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Frances Bean Cobain, la atormentada hija del grunge

Rechazó a Tim Burton porque quería ser anónima, pero su apellido, la sombra de su padre y su parecido físico le acompañan donde va y se han convertido en un tormento


Es heredera de 140 millones, la fortuna que sigue generando su padre, y maneja sus derechos de imagengestiona





Artista visual. Así es como se autodefine la hija de Kurt Cobain y Courtney Love, una joven inquietante, irreverente y enigmática que busca su sitio jugando a la excentricidad. A sus 22 años, Frances ha ocupado decenas de titulares por afirmar que no le gusta la música de Nirvana, banda que su padre lideró hasta que se suicidó en 1994. Y es que la hija del artista no soporta la visión romántica que se ha dado sobre la muerte de su progenitor, y lucha contra todos aquellos que lo enaltecen hasta convertirlo en leyenda. Su trifulca más sonada fue con la cantante Lana del Rey, quien aseguró en una entrevista que le encantaría estar muerta. Frances reaccionó de forma dura y tajante con el siguiente tuit: "No conocí a mi padre porque murió joven, y eso se volvió atractivo porque gente como tú piensa que es guay".



Aunque le pese, el fantasma de Kurt Cobain le acompaña donde va, y no sólo por el apellido o el parecido físico que comparten, sino por la magia inexplicable que le concede el mismo halo de misterio que al desaparecido músico. Frances Bean Cobain es una ­apasionada del arte (como lo fue su padre), que refleja su particular mundo por medio de las re­presentaciones plásticas. Sus lienzos, cargados de visceralidad y controversia, están muy ligados al universo de lo oscuro y lo prohibido.

Tal vez por culpa del insomnio que padece con frecuencia, la chica ha tenido tiempo y horas muertas para explorar sus emociones a la luz de la luna, por cuyos ciclos se deja guiar con asiduidad. Enamorada de la noche, de lo gótico, de lo andrógino y lo grotesco, la única descendiente de Cobain siente especial atracción por lo inexplicable. El lenguaje de las velas, los juegos de tarot, la santería en general y las fiestas satánicas en particular, forman parte de las aficiones de esta peculiar jovencita. No en vano, su usuario de Twitter juega con el 666 y se permite la licencia de incluir en su descripción los términos supernatural y sensaciones de vudú. Peculiar, cuando menos.

Su atracción por lo que no pertenece al mundo terrenal parece ser una forma de canalizar la pérdida sin sentido de su padre. "Tenía 15 años cuando me di cuenta de que no podía escapar de él", confesó a Rolling Stone, dejando claro que la sombra de quien la gestó se ha convertido casi en un tormento. Frances Bean Cobain se ha buscado sus propios ídolos, entre los que destacan artistas como Frida Kahlo y Salvador Dalí. De este último posee un juego de cartas del tarot, un elemento más relacionado con una de sus pasiones: la brujería.




Su aspecto histriónico ha ido variando con el paso de los años. De un físico redondeado a una figura casi esquelética, Frances ha cambiado el color de su pelo casi tantas veces como tonalidades hay en una paleta. Le gusta la lectura, los cómics y las películas de terror. Rechazó aparecer en Crepúsculo y ser la Alicia particular de Tim Burton porque, según afirma, quería ser anónima. Pero llamándose Cobain, y siendo la única descendiente del líder de Nirvana, la chica lo tiene muy, pero que muy complicado.

Es heredera de la fortuna que sigue generando su padre, unos 140 millones de dólares por el momento, y también maneja sus derechos de imagen. De hecho, Frances ha sido la productora ejecutiva del documental Kurt Co­bain: Montage of Heck que se estrenó el pasado mes de abril, y que mostró material inédito cedido por Courtney Love. Madre e hija no se hablaban desde hacía años, pero posaron juntas en el photocall de la proyección. Y es que hasta en eso se parece a su padre. La relación amor-odio con Love es parte del legado que Frances ha recibido, pasando de no dirigirle la palabra a mandarle mensajes por Twitter con total normalidad.

Frances Bean Cobain escucha la música de Oasis, Neil Young y Suede. Sus iconos femeninos son Pamela Anderson y Dolly Parton, y disfruta viendo capítulos de Dr. Who. Su novio, Isaiah Silva, parece haberle dado la estabilidad que ni en el vientre materno tuvo, puesto que Courtney Love confesó haber consumido heroína estando embarazada. El joven, guitarrista de profesión, recuerda mucho físicamente a Kurt Cobain, algo que resulta rocambolesco en la historia de esta joven que vive con el recuerdo difuso de un padre del que todos hablan, pero al que nunca llegará a conocer.










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