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Falacias - La selva amazónica es el pulmón del planeta

Se oye muy a menudo, aunque en este caso no en libros de texto (suelen explicarlo bien), sino fundamentalmente en los medios de comunicación, que la selva amazónica es el pulmón de la Tierra, que produce un gran porcentaje del oxígeno que respiramos. Lo llevo oyendo desde que era niño en las noticias y los periódicos; es más, acabo de verlo en el artículo de la Wikipedia en español sobre las selvas tropicales. Afortunadamente, la versión en inglés no perpetúa este mito (de hecho, lo desmiente en el primer párrafo)




¿Pulmón del planeta? Mentira.



Esa idea de la selva como el “pulmón del planeta” es preciosa. Lo malo es que es mentira cochina. Como solemos hacer en la serie, razonemos juntos para descubrir por qué se trata de algo absurdo.


Creo que en esta Falacia se mezclan dos aspectos: por un lado, la idea incompleta y errónea que alguien tenía del funcionamiento de una selva tropical y el ciclo del oxígeno y, por otro, la cursilería que tanto gusta a algunos periodistas y que lleva a realizar afirmaciones grandilocuentes y facilonas para tratar de concienciar a la gente sobre algún asunto sensible.

Sin embargo, no hay más que pensar con un poco de cuidado para comprender que esa idea del Amazonas produciendo oxígeno que los demás respiramos es totalmente absurda. Los que así lo afirman suelen razonar de la siguiente manera: Las plantas realizan la fotosíntesis, en la que absorben dióxido de carbono de la atmósfera y desprenden oxígeno. En la selva amazónica hay una cantidad gigantesca de plantas verdes, luego la fotosíntesis libera ingentes cantidades de oxígeno a la atmósfera. Por lo tanto, la selva amazónica nos proporciona una enorme cantidad de oxígeno.

Pero, vamos a ver, ¿para qué realizan las plantas la fotosíntesis? Dicho rápido y mal, para dos cosas: para crecer y para almacenar energía. Del primer modo, una planta puede realizar la fotosíntesis para construir moléculas orgánicas que forman parte de su estructura y así crear ramas, flores y hojas. Del segundo puede, por ejemplo, fabricar almidón que luego “quema” en la respiración. Por eso las plantas son organismos autótrofos: no necesitan alimentarse de otros organismos vivos, pues construyen su estructura convirtiendo sustancias simples (como el agua y el CO2) en otras complejas (como la celulosa, por ejemplo) y el combustible que consumen en la respiración no proviene de otros seres, sino de las sustancias complejas que han “fabricado” realizando la fotosíntesis.

De modo que, en primer lugar, las plantas respiran. Una parte del oxígeno que liberan a la atmósfera cuando realizan la fotosíntesis lo absorben a su vez mientras respiran, pues una de las dos funciones principales de la fotosíntesis es precisamente ésa: fabricar combustible que luego queman. La selva amazónica, en efecto, desprende muchas toneladas de oxígeno al año, pero una parte de ese oxígeno lo absorbe de nuevo respirando. Así que la parte de la fotosíntesis que sirve para dar energía a la planta, de forma neta, no proporciona ni un solo gramo de oxígeno a la atmósfera. La planta ha desprendido ese oxígeno sólo de forma temporal, para almacenar la energía y usarla cuando le haga falta.

Lo mismo sucede con el CO2 absorbido en esa fracción de la fotosíntesis: no desaparece de la atmósfera permanentemente, es liberado de nuevo a ella según la planta respira. Las plantas, en efecto, fijan parte del dióxido de carbono de la atmósfera, pero sólo en la otra función de la fotosíntesis, la de creación de estructuras.

Por ejemplo, pensemos en un gran árbol de la selva amazónica. Según va creciendo, va convirtiendo agua y dióxido de carbono en oxígeno y sustancias complejas, que utiliza para construir su estructura. Cuando es un árbol muy grande, ha extraído una gran cantidad de carbono de la atmósfera y lo ha fijado en sus células. De hecho, al final del proceso la atmósfera pesa menos: parte de la masa del árbol proviene precisamente del dióxido de carbono absorbido en la fotosíntesis, cuyo carbono pasa a formar parte, por ejemplo, de la celulosa. Perfecto.

¿Y cuando el árbol se muere? Aquí está la clave de la cuestión. Tarde o temprano partes del árbol mueren independientemente (como las hojas caídas) y, por supuesto, llega un momento en el que la planta entera muere. Si has visto documentales sobre la selva, conoces la capa de hojas y madera en putrefacción que hay en el suelo de la selva. Aunque no sea a un ritmo tan grande, lo mismo ocurre en cualquier bosque y en cualquier zona con plantas: las plantas nacen, crecen, se reproducen y mueren. Durante su vida van fijando carbono y liberando oxígeno según crecen, y cuando mueren… se pudren.

Pero ¿qué es la putrefacción? Un proceso por el que las bacterias obtienen energía de la materia orgánica, descomponiéndola en sustancias más simples según absorben oxígeno de la atmósfera y liberan dióxido de carbono. Aquí está la parte que muchos periodistas no mencionan: cuando las plantas mueren y se pudren, liberan de nuevo el carbono que habían almacenado y las bacterias que las pudren absorben el oxígeno que la planta había liberado. Al final de la vida de un árbol de la selva, todo acaba básicamente como había empezado.

Esto, desde luego, es una simplificación: parte del carbono que absorbió la planta entra en la cadena trófica a través de los herbívoros, por ejemplo. Además, la madera no pasa de estar intacta a pudrirse: varios organismos se alimentan de ella (insectos, ácaros y finalmente bacterias). Pero todo esto no altera el resultado final, pues todo ese carbono acaba siendo liberado de nuevo (y el oxígeno absorbido) cuando la materia orgánica se descompone tras la muerte de todos esos organismos.

Además, parte de la madera puede no descomponerse de una manera que libere el carbono (puede, por ejemplo, convertirse en turba), pero el porcentaje de carbono que sigue este camino comparado con el total absorbido es minúsculo.

En resumen: la respiración y la putrefacción son los que hacen que, inevitablemente, una selva tropical madura no produzca una emisión neta de oxígeno ni una absorción neta de CO2 apreciables. Los árboles de la selva no son las “bombas de oxígeno” que los periodistas nos quieren hacer creer.

¿Me estás diciendo, Pedro, que la selva amazónica no sirve para nada y podemos quemarla sin piedad? ¡No! ¡En absoluto! Si has entendido mi razonamiento anterior, comprendes también por qué eso sería (mejor dicho, por qué es, porque lo estamos haciendo ahora mismo) una estupidez acabar con las selvas tropicales. Acabo de decir que el balance neto es prácticamente nulo para una selva madura.

La selva amazónica lleva ahí millones de años y es muy grande… pero hubo un momento en el que no estaba ahí. Según se fue extendiendo y la masa forestal fue aumentando, sí estaba almacenando carbono y fijándolo, al mismo tiempo que liberaba de forma neta una gran cantidad de oxígeno. Cuando acabamos con la selva amazónica liberamos todo el carbono que lleva ahí almacenado millones de años. El balance del Amazonas sin perturbar es casi inapreciable, pero cuando cortamos y quemamos la madera ya no lo es: estamos absorbiendo grandes cantidades de oxígeno y liberando enormes cantidades de CO2. Como se estima que la selva amazónica contiene unas 1,1·1011 toneladas métricas de carbono absorbido de la atmósfera, liberar ese carbono no es ninguna broma.



Depósito de carbono, alias “selva amazónica”


Por lo que, como puedes ver, quemar superficie arbolada en el Amazonas es perjudicial para nosotros, pero la razón no es en absoluto la que se dice en los medios de comunicación: la selva no es una “bomba de oxígeno”, sino un “depósito de carbono” que no queremos liberar a la atmósfera. Dicho de otra manera — produce casi la misma cantidad de oxígeno neto una superficie llena de árboles que un desierto rocoso (es decir, nada), pero el paso de “zona rocosa” a “superficie arbolada” sí libera oxígeno y absorbe dióxido de carbono de forma neta y apreciable, y al revés.

De hecho, sí podemos hacer que la selva almacene carbono y produzca oxígeno de forma neta: simplemente tenemos que reforestar parte de la superficie que hemos destruido (que es ya un 20% de lo que había en 1970, en el caso del Amazonas) y, según aumente la masa forestal, estaremos disfrutando de un “pulmón del planeta”… hasta que alcance la masa que tenía como selva madura, momento en el cual la cosa se parará.


El texto de Falacias - La selva amazónica es el pulmón del planeta , por Pedro Gómez-Esteban
http://eltamiz.com/2007/12/02/falacias-la-selva-amazonica-es-el-pulmon-del-planeta/
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