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Genghis Khan, el azote del mundo conocido...












Genghis Khan, el azote del mundo conocido...



En el siglo XIII, una devastadora plaga se desató en el corazón de Asia Central, propagándose entre todas las tierras comprendidas entre China y Polonia. Aquel azote infundía un pavor enorme; pero no se trataba de ratas, ni de una enfermedad infecciosa, sino de hombres. Las tribus mongolas surgieron violentamente de las Estepas de Asia, y con una ferocidad insólita emprendieron una campaña de sanguinarias conquistas que se prolongaría durante todo un siglo. Las tácticas bélicas de los mongoles, así como su extraordinario valor y resistencia son ya legendarias. Eran guerreros natos, pero sin embargo, necesitaban un gobernante que los aunara y los llevase por el camino de la victoria. Y aquel caudillo fue Genghis Khan…





Bajo su mando, los mongoles fueron capaces de salir de Asia Central y conquistar la mayor parte del mundo conocido. Nació en torno a 1167, y su nombre original era Temüjin. A la tierna edad de 9 años su familia tuvo que huir a resultas del asesinato de su padre por parte de una tribu rival, y fue durante aquel exilio cuando Temüjin conoció a Börte, su futura esposa. Esta, fue secuestrada por otra tribu que se adentró en su campamento, y empezó a recabar todo el apoyo posible para poder rescatarla, cosa que hizo consiguiendo vencer a sus enemigos tribales. A partir de aquel momento, el status y el poder de Temüjin comenzaron a subir como la espuma, y pactó con otras tribus y reclamó a cuantos estaban en deuda con su padre la devolución de los favores recibidos.
En 1202 cercó y venció a los Tártaros en la Mongolia oriental, y, ofreciendo un precoz ejemplo de su inconfundible estilo militar, prohibió a sus tropas iniciar el saqueo hasta no consumarse la derrota definitiva de los tártaros, y llegó incluso a confiscar el botín de cuantos le habían desobedecido. Con esta gran victoria a sus espaldas, y aprovechándose de los continuos enfrentamientos tribales, Temüjin extendió su hegemonía por la región, de modo que al cabo de poco tiempo, muchos otros líderes mongoles le habían jurado lealtad y lo habían proclamado Soberano Universal.
Es cierto que tendemos a considerar a la Estepa de aquellos años como un lugar apartado y marginal, y aunque nos parezca una región remota y desolada, lo cierto es que se trataba de un centro de poder, y si reuniéramos todos los caballos y personas de las tribus, obtendríamos la mayor fuerza militar del mundo. Eso, precisamente fue lo que hizo nuestro personaje.





Ya en 1206, con la mayoría de las tribus mongolas gobernadas por un solo líder por primera vez en su Historia, fue proclamado Rey o Khan de Mongolia. En lo tocante a su aspecto físico, era muy distinto de sus súbditos, puesto que era relativamente alto y fornido y sus penetrantes ojos eran de color gris verdoso… Una vez asegurada su posición en tierras mongolas, Genghis pudo poner sus miras en la dominación de otros países, y el primer objetivo que se fijó fue la vecina China, casi nada. Podía parecer una intentona suicida, pero sin embargo, a comienzos del siglo XIII, China estaba asolada por muchas divisiones intestinas. Además, era imposible saber de antemano si sus tácticas bélicas, propias de un pueblo nómada, funcionarían contra asentamientos estables.
Tras varias batallas contra los tres Imperios que gobernaban China, el ejército mongol, con 180.000 hombres se internó hasta situarse a solo 40 km de Pekín. No obstante, el avance fue frenado por su punto más débil como militar a lo largo de toda su vida, su poca pericia para asaltar y tomar ciudades fortificadas. Era un aspecto bélico desconocido para ellos, pero gracias a los conocimientos de ingeniería de prisioneros chinos, pudo fabricar máquinas de asedio, y adiestrar a sus tropas convenientemente. De este modo, cuanto más pueblos dominaban, más se incrementaba su poderío militar, porque no destruía, sino que copiaba todo lo positivo de cada cultura….
En 1214, y muy exhausto, el Emperador Chino acabó por capitular, entregando a su hija a Genghis Khan junto con mil niños destinados a la esclavitud, 3.000 caballos, e inmensas cantidades de oro, plata y seda. Pekín abrió sus puertas a los mongoles, que no demostraron la más mínima piedad y saquearon salvajemente la ciudad.
En la primavera de 1216, decidió centrar sus esfuerzos en Asia Central, en la actual Irán. Su dirigente, había cometido el estúpido error de ejecutar a una caravana de mongoles, y para colmo de males, los embajadores mongoles que acudieron a su Corte exigiendo una explicación, también fueron ejecutados. El solito había firmado su propia sentencia de muerte y condenado a su nación a la extinción… La respuesta de Genghis Khan fue escalofriante…“Has optado por la guerra, lo que tenga que ser, será, y desconocemos las consecuencias…” Como es de suponer, fue terrible, y es mejor no entrar en detalles... ,le siguieron Pakistan, y el norte de la India.





Como muestra de su ingenio como militar, en un asedio a una ciudad china que era completamente inexpugnable, donde los mongoles no podían vencer, Genghis Khan dio prueba de su genio estratégico. Entonces el Gran Khan les dijo a los chinos: “Denme todos los pájaros de su ciudad y yo los dejaré en paz”. Los chinos hicieron esto felices, y entregaron las aves en grandes jaulas. Cuando el Khan los tuvo en su poder, les prendió fuego, y éstos volaron hacia los nidos y tejados de la ciudad, incendiándola, y los desesperados habitantes corrieron fuera de ella, cayendo en medio de las espadas mongolas. En una batalla crucial, contra sus enemigos Targutai y Yamuga, Genghis Khan, viendo que sus fuerzas eran muy inferiores, hizo que cada soldado hiciera un muñeco del porte de una persona y lo pusiera en su caballo de reserva (cuando un caballo se cansaba, se usaba otro que se llevaba al lado, siendo este ejército uno de los más rápidos de la Historia). El ejército del Khan se vio dos veces más numeroso, atemorizando a sus adversarios, lo que fue crucial para el desenlace de la batalla.
En 1227 murió con 65 años, y dejaba como herencia un Imperio que se extendía desde las costas de China hasta el Mar Caspio. También fue capaz de organizar los recursos de las regiones dominadas a fin de convertirlas en trampolín para sus futuras conquistas, así que supo servirse de las naciones conquistadas para ampliar su Imperio
Y llegando a Europa, los mongoles encuentran un Continente muy dividido en aquella época, en el que todos los Soberanos reinaban sobre nobles más o menos independientes, por lo cual era muy difícil que Europa hiciese causa común para encararse con la amenaza mongola. El Mito del Preste Juan, también ayudó a la entrada en Europa con más facilidad, puesto que, según este mito, en las Estepas gobernaba un gran Rey presbítero cristiano que llegaría algún día a salvarlos. Nada más lejos de la realidad, se trataba de una mera fantasía, ya que a su llegada, los mongoles resultaron ser aún peores que los temidos musulmanes. Desde Moscú hasta Zagreb, todo fue saqueado, y se estaba preparando todo para cercar Viena cuando el destino vino a echar “una mano” a Europa.
La fortuna sonrió a este continente, ya que en 1241, el hijo de Genghis Khan, falleció en la lejana capital de Mongolia, y los generales mongoles que controlaban la ofensiva contra Europa regresaron a Oriente a fin de averiguar quién sería el sucesor en el trono, llevándose sus tropas con ellos. Así, Polonia y Hungría fueron abandonadas, y Europa se había salvado por pura casualidad. Los mongoles jamás volvieron a ser una amenaza contra Occidente…





Al cabo de unas pocas décadas, todo el Imperio se fue disgregando y las naciones oprimidas fueron recuperando su independencia. En una campaña contra Egipto, un ejército mongol con 25.000 hombres fue derrotado. Era el principio del fin, puesto que aquella derrota hizo añicos el mito del invencible ejército mongol. Bajo el gobierno de Genghis Khan, su Imperio se extendió a un ritmo desconocido en toda la Historia de la Humanidad. Los Mongoles, menospreciados por su condición de bárbaros nómadas, demostraron ser ingeniosos, astutos y disciplinados. Sus palabras hablan por sí solas “No hay mayor placer que derrotar a tus enemigos y perseguirlos. Despojarlos de sus riquezas, y ver sus seres queridos deshacerse en lágrimas, montar sus caballos y estrechar contra tu pecho a sus hijas y esposas…”

























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