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Estado Islámico tiñe de negro la capital de su califato





Estado Islámico tiñe de negro la capital de su califato, Raqqa




Las mujeres no pueden salir solas, nada divertido o bueno está permitido, no se puede fumar, se apoderan de casas y de dinero, recaudan impuestos, son una mafia del terror.

Cree que todo pertenece a Dios y por lo tanto todo les pertenece a ellos, dicen algunas voces en internet con miedo.



Hay kurdos que huyen, los hay que luchan. Vivir en Raqqa, capital del califato de EI, es un infierno en la Tierra. En la provincia siria de Raqqa, bastión del grupo Estado Islámico (EI), todo es, según testimonios, de color negro: desde los turbantes de los hombres a los velos de las mujeres. Incluidos los pasaportes.

"Las banderas negras del EI están en todas partes. Las mujeres están cubiertas de los pies a la cabeza por burkas negros, y sólo pueden salir de casa acompañadas por sus padres, hermanos o esposos", asegura Abu Yusef, un habitante de Raqa y activista opuesto al régimen de Bashar al Asad. Preguntado sobre el color de los pasaportes del EI, se ríe: "Negro".

Los miembros del EI se pasean por las calles de la provincia norteña de Raqa con sus armas - normalmente rifles de asalto kalashnikov o pistolas - mientras que los que no integran sus filas no tienen derecho a llevarlas, dice por internet. El grupo yihadista ejerce un control sobre todos los aspectos de la vida, con hombres y mujeres controladas por separado por las fuerzas de seguridad.

La brigada Jansaa controla a las mujeres
"La brigada Jansaa está integrada por mujeres miembros del EI. Están armadas y tienen poderes para parar y registrar a cualquier mujer en la calle", dice Abu Yusef.

"La interpretación de la ley islámica según el Daesh es impuesta por la brigada de hombres Hesbé", agrega, utilizando el acrónimo en árabe del Estado Islámico. El EI también tiene "ministerios para todo lo que te puedas imaginar: educación, salud, agua, electricidad, asuntos religiosos y defensa. Todos los ministerios ocupan antiguos edificios del gobierno".

La educación está basada en una estricta interpretación de la ley islámica. En este bastión, se han instalado además campos de entrenamiento militar para los chicos jóvenes. "Incluso hay una autoridad de protección al consumidor", asegura.

Los habitantes se lamentan de que sólo los yihadistas tienen acceso a ciertos lugares públicos y publican fotografías en internet mostrando bares llenos de estos combatientes ultrarradicales. En Deir Ezzor, ciudad del este sirio donde los habitantes trataron en vano de echar al EI, todos los bares cerraron.

"Nada bueno o divertido nos es autorizado", dice Rayan al Furati.

"Es imposible incluso imaginar a alguien fumando o vendiendo tabaco. También ver a una mujer sin velo. Cada día, cuando se llama a la plegaria, todo el mundo cierra sus tiendas y se va a la mezquita, so pena de ser detenido".

Solo para los yihadistas radicales la vida es agradable, actúan como la mafia
Pero para los yihadistas, la vida es agradable: los miembros de menor rango cobran unos 300 dólares al mes, según Furat al Wafaa, un habitante de Raqa que prefiere identificarse con un pseudónimo. "En las circunstancias actuales, es mucho dinero", afirma también a través de internet.

"El Daesh no es realmente un estado. Da a sus miembros todos los servicios que quieren pero el resto de ciudadanos no forman parte de ello", agrega. "Es una mafia que gobierna por medio del terror. Y la gente debe adherirse por hambre, porque es la única forma de obtener un salario digno".

Al mismo tiempo, el EI recauda impuestos: "Incluso los más pobres deben obedecer". Los comerciantes, empobrecidos tras una guerra de casi cuatro años, deben pagar unos 60 dólares de impuestos al mes, según Wafaa. "Tal y como Israel ocupó Palestina con colonos, lo mismo ha pasado aquí", dice Furati, que como decenas de miles de residentes huyeron recientemente de Deir Ezzor por temor a persecuciones.

"Tienes hasta yihadistas extranjeros, incluso estadounidenses, viviendo con sus familias donde antes vivíamos nosotros"; dice Furati, que también utiliza un pseudónimo. Los yihadistas se quedaron con los campos de petróleo y gas, las plantas de electricidad y las represas en las zonas que controlan. Pagan a los empleados un salario extra para que continúen trabajando, que se suma al que siguen recibiendo del gobierno sirio.

Furati indica que los empleados pertenecientes a la minoría alauí de Asad huyeron mucho antes de la llegada del EI a Deir Ezzor y otros empleados siguen en sus puestos, tras recibir garantías sobre su seguridad. Pero los cortes de electricidad y de agua en las zonas controladas por el EI son frecuentes, según los habitantes de la zona. Nael Mustafa, que sigue viviendo en Raqa, dijo que no hay ninguna separación entre lo público y lo privado en la zona controlada por el EI.

Según este testimonio, las fuerzas del EI no tienen reparos en registrar casas e inspeccionar teléfonos y ordenadores en busca de pruebas de lo que consideran prácticas inmorales. "Creen que todo pertenece a Dios y por lo tanto, todo cae bajo su control".




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