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Glorias de River Plate

Algunos de los más grandes jugadores no sólo de River sino del fútbol argentino...

Amadeo Raúl Carrizo

El más grande arquero de la Historia del Fútbol Argentino. Amadeo reinventó el puesto dándole al arquero un valor trascendental dentro de los once jugadores que conforman un equipo. Dotado de gran habilidad técnica, con las manos y los pies, lo demostró permanentemente en su lugar, el área. De este modo su juego no fue únicamente el de atajar, sino que brindaba espectáculo dejando en ridículo a rivales con sus gambetas y malabares. Nacido en Rufino, al igual que el gran Bernabé, debutó en el arco millonario a los 19 años en 1945 en un partido contra Independiente, justamente el club del cual era hincha de chico.
Así como Angelito Labruna, Carrizo fue uno de los grandes símbolos anti bosteros. Cada clásico para él era casi una guerra. Sin dudas, siempre estuvo a la altura de las circunstancias.
Amadeo jugó 520 partidos con la camiseta de River luego de 21 años de titularidad. Su récord de vaya invicta fue de 769 minutos sin goles en contra, una verdadera hazaña.
Campeón en 1952/53/55/56/57, fue un verdadero grande.

Alfredo Di Stefano

La “saeta rubia”, como era conocido, nació un 4 de junio de 1926. Aunque jugó poco tiempo en River, sin dudas es digno merecedor de estar entre los mejores. Por su fútbol, por su persona y su cariño por River.
Así definía Di Stéfano a su relación con River: “Tengo una enciclopedia en mi cabeza, pero especialmente de la Historia de River. Era fana de los Millonarios. Iba a la cancha todos los domingos, no me perdía un solo partido, ni de local ni de visitante. Puedo rememorar goles de Rongo, muchos de Bernabé, las jugadas de Peucelle, de Wergifker, de Cesarini, de Vaschetto... ¡Qué jugadores he visto en mi vida! Y los mejores siempre estaban en River”.
Di Stéfano y Moreno: “Al lado de un monstruo como Moreno aprendí la importancia del amor propio. Una vez, en cancha de Tigre, le rajaron la cabeza de una pedrada. Cuando le insinué que se hiciera atender, me sacó carpiendo: cállese –me gritó-. Cuando un jugador se cae es porque está muerto, ¿me entendió bien?. Y siguió metiendo como si nada. Esa lección la aprendí a tal punto que en los once años que jugué en el Real Madrid, jamás entró el médico o el masajista para tirarme agua bendita, tal como ocurre ahora cada domingo”.

Norberto Alonso

No es un poeta, ni un poema. No es un guionista, ni un actor. No es un filósofo, ni mil razones. No es libro, ni cien palabras. No es un músico, ni quince melodías. Solo fue, es y será el 10 de River, que con sus pies mágicos y fantasiosos, con su cabeza hábil y rápida, y con su corazón blanco y rojo hizo llorar y sonreír al mundo millonario más de una vez. Aquello, que ganó y guardó en el Monumental con esfuerzo y talento, hoy se lo recuerda como gloria y triunfos. No es alguien más, es Norberto “el Beto” Alonso.

Nació en Vicente López, el 4 de enero de 1953. Llegó a Ríver a los 14 años de la mano de Carlos Palomino, un delegado de las divisiones inferiores que se encargaba de organizar partidos en barrios para encontrar talentos. Era tímido y flaquito, pero siempre el más mimado por la institución. Su comienzo fue como wing izquierdo, hasta que encontró su posición de enganche.

Debutó con una derrota frente Atlanta -de local- por (1-2), el 8 de agosto de 1971. Desde allí, integró los mejores equipos de River, convirtiéndose en el ídolo de la hinchada millonaria. Jugó 372 partidos, y convirtió 149 goles, de los cuales 114 sirvieron para ganar partidos. Como jugador conquistó 7 títulos locales (Metropolitano: 1975, 1979, 1980 1985/86) (Nacional: 1975, 1979 y 1981), y 2 campeonatos internaciones en 1986 (Libertadores de América; e Intercontinental). Otro de los motivos porque se lo recuerda, es por haber sido participe del equipo que rompió la racha de los 18 años sin salir campeón.

El beto, vistió otras dos camisetas (Olympique de Marsella y Vélez Sarsfield) en las cuales no tuvo un gran rendimiento, lo que hizo que volviera al club de sus amores, como lo define él. Además, formó parte de la selección Argentina en el ciclo de Menotti, obteniendo de esta manera un campeonato Mundial, en 1978.

Su idolatría, sus valores y su respeto, sin dudas lo ganó con su juego, goles y capacidad, pero aún más, fue con sus partidos extras que tenía frente al viejo rival, Boca Juniors, donde cada uno de esos encuentros era un nuevo capítulo que se escribía en la historia del Beto Alonso. Es una de las cosas que no se le puede discutir al beto, su garra y pasión frente a partidos claves y decisivos, como eran los superclasicos y finales.

En 1987, después de conquistar la copa Intercontinental, Alonso decidió retirarse con la gloria a sus pies. Un estadio iluminado y setenta mil hinchas agradecidos por todo lo que él dio, hicieron que se despidiera a lo grande.

Su talento y acaudillería forjaron al hincha de River a ir todos los domingos a la cancha a verlo, a sentir sus mismas emociones, a gritar con él sus goles, a festejar las victorias y torneos, alentar con él por una institución que desde sus pies se hacía un poco más grande.

Son pocos lo que provocan semejante sensación, por eso fue un simple y grandioso MAESTRO DEL FUTBOL.

Daniel Passarella

“El gran capitán” llegó al River de “Pipo” Rossi luego de haber deambulado por otros equipos probándose sin quedar fijo en ninguno (entre otros Boca). Su debut en River no podría haber sido otro que contra Boca, partido en el que jugó bárbaro y estuvo a punto de hacer un gol si no fuera por el travesaño que se lo impidió. Al llegar Labruna como técnico en 1975 Daniel estuvo a punto de irse del club porque Ángel no le daba la titularidad que él pretendía, pero finalmente se quedó y el tiempo le dio la razón. En 1976, la titularidad ya era de él.

Campeón mundial con la Selección Argentina, fue titular y capitán indiscutido tanto con la celeste y blanca como con la banda roja. Defensor y goleador, en River convirtió 99 goles, una barbaridad. Volvió en el '89 para ser técnico y nuevamente campeón.

Ubaldo Matildo Fillol

El único “Pato” que fue grande como arquero, fue él... y lo fue defendiendo los colores de River. Nacido un 21 de julio de 1950, llegó a River en 1972 tras jugar en Quilmes y Racing. Según Angelito Labruna, la diferencia del Pato frente a los demás arqueros era la gran capacidad física de sus piernas, lo que le permitía llegar a todas las pelotas, hasta las imposibles.

El Pato será siempre recordado por sus grandes atajadas y por la gran cantidad de penales que tapó.
Además de todas sus virtudes futbolísticas, el Pato será siempre recordado por su gran caballerosidad y su empeño de palabra, aunque a veces le ha costado caro. De River se fue en 1982 también con problemas con el Presidente Aragón Cabrera.

Enzo Francescoli

Grande no se hace, grande se nace. El Flaco, Príncipe, Uruguayo, o simplemente el Enzo, demostró ser un sinónimo de señor tanto dentro como fuera de una cancha. Su estadía en River Plate marcó un antes y un después en la historia del club, por lo que un “Uruguayo, uruguayo” resonará por siempre en el interior, los pasillos y alrededores del Monumental.

Enzo Francescoli nació el 12 de noviembre de 1961 en Montevideo, República Oriental del Uruguay. Desde muy chico tomó los primeros contactos con su tesoro más preciado, el cual lo llevó a la gloria, la pelota. Así fue que decidió probar suerte en Peñarol, club de sus amores, pero debido a su escasa contextura física fue rechazado, en tanto que el Montevideo Wanderers fue quien aceptó a aquel flaco que pintaba para crack.

Con la partida de jugadores como Norberto Alonso, Daniel Passarella y Mario Kempes en 1982, River puso todas las miradas en Francescoli para ser el nuevo ídolo del club, por lo que al año siguiente, su llegada a Nuñez era una realidad. El debut se produjo el 24 de abril de 1983, cuando el millonario venció 1-0 a Huracán en el estadio Monumental ante una multitud presente, testigos de los primeros toques mágicos del hasta entonces número diez. Sin embargo, hacia mediados de junio del ‘83, los jugadores de River entraron en conflicto con los dirigentes y decretaron una huelga que trajo como consecuencia la presentación de equipos juveniles. En ese campeonato el equipo terminó en la decimoctava posición.

Para 1984, Luis Cubilla asumió como director técnico de la B anda. El equipo contó con la incorporación del delantero Roque Alfaro y con el regreso desde Vélez del Beto Alonso, por lo que Francescoli debió jugar más retrasado. En el campeonato Nacional, alcanzó las instancias de semifinales, pero fue eliminado por el gran equipo de Carlos Timoteo Griguol, Ferro Carril Oeste. Ese gran golpe causó la emigración de Cubilla y la asunción de Héctor Bambino Veira. En el Metropolitano del ’84, River finalizó cuarto y tuvo al Enzo como goleador del certamen con 24 tantos. Por su parte, en el Nacional del ’85, el millonario contó con grandes figuras, pero sufrió una nueva eliminación, al ser derrotado por Vélez Sársfield.

La última mitad de 1985 mostró un gran cambio en el sistema de campeonatos: se jugaron dos ruedas de todos contra todos. River Plate incorporó a Claudio Morresi y las chances dar la vuelta crecían partido a partido. Así fue que el 9 de marzo de 1986, el conjunto del Veira derrotó a Vélez 3-0 y se concretaba lo tan ansiado por Francescoli, coronarse campeón por primera vez en el Monumental. Enzo partía hacía la selección uruguaya y, sin escalas, fue transferido a Europa, más precisamente al Racing Matra francés.

Luego de ocho años en Europa, Francescoli regresó a Nuñez en el año 1994, regresó para ser campeón. El equipo conducido por Américo ToloGallego llegó a las fechas decisivas como el candidato a dar una nueva vuelta, por lo que el encuentro del 6 de diciembre ante Talleres de Córdoba en el Monumental fue clave en la historia del Enzo. El empate estaba sentenciado, pero luego de varios minutos adicionados, el príncipe metió un cabezazo letal que terminó en el fondo de la red, haciendo vibrar hasta al esqueleto del estadio. Pocos días después el 3-0 frente a Boca en plena bombonera dejó al millonario en las puertas del título, el cual se ratificó una semana después. River Plate se consagraba campeón invicto, tras igualar 1-1 con Vélez en Nuñez.

El equipo de la Banda no tuvo resaltadas actuaciones en 1995. Lo destacado fue la llegada como entrenador de uno de los personajes más ganadores del club, Ramón Ángel Díaz, y el inicio del ciclo más exitoso de los últimos tiempos con Enzo como estandarte, cuando logró el tricampeonato con la obtención del Apertura ’96, Clausura ’97 y Apertura ’97, siendo este el último título como jugador.

Francescoli supo levantar además la Copa Libertadores de América en 1996, tras vencer en la final al América de Cali por 2-0 con dos goles de Hernán Crespo. La otra cara de la moneda fue en Tokio, Japón, cuando cayó 1-0 ante la Juventus por la Copa Intercontinental. Sin embargo, otro título internacional llegó al año siguiente, la Supercopa. Con una recordada final en el Monumental y los dos tantos de Marcelo Salas ante el San Pablo, Enzo pudo alzar un trofeo más como jugador.

El 1 de agosto de 1999, Francescoli tuvo su gran despedida. Emotivo, a estadio repleto, de la mano de sus hijos, Enzo salió al campo de juego para darle fin a su envidiable e inolvidable carrera como futbolista, llena de magia, habilidad, coraje y, por sobre todas las cosas, la humildad que lo caracterizó siempre.

Andrés D'alessandro

El cabezón D’alessandro fue el último estratega surgido del semillero millonario. Dotado de una gran habilidad y técnica, el cabezón llegó a la primera desde muy chico de la mano de la boba, su jugada mágica que hizo y hace dejar en ridículo a los defensores que intentan marcarlo. Recordado además por tener una fuerte personalidad que muchas veces le jugó en contra y le sirvió de fuertes recriminaciones de parte de la hinchada. Nacido en el barrio de La Paternal, el cabezón siempre dejó todo por nuestra camiseta y por eso lo recordamos como uno de los grandes de la Historia de River Plate.

Fernando Cavenaghi

Más recordado como el cavegol, Fernando es un goleador implacable. El torito de O’Brien (tal es el nombre del pueblo donde nació) desde sus primeros minutos en primera demostró que es un delantero formidable y temible. Un 9 de área del estilo de Crespo se cansó de hacer goles para toda la hinchada millonaria. Hincha de River, nunca se guardó nada y dejó la vida en cada oportunidad que tuvo para jugar. Lamentablemente debido a la vorágine compradora del misterioso mercado ruso, Fernando se fue con sus goles a las frías tierras otrora comunistas. Esperamos verlo pronto nuevamente con la banda roja cruzada al pecho haciendo más y más goles como nos tuvo acostumbradas el poco tiempo que pudimos disfrutarlo.

Javier Saviola

El conejito es un símbolo de las nuevas generaciones millonarias. Un goleador fenomenal capaz de hacer los goles más difíciles de la manera más simple. Pensar que algunos afirmaban que nunca llegaría a rendir en primera debido a su pequeño físico, aún hoy algunos, como Marcelo Bielsa o los técnicos del Barcelona dudan de sus condiciones. Pero el conejito se encarga de dejar en ridículo a todos ellos haciendo cada vez más y más goles siempre que tiene oportunidad de jugar. Nacido en el barrio de Belgrano, bien cerquita del Monumental, el conejito es hincha de River y por eso estamos esperando a que algún día vuelva a defender nuestros colores como siempre lo hizo mientras jugó en el club.

Marcelo Salas

El matador de Temuco, símbolo, bandera, ídolo de River, un goleador único. Pensar que en un primer momento vino a la Argentina para jugar en Boca y fue rechazado porque no confiaron en sus condiciones. River confió en él desde un primer momento y el matador retribuyó toda esa confianza con goles y entrega. Ídolo para la hinchada desde un primer momento hizo vibrar de emoción a todo el pueblo millonario con sus corridas electrizantes y sus definiciones magistrales.

Todavía recordamos aquel primer Shileeeeno, Shileeeeeno en la cancha de Velez en una fría noche jugando contra Estudiantes. Su debut contra Boca, marcando un gol, terminó de afirmar lo que todos pensábamos, estábamos en presencia de un goleador fenomenal. Con su presencia logramos la tan preciada Super Copa y conseguimos unos cuantos campeonatos más. Todavía tiene tiempo para tomarse revancha de aquella Copa Intercontinental que no se pudo dar en 1996.

Juan Pablo Sorín

El Juampi Sorín demostró desde el primer día que era un jugador para River dotado de una cantidad incontable de virtudes. Algunos lo resumen diciendo que es un defensor lateral izquierdo. Nosotros sabemos que esa reducción no tiene nada que ver con lo que verdaderamente es, un jugador de toda la cancha. Defensor, volante, goleador. Dotado de una habilidad y una garra sensacional. Además un ser humano excelente. Juampi es un noble merecedor de estar entre los más grandes de nuestra Historia por haber calado en lo más hondo del corazón millonario.

Germán Burgos

Germán Adrián Ramón Burgos, así es su nombre completo, o simplemente “El mono”, oriundo de Mar del Plata, es sin duda uno de los jugadores más queridos por toda la hinchada millonaria. Hincha fanático de River desde la cuna, demostró siempre un amor único por la camiseta. Un ganador en todo sentido, ya que con él festejamos la mayoría de los títulos de la primera época de Ramón Díaz como técnico. Recordado por todas sus locuras dentro y fuera de la cancha, poseedor de una simpatía única. Justamente Simpatía es el nombre del grupo de Rock del cual es el líder y cantante. Un tipo fenomenal al cual siempre estaremos esperando para verlo otra vez defendiendo nuestro arco.

Hernán Crespo

Desde un principio lo compararon con Valdano apodándolo Valdanito. Un goleador fenomenal, capaz de hacer los goles más difíciles gracias a su elasticidad incomparable. De chilena, de taco, de cabeza, goles de todo tipo hizo con la banda roja. Un valuarte fundamental para lograr la Copa Libertadores de 1996. Con él se puede decir que se inició una etapa del River “exportador” de jugadores jóvenes a Europa formados en su semillero. El poder del dinero nos privó a los hinchas millonarios poder gritar muchos más goles de Hernán.

Ariel Ortega

De Jujuy para el mundo. Ariel es el símbolo del fútbol espectáculo, del potrero, la alegría del despilfarro de gambetas, de la naturalidad en su máxima expresión. Nacido en Ledesma, en el norte argentino, hincha de River desde la cuna, el Burrito se ganó desde un comienzo el cariño y la admiración de cada uno y todos los hinchas del fútbol, especialmente, los de River. Debutó en River de la mano de Passarella, demostró en cada cancha que jugó que lo suyo es una habilidad pocas veces vista en un jugador.

Sus idas y vueltas de River no han hecho que el amor incondicional de todos los millonarios decaiga, y pese a que hace un largo tiempo que no viste nuestra camiseta y posiblemente se ponga por primera vez otra que no sea la de la banda roja en el fútbol argentino, Ariel será siempre de River y River será siempre para Ariel. El burrito, un símbolo del buen fútbol riverplatense.

Leonardo Astrada

Leo, el jefe, el negro, tales sus apodos es un histórico verdadero de River Plate. Nacido del semillero del club, jugó prácticamente toda su vida en River (excepto un breve lapso por el Gremio de Brasil). Fue uno de los últimos dueños indiscutidos de la camiseta número 5 de River. Formado en la tradición de los centrales como Pipo Rossi, Mostaza Merlo, el Tolo Gallego, Astrada fue el dueño del mediocampo de River por más de 10 años.

Por su entrega y por su juego, Leo es uno de los grandes dentro de nuestra Historia. Con 12 campeonatos en su bolsillo como jugador, ahora como técnico ya suma uno. La historia sigue.. y quién sabe.. tal vez termine convirtiéndose en el Técnico – Jugador con más títulos de la Historia de River.

Ramón Angel Díaz

¿Qué significa el Pelado Díaz para los riverplatenses? No habría adjetivos para describir tal cosa. Tal vez desde Angelito ningún otro jugador y técnico tuvo la llegada al corazón millonario como la tuvo Ramón. Hincha de River de corazón, no dudó jamás en expresarlo. Ni siquiera apostató de su pasión cuando sonaba su nombre como posible entrenador de la Selección Nacional. Por algo es el más odiado por nuestros primos malolientes.

Como jugador, un fenómeno. Velocidad, explosión, calidad y definición. Si se hiciera un resumen con los mejores goles de River, sin dudas tendría que haber un apartado especial para los tantos del Pelado. Como técnico, un ganador. En sus dos etapas se cansó de ganar campeonatos, una Copa Libertadores, una Supercopa y, al igual que a Enzo, le queda la cuota pendiente de la Intercontinental. Y como hincha, de los mejores. Expresivo, hablador, chicanero... en fin... un verdadero hincha de River Plate.


Fuente: http://www.riverplate.com/category/27.html
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