos filantrópicos respecto de la esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad neuromuscular degenerativa en la que las neuronas asociadas al funcionamiento de los músculos pierden esta capacidad y, en consecuencia, llevan a la parálisis a una persona. Sorprendentemente, el impulsor de esta propuesta murió hace unos días al arrojarse de una azotea a una pileta de agua, en un episodio no exento de “magnífica ironía”, por utilizar la expresión de Borges.

Y si bien el reto, como decíamos, ha ganado muchísima popularidad, del mismo modo ha sido criticado severamente; de entrada, porque hace de la filantropía un espectáculo (algo que, sin embargo, es habitual en nuestra época) y, por otro lado, por algo mucho más obvio: el desperdicio de agua que representa, un caso específico de la desigualdad que necesita el capitalismo para sostenerse: Cristiano Ronaldo o George W. Bush pueden bañarse con agua helada gracias a que miles de personas en el mundo no tienen acceso al líquido. Y esto no es una exageración ni un lamento: es la manera en la que funciona nuestra realidad compartida. La opulencia de unos se consigue sólo a costa de la pobreza de otros.

Pero incluso sin considerar el asunto desde dicha perspectiva, el desperdicio es evidente. Para prueba, las medidas que tuvieron que tomar las autoridades de la isla escocesa de Colonsay luego de que el entusiasmo con el que sus habitantes emprendieron el Ice Bucket Challenge derivó en el agotamiento del agua potable del lugar.

Según informa The Indepedent, el sistema de agua local cerró el suministro luego de que el fin de semana pasado se advirtiera que prácticamente todos los habitantes de la isla realizaban su propio reto del balde. En particular la tarde del domingo el gasto fue mayor, al grado de que el flujo de agua prácticamente se agotó, quedando sólo las reservas.

El hecho puede parecer mínimo, pero sin duda también revela el alcance de la viralización mediática como una forma de programación colectiva.
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