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Esto es el ¨Vamos por Todo¨?

Uno de mis hijos, de visita en Chile, me envía un mensajito al celular:

"“Aquí respirás actividad económica, desarrollo.Hay apoyo al emprendedor, al ahorrista y al que va por derecha”".

No le contesto, no le puedo contestar, él sabe lo que pienso. Basta cruzar la cordillera o a emprender un vuelo corto y llegar al Pacífico o cruzar tan sólo el Río de la Plata. para ver los tremendos contrastes con la Argentina de estos días.

Tenemos una Ley Antiterrorista dando vueltas, una propuesta de retoque a la Ley de Abastecimiento que cercena la actividad privada al regular la producción, caída seria del consumo privado, mayor conflictividad laboral, enfrentamiento al gobierno de los Estados Unidos por el arrastrado conflicto por los fondos buitre, ínfimas relaciones exteriores con los países que deciden ( esos que marcan el ritmo del mundo) inflación anual del 40%, cepo cambiario, freno importador y freno exportador, menor empleo privado, falta total de inversiones en el mediano y largo plazo, la presión impositiva más alta de la historia nacional, imprevisibilidad y miedo, un miedo extendido y peligroso. Un miedo que no sólo tiene que ver con la inseguridad personal sino con sostener vida cotidiana, con la permanencia en el trabajo.

Es otra vuelta de tuerca al territorio vicioso nacional que va del auge a la depresión. Prometen que en el Parlamento se debatirán las cuestiones más delicadas, un centro legislativo donde domina el oficialismo. Colofón : ¿En que condiciones de agotamiento llegaremos al recambio de gobierno el año que viene?. Hay que cerrar los ojos : faltan un poco menos de 500 días. Es mucho, si la realidad no se modifica.

El Secretario de Comercio, Augusto Costa defiende la modificación a la Ley de Abastecimiento y pregona: “No es una ley venezolana si existe desde 1974, a menos que seamos chavistas desde hace 40 años”. Se parece a una burla. Y hay un desconocimiento histórico, salvo que se acepte que estos días que vivimos se parecen a los de aquel año. Hay que recordarlo. El ministro de entonces, José Gelbard puso en funcionamiento el Plan de Inflación Cero para contener el alza de precios.

Perón, enfermo, no podía conjurar la tormenta económica y política. La primera etapa consistía en el congelamiento de precios y salarios. Una vez estabilizado se iniciaría una segunda etapa de flexibilización. El proyecto quedó en el papel. La inflación rebrotó, con gran empuje. En mayo de 1974 alcanzó el 74 por ciento. No bajaría de los tres dígitos hasta el arribo de la Dictadura Militar. Por el alto costo de las importaciones de hidrocarburos en el tramo junio de 1974 a mayo de 1975 se gastaron dos tercios de las reservas en divisas disponibles. Con una línea económica beoda comenzó la sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportación, creció el mercado negro. Los artículos de primera necesidad desaparecían de los mostradores. Sí, faltaba azúcar y papel higiénico. A la distorsión inflacionaria se agregaban los errores oficiales. Hubo evasión de capitales por miles de millones de dólares. Desde el gobierno peronista se reaccionó : “Es una maniobra de los monopolios”.

La culpa, en definitiva, era de los otros, no de la gestión oficial. Todo empeoró : en septiembre de 1974 se alejó Gelbard del poder pero la industria privada denunciaba su descapitalización, el agro cuestionaba efervorizado, los obreros reclamaban aumentos de salarios y los aliados de la Casa Rosada comenzaron a tomar distancia.

Es decir, comparar 1974 con el presente no es mirarse como corresponde en el espejo.

El martes pasado, frente a las pretensiones del actual gobierno todas las principales centrales empresarias confirmaron que la Ley de Abastecimiento “es inconstitucional”. Porque viola la propiedad privada y el derecho a ejercer industria lícita. Por supuesto: que el gobierno decida niveles de rentabilidad es, en cualquier idioma, una estatización de la producción global, un atentado al sistema.Y además es evitar volver a hablar del ojo de la tormenta, de la inflación, del déficit en las cuentas públicas y de los innumerables y porfiados errores de los funcionarios estatales.

Es previsible que dentro del oficialismo alguien se ilumine y hable. Se prendió una lamparita con las declaraciones de Miguel Angel Pichetto, jefe del bloque cristinista en Diputados ( puede arrepentirse de haberlas dado) a radio Mitre, cuando puso reparos. Dijo: “"Yo tengo una mirada de un capitalismo de mercado más abierto"”.

Nadie niega que el Estado-Gobierno, teóricamente hablando debe ser custodio de los intereses de la ciudadanía, que fija pautas, que propone alternativas, que actúa con incentivos y con consignas claras. Pero de allí a hacer lo que quiera cuando quiera y por encima de la sociedad hay un largo trecho. Un cambio en la Ley de Abastecimiento como deslizan las autoridades provocará caos.
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