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Esta anciana inspiró la película Up al negarse a vender su c





Esta anciana inspiró la película Up al negarse a vender su casa




Edith Macefield se negó con uñas y dientes a que una promotora le quitara su hogar.










Si habéis visto la película Up, la producción animada de Pixar y Disney de 2009, sabréis que especialmente al comienzo de ella hay que proveerse de una buena reserva de pañuelos porque esos minutos nos hicieron llorar como magdalenas. Y eso que no conocíamos la historia real que rodea a esta película y que le sirvió de inspiración. Un relato no menos emotivo que está protagonizado por Edith Macefield, una señora residente en Seattle que ya estaba en su octava década de edad y que poseía la única casa de la manzana donde una promotora pretendía construir un centro comercial de lujo.

Obviamente, la adquisición del pequeño inmueble era el propósito de una empresa que, en pos de su naturaleza financiera, aspiraba a los pingües beneficios que le reportaría el proyecto. Y lo cierto es que la oferta que hicieron a Edith era bastante generosa. A la anciana le daban un millón de dólares más aparte una casa idéntica en otro rincón de la ciudad, una proposición mareante, pero la señora no estaba por la labor. Viendo que las negociaciones iban a ser duras, Barry Martin, el nuevo jefe de obra que llegó en 2006, decidió conocer de primera mano con quién estaban tratando.

El relato que nos cuenta el portal Idealista es posiblemente lo más conmovedor que leáis hoy. Barry mantuvo una amistad muy cordial en todo momento con Edith desde el mismo momento en que se presentó en su casa, le dio su tarjeta y le dijo que ese día iban a armar mucho ruido, por lo que ante cualquier molestia no dudase en llamarle. Y Edith llamó, pero no para quejarse, sino para pedirle a Barry, si fuera tan amable, que le ayudase en algunas tareas que ya se le hacían cuesta arriba. Barry aceptó y pudo conocer mejor a la señora Macefield, que afirmaba haber sido espía para el ejército británico en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, y de donde había escapado de un campo de concentración. Cuando su madre enfermó, viajó a Estados Unidos para cuidar de ella en sus últimos años y se terminó estableciendo en esa vivienda.







Y entonces, ¿por qué no vendía Edith la casa? La oferta de la promotora era lo bastante suculenta como para no pensar que pudieran querer estafarla, más bien al contrario, resultaba bastante compensatoria. De modo que cuando el tema salió, Barry quiso saber el por qué de su tozudez. Y esto es lo que la anciana le contó: “Mi madre murió aquí, en este mismo sofá. Vine de Inglaterra a Estados Unidos para cuidarla. Me hizo prometerle que la dejará morir aquí y no en una residencia. Cumplí mi promesa, y ahora yo también quiero morir aquí, en esta casa, en este sofá”.

Edith Macendale vió cumplida su voluntad en 2008, cuando finalmente sucumbió ante un cáncer de páncreas que acabó con su vida. Poco más de un año después se estrenó la película Up. Y a día de hoy existe una casa en un barrio de Seattle rodeada de bloques de hormigón donde una anciana rechazó un millón de dólares por poder terminar su vida como ella quiso. Fue el propio Barry Martin quien, tras heredar la casa, se aseguró de honrar su memoria y venderla a alguien que la mantuviese en pie para que el hogar de Edith Macendale y su recuerdo sigan perdurando a lo largo de los años.




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