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Gente Buena en Misiones, no?





9:15. Lluvia torrencial en colonia Tres Capones. Una mujer de 61 años permanece sola en el interior de su vieja casona de campo, como todos los días desde que falleció su pareja de toda la vida y padre de sus hijos.

Tranquilidad absoluta. Sorpresivamente, los perros rompen con ladridos y avanzadas furiosas el monótono sonido de las gotas contra el oxidado techo de zinc y un poco más atenta, la dueña de casa escucha el sonido de un auto que se detiene.

Mira por la ventana y divisa una camioneta roja, modelo Saveiro, de la cual desciende su sobrino y otros ocho sujetos, desconocidos para ella. Se asoma a la puerta, sumisa, y recibe como respuesta un amenazante “quedate ahí y callate, que te vamos a matar”.

No tuvo tiempo de nada. Esas palabras fueron el inicio de la peor pesadilla que vivió en toda su vida. Fue maniatada de pies y manos, arrastrada por la vivienda y golpeada ferozmente a patadas. Hasta amenazaron con cortarle el cuello con un vidrio.

En medio del absoluto infierno llega en otra camioneta su propio hermano junto a la pareja (padres de su sobrino) y sin inmutarse por semejante acto de violencia, el hombre tiró un lapidario “hasta acá llegamos, te vamos a desalojar porque estamos cansados de vos”.

No es el guión de ninguna película; es real, es el capítulo más violento -ocurrido a mediados de la semana pasada- de una larga disputa por un campo de 50 hectáreas entre integrantes de una misma familia. La contienda se dirime en la Justicia Civil hace diez años, pero ahora también avanza en el fuero penal.

El hermano de la víctima, junto a su mujer, su hijo y los hombres que lo acompañaban, destruyeron por completo la casa e incendiaron documentos personales de la viuda y sus hijos, títulos de propiedad de los bienes, álbumes de fotos e incluso, documentación ligada al trámite de jubilación que lleva adelante.

No conformes, desparramaron en el patio todos los alimentos, arrancaron las chapas del techo y así también las aberturas, hasta robaron una escopeta y el teléfono de la víctima, que zafó porque justo llegó la Policía alertada por uno de los hijos de la mujer.

Todos fueron demorados a raíz de la denuncia por robo calificado, daños, violación de domicilio y amenazas. Pocas horas duró el escarmiento, puesto que fueron liberados y en la colonia temen que los familiares vuelvan por todo sin importar la vida.

Ambición y violencia

Esta historia de ambición y violencia tiene como protagonistas a Miguelina Ángela Fedorischek y su hermano Lorenzo Mariano. El objetivo del hombre es el extenso campo donde vivió desde siempre la mujer, en el Lote 246 y ésta no está dispuesta a entregar su propiedad.

El hijo de la sexagenaria, Eduardo Nicollek, le contó a El Territorio los pormenores del caso que por estas horas estremece a la toda colonia, porque se mezclan intereses mezquinos, engaños entre los parientes y ahora también violencia.

Según el relato del joven, hace muchos años y cuando aún vivía, su papá -propietario del extenso campo-, éste obtuvo un crédito bancario que luego, por distintas razones, no pudo seguir pagando y ante eso la entidad crediticia estaba a punto de rematar su tierra.

En ese contexto entra en escena Lorenzo (hermano de su mamá), quien -según contó- se ofreció voluntariamente a pagar los 16 mil pesos y le sugirió que la devolución debía ser en cómodas cuotas cada vez que entraba plata de la venta de yerba.

Sin sospechar nada -a decir de Eduardo- el hombre accedió al salvavidas que le ofreció su cuñado y aceptó firmar un documento en el que constaba el acuerdo. Pero el problema comenzó cuando en realidad, lo que firmó fue un boleto de compra venta y no un pagaré.

“Fue engañado por el hermano de mi mamá. Como era un hombre de la chacra, analfabeto, no sabía leer, menos escribir y más allá de eso estaba angustiado por la deuda que tenía, firmó de buena fe ese papel trucho”, explicó Eduardo.

Preocupado por la integridad física de su madre, luego de contextualizar el hecho dijo que “desde ese día no hay un momento en que vivimos tranquilos, porque mi tío quiere la chacra y dijo que la va a obtener como sea. Hasta intentó matarla hace pocos días”.

Esperando a la Justicia

El supuesto engaño de la compra de la chacra derivó en una causa (658/05) que lleva adelante el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial Tres de Posadas, a cargo de la jueza Georgina López Liva.

Según lo que pudieron averiguar el viernes los hijos de Miguelina, durante todos estos años el expediente se completó con la documentación necesaria para que la jueza dicte un fallo, e inclusive está listo para sentencia, pero se sigue dilatando.

La preocupación se sustenta en que el conflicto se va tornando cada vez más violento y temen que ante tanta dilatación judicial, haya una víctima fatal. “La secretaria de la jueza dice que ya está para sentencia, pero la violencia es cada vez más extrema y no queremos que pase una tragedia”, dijo Javier González Saporitti, yerno de Miguelina.

El hijo de la mujer coincidió y pidió a la jueza “que considere la situación de peligro que corre mi mamá en la chacra, estando sola. Mi tío es peligroso, es capaz de hacer cualquier cosa con tal de quedarse con una propiedad que no le corresponde”.

“Pensé que me iban a asesinar”
El testimonio de Miguelina es realmente desgarrador. No puede creer el daño que le hizo su propio hermano, que le dejó prácticamente en la calle luego de atacar su casa.

“Sin darme explicaciones me dijeron que me iban a matar, todos (por su sobrino Daniel y los ocho hombres) me toman del cuello, me tiran al suelo y empiezan a patearme por todo el cuerpo. Yo pedía que paren pero fue en vano, estaban sacados”.

Tras ser agredida, recordó que el malón “me dejó tirada y entró a la vivienda, cortaron la energía y comenzaron a romper puertas, ventanas, muebles. Juntaron todos los documentos y quemaron con todos los demás papeles que son de mucha importancia”.

Sobre la intervención de su hermano Lorenzo junto a su pareja Delia, contó que “me gritaban que iban a matarme y luego de que sacaban todas las cosas de casa, los sujetos se iban a encargar porque en ese momento estaban todos falopeados”.

“Realmente sentí temor por mi vida, porque pensé que si no llegaba a tiempo la Policía, estas personas me iban a asesinar”, confesó.