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Grandes enemigos de Roma.

BRENO



En año 390 a. C el rey galo Breno dirigió un ejército de la Galia Cisalpina en un ataque directo contra Roma.
Derroto a un ejército de 40.000 hombres bajo el mando de Quinto Sulpicio



Los remanentes de las legiones huyeron de vuelta a Roma en estado de pánico.

Los galos invasores saquearon e incendiaron Roma.
Muchos ciudadanos se refugiaron e hicieron fuertes en el Capitolio, colina contra la que se estrellaron los sucesivos ataques galos



Según la leyenda, los galos intentaron furtivamente tomar por asalto el capitolio durante la noche .
Pero los romanos fueron alertados del ataque por los graznidos de los gansos sagrados del altar del dios Juno.



Breno y los romanos terminaron negociando un final del asedio cuando los romanos aceptaron a pagar unas mil libras de oro tras siete meses de calamidades.

Las cosas no estaban fáciles tampoco para los galos asi que aceptaron negociar.

Podrían no estar preparados para un asedio, y una epidemia se había propagado entre ellos como resultado de no enterrar a los muertos.



Los romanos se dieron cuenta que los astutos galos usaban pesos falseados para medir el oro.
Cuando se quejaron, Breno desenvaino su espada, la puso sobre los pesos y exclamó :

Vae victis! . («¡Ay de los vencidos!»)

Que ha quedado como frase hecha para indicar que los vencedores no se apiadan de los vencidos.



Según la leyenda Marco Furio Camilo llegó a Roma con el ejército de liberación y contestaría
“ Non aurum, sed ferro, recuperanda est patriae “ …….(«No es el oro, sino el hierro, lo que recupera la patria»), atacando y derrotando a los galos.

Esta derrota romana supuso la primera y última vez en que la ciudad de Roma fuese capturada por fuerzas extranjeras hasta los últimos días del Imperio Romano, alrededor de siete siglos más tarde.




PIRRO



Pirro, en griego rubio o pelirrojo, apodado (águila) por sus soldados fue un rey de Epiro región de la periferia de Grecia.
También ostentó la corona de Macedonia brevemente en dos ocasiones.



Pirro tenía 23 años cuando se estableció firmemente en el trono de Epiro (295 a. C.) y pronto se convirtió en uno de los príncipes más queridos de su edad.

Su atrevimiento y coraje le granjearon el respeto de las tropas, y su afabilidad y generosidad aseguraron el amor de su pueblo.



Su carácter se asemejaba en muchos aspectos al de su antepasado Alejandro Magno. El primo de su padre era Alejandro, hermano de Olimpia, la madre de Alejandro Magno.

Sus intenciones se dirigieron primero hacia la conquista de Macedonia.
Desde el 295 a.C. el Reino de Epiro estaba bajo el gobierno de Pirro.

En el 286 a.C. invadió Macedonia , una vez dueño de ese país, podía esperar conseguir la soberanía de Grecia.
Pasaron 7 meses hasta que fue expulsado.

Luego fue a Italia donde los Tarentinos, le pidieron ayuda en su lucha contra los romanos y acudió con sus 25.000 soldados y sus mas de 30 elefantes.



Su intención era derrotar a Roma y posteriormente a Cartago ( las dos grandes potencias de la zona) y hacer un gran Imperio.
Allí se encontraron ambos ejércitos, romano y griego, y comenzó la que sería conocida como la Batalla de Heraclea.

Marchó al encuentro de los romanos, eligió un terreno llano y preparó a sus tropas.

Cuando los romanos vieron a los elefantes quedaron horrorizados (era la primera vez que los veían).
Como no sabían lo que eran los llamaron 'bueyes lucanos'



Durante esta batalla a pesar de concluir con una victoria para el rey de Epiro, sufrió muchas perdidas de soldados.
Contemplando el campo de batalla , Pirro expreso :

“ Otra victoria como esta, y tendré que regresar a Epiro solo. “



Actuó con generosidad tras la batalla, enterrando los cadáveres de los romanos del mismo modo que los de sus propias tropas, y tratando a los prisioneros con amabilidad.

Llego a sólo 35 km de Roma, mientras sus avanzadillas llegaban hasta 9 km al este de la ciudad. Pero allí vio frenado su avance
Decidió retirarse prudentemente hacia el Sur y esperar tiempos mejores.



Es difícil conjeturar lo que hubiera sucedido si Pirro hubiera enfrentado a los romanos en aquel mismo momento. Puede que hubiera destruido a Roma.

La guerra se reemprendió al año siguiente, en 279 a. C
Por su parte, Pirro había reunido a parte de los Samnitas, pueblo siempre enfrentado con Roma, a los oscos y, por supuesto, a los griegos de las ciudades del Sur.



Con ellos, avanzó por la región de Apulia hasta la ciudad de Asculum, con la intención de liberar todo el samnio del control romano.

Allí se encontraron ambos ejércitos, romano y griego, y comenzó la que sería conocida como la Batalla de Asculum.



Durante esta batalla, que se prolongó por dos días, Roma perdió a unos 6.000 hombres, mientras que Pirro perdió a unos 3.500.

A pesar de concluir como una victoria para el rey de Epiro, muchos de sus mejores oficiales habían muerto en el combate, y los romanos se habían batido con una ferocidad inusitada.

Cuando ambas fuerzas se retiraron, Pirro hizo su famosa declaración:

“ Con otra victoria como esta estare perdido. “

La expresión «victoria pírrica» se ha convertido con el paso del tiempo en sinónimo de éxito logrado a un coste muy alto, y que no siempre merece la pena conseguir.



Pirro se dio cuenta de que seguir peleando con los romanos no le iba a reportar ningún beneficio, y decidió ofrecerles la paz en condiciones ventajosas para él.

La respuesta de los romanos fue tajante: Mientras Pirro y sus hombres continuaran en Italia, no podrían hablar de paz.

El rey Pirro ceso las hostilidades y dejó la guerra contra Roma en un punto muerto y se centró en echar de Sicilia a los cartagineses, que mantenían una antigua disputa con los griegos por la posesión de la isla.

Dicen que la política hace extraños compañeros de cama, y puede que aquel fuera el caso.
Roma firmó una alianza con Cartago para detener a Pirro.

Entre ambos lucharían para expulsarle de Sicilia y de Italia atacándole como si de una tenaza se tratase, unos por el Norte y otros por el mar.



Así pues, en el año 278 a.C. Pirro volvió su mirada hacia la suculenta isla de Sicilia, repleta de recursos naturales y riqueza y en una situación geográfica estratégica para el comercio.

Permanecio allí por dos años hasta que fracaso su asalto a la impenetrable ciudad de Lilibea
No podía triunfar contra la poderosa flota cartaginesa.

Desesperado por esta situación, en 275 a.C. decidió volver a Italia para enfrentarse a los romanos, que ya estaban acosando de nuevo a Tarento.

Decidido de nuevo a marchar contra Roma, Pirro se encontró con el ejército romano en Benevento, y de nuevo volvió a chocar contra una pared de legionarios decididos a morir o vencer.



La Batalla de Benevento supuso la única derrota de Pirro en Italia.

Los romanos habían aprendido a luchar contra él, rehusando el combate en campo abierto y eligiendo un terreno abrupto donde sus falanges no pudieran moverse con facilidad.

Tras este encuentro, con muchas más pérdidas, un Pirro exasperado decidió terminar con sus asuntos en Italia y Sicilia y se marchó a Epiro, tan triunfante como derrotado.

Roma había vencido al mejor general de su tiempo con la única estrategia de la resistencia a ultranza..

En el 273 a. C. - invadió nuevamente Macedonia, donde reinaba por entonces Antígono II Gónatas y derroto a sus falanges.
Luego efectuó una expedición al Peloponeso, marchando hacia Laconia, la tierra de los Espartanos



Pirro murió a los 46 años luchando mientras intentaba atacar la ciudad de Argos combatiendo contra Esparta.

En la batalla , fue ligeramente herido en el pecho por una jabalina y, al girar para encarar al que le había atacado, la madre del soldado, viendo a su hijo en peligro, arrojó desde el tejado de la casa en que se hallaba una pesada teja, que golpeó a Pirro en la nuca.

Cayó de su caballo aturdido y fue reconocido por uno de los soldados de Antígono llamado Zópiro.
Fue asesinado allí donde yacía, decapitado y su cabeza enviada a Alciones, que llevó exultante el sangriento trofeo a su padre Antígono.

Pero éste apartó la mirada e hizo enterrar el cuerpo de Pirro con todos los honores. Sus restos fueron depositados en el templo de Démeter.



Fue el mayor guerrero y uno de los mejores príncipes de su tiempo.




ANIBAL



Considerado uno de los más grandes estrategas militares de la historia Anibal nacio en el 247 a. C. en Cartago (al norte de Túnez), fue hijo de Amílcar Barca, quien, según la leyenda, le hizo jurar odio eterno a los romanos ante los dioses.



Tras la muerte de su padre y el asesinato de su cuñado Asdrúbal , Aníbal asumió la jefatura del ejército cartaginés, que ya entonces controlaba el sur de Hispania. (221 a.C.)

Desde su base de Cartago Nova (la actual Cartagena), realizó varias expediciones hacia el altiplano central y sometió a diversas tribus iberas.



En el 219 a.C. destruyó Sagunto, ciudad aliada de Roma, y traspuso el Ebro, río en que, siete años antes, cartagineses y romanos habían fijado el límite de sus respectivas influencias en territorio peninsular; esta acción significó el inicio de la Segunda Guerra Púnica contra Roma (219-202 a.C.).



Se denomino púnicas a estas guerras debido a que el nombre en latín para los cartagineses era Punici, que a su vez derivaba de Phoenici, en referencia al origen fenicio de los cartagineses.

En la primavera del 218 a.C., Aníbal concedió a su hermano Asdrúbal el mando de las tropas en Hispania y partió hacia Italia con un ejército de 60.000 hombres y 38 elefantes.



Después de atravesar los Pirineos, y los Alpes, llegó a la llanura del Po, donde derrotó a los romanos sucesivamente en Tesino y en Trebia, a pesar de las numerosas bajas que había sufrido en el curso de la marcha.

El cruce de los Alpes con elefantes y en pleno invierno es considerada una de las mayores proezas militares de la historia.



Al año siguiente, una nueva victoria, esta vez junto al lago Trasimeno, le dio el control sobre la Italia central.
Aplastado el ejército romano de Flaminio, Roma quedó a merced del cartaginés, pero éste no se atrevió a asaltar las sólidas murallas de la ciudad ya que no disponía de maquinas de asedio y prefirió dominar la Italia meridional.

En agosto del 216 a.C., venció en Cannas a las tropas de Lucio Emilio Paulo y Marco Terencio Varrón, cuyos efectivos duplicaban a los suyos.



Pero Anibal ejecuto una maniobra de doble cerco y asi anulo la ventaja de los romanos. Ya que solo podian combatir los legionarios que se encontraban en el exterior de la formacion de soldados.
Las legiones fueron aniquiladas y murieron 40.000 hombres.

Roma decidió no presentar batalla otra vez contra este formidable adversario y espero la ocasión propicia para contraatacar.



No obstante, lejos de sus bases de avituallamiento, sin posibilidad de recibir refuerzos, ya que su hermano Asdrúbal había sido derrotado y muerto en la batalla de Metauro y habiendo fracasado en el intento de atraer a su causa a los pueblos itálicos sometidos por Roma, el ejército de Aníbal quedó aislado e inmovilizado en la Italia meridional durante varios años, situación que aprovecharon los romanos .



Tras expulsar a los cartagineses de la península Ibérica, el general romano Publio Cornelio Escipión, llamado el Africano, desembarcó cerca de Cartago (203 a.C.), hecho que obligó a Aníbal a regresar a África, donde fue vencido en la batalla de Zama, en el 202 a.C.



En esta batalla se destacaron los soldados romanos al enfrentar a los elefantes de Anibal haciendo sonar cientos de trompetas que espantaron a los animales .

Estos entraron en pánico arrasando las propias líneas cartaginesas.



A consecuencia de esta derrota, Cartago se vio obligada a firmar una paz humillante, que puso fin al sueño cartaginés de crear un gran imperio en el Mediterráneo occidental.

Luego de su regreso a Cartago, Aníbal se hizo llamar sufete, equivalente a un Cónsul en Roma, donde demostró su gran capacidad como estadista.

Tras la derrota en un intento de dominación romana, Aníbal envió embajadores a Roma para negociar la paz, la cual se produjo pero con una pesada carga tributaria para los cartagineses.
Aníbal, en contra de esta decisión, luchó para revertir esta situación, hasta que los romanos enviaron embajadores para tratar el tema con él.



Con todo, Aníbal, intentó reconstruir el poderío militar cartaginés, pero, perseguido por los romanos, hubo de huir y refugiarse en la corte de Antíoco III de Siria, a quien indujo a enfrentarse con Roma, mientras él negociaba una alianza con Filipo V de Macedonia.

A raíz de las victorias romanas sobre los sirios y en Magnesia , Aníbal huyó a Bitinia, donde se suicido el año 183 a.C., para evitar que el rey Prusias lo entregase a Roma .

Al darse cuenta que no tenía escapatoria, decidió ponerle fin a su vida, diciendo sus últimas célebres palabras :

“Liberemos a Roma de sus inquietudes, ya que no sabe esperar la muerte de un anciano“.




VIRIATO



Viriato fue el azote de Roma durante siete años. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, así como el lugar.

Tito Livio comentó de él que era un pastor soldado y Apiano lo elogio ofreciendo una imagen de Viriato como a un hombre de palabra, un caudillo valeroso y justo.

La Lusitania (que comprendía el actual sur de Portugal y buena parte de Extremadura y sur de Castilla-León) era una región contraria a los romanos.



En el año 150 a.C. estaba siendo apaciguada por el pretor de la Hispania Ulterior, Servio Sulpicio Galva.

Este aristócrata codicioso recibió una embajada lusitana deseosa de establecer una tregua duradera .
Los lusitanos habían comprobado la carencia de escrúpulos del tal Galva y preferían una paz pactada a una guerra de destrucción orquestada a conciencia por aquel cruel romano.

Galva convocó a las tribus lusitanas a una reunión en las que les ofrecía tierras a cambio de paz.
Los lusitanos acudieron a la llamada del pretor ignorando que se dirigían a una trampa.



Cuando tuvo reunidas en tres campamentos cerca de 30.000 personas – entre hombres, mujeres y niños – les solicitó a los guerreros que entregasen sus armas como señal de amistad.

Fue entonces cuando se desencadenó una matanza sin parangón en la Hispania antigua. 9.000 personas murieron allí mismo acuchilladas por las legiones de Galva y otras 20.000 fueron vendidas como esclavas en la Galia.



Sólo unos pocos afortunados pudieron escapar de aquel infierno, entre ellos el joven Viriato.
Su profundo odio a los enviados de Roma germinó y cuajó en su alma tras contemplar aquella triste jornada.

A este ignominioso hecho, por el que se procesó al pretor Galva a su vuelta a Roma y del que salió absuelto sólo gracias a los sobornos y su buena oratoria, se sucedieron tres años de guerra irregular entre los rebeldes lusitanos y las legiones consulares.



En el 147 a.C., durante un lance de estas operaciones, un contingente lusitano quedó atrapado por las legiones de Cayo Vetilio.

Fue en aquel momento cuando Viriato tomó las riendas de la resistencia lusitana.
Viriato consiguió su propósito rompiendo el cerco romano al atacar por varios puntos de forma simultánea a las legiones de Vetilio.

El líder lusitano, buen conocedor de la complicada orografía hispana, entendió que no era posible derrotar a las legiones en campo abierto estableciendo una batalla frontal al uso y costumbre de la época.
El terreno y la precariedad de equipamiento de sus hombres le condujeron a llevar a cabo con maestría su propio estilo de guerra: la guerra de guerrillas.



Durante los años siguientes hombres romanos de la talla de Plaucio, Unimano y Nigidio fueron derrotados por la coalición lusitana, atacando a pequeños grupos por sorpresa y retirándose antes de que las tropas romanas pudiesen reaccionar.

Sus tácticas de acoso y fuga sirvieron de enseñanza años después a militares de la talla de Quinto Sertorio.



Sólo Quinto Fabio Máximo Emiliano consiguió que Viriato se retirase hacia los montes y pudo recuperar temporalmente el control de algunas ciudades rebeldes.

Pero lo que Emiliano consiguió con la fuerza de las armas, Viriato lo neutralizó con sus alianzas tácticas.
Sus emisarios recorrieron media Hispania incitando a la rebelión contra Roma, una llama que prendió sin esfuerzo en muchas tribus celtíberas que también padecían la codicia desmedida de los gobernantes romanos.

La situación de inestabilidad permanente comenzó a molestar al Senado Romano.
Para solucionar definitivamente el problema lusitano decidieron enviar a Hispania a Q. Fabio Máximo Serviliano con más tropas e incluso elefantes.



La superioridad numérica y táctica romana no amilanó al caudillo lusitano.
En un claro desafío , Viriato llegó a atraparle entre sus hombres y varias tribus celtíberas que cambiaron de bando en el momento apropiado.

Serviliano, acorralado entre dos importantes fuerzas hispanas – y viendo peligrar su propia vida y la de sus hombres – accedió al acuerdo de paz que le propuso Viriato.

Tras liberar a Serviliano, el Senado ratificó el armisticio, permitió que los lusitanos mantuviesen sus armas y privilegios y le otorgó a Viriato el título de “Amigo de Roma”.
Esto ocurrió en el 140 a.C.



Poco tiempo duró este precario equilibrio. Roma había sido ofendida y humillada por la victoria lusitana.
Además, el éxito de la coalición de tribus comandada por Viriato podía alentar nuevos intentos de sedición entre los belicosos clanes celtíberos.

Por ello, al año siguiente los romanos urdieron un plan con el que zanjar el asunto.
Una embajada fue convocada en territorio romano con un pretexto vano.

El motivo real de aquella reunión era ofrecerles a Audax, Ditalco y Minuro, los tres embajadores y lugartenientes del caudillo lusitano Viriato , una suculenta recompensa a cambio de la cabeza de su jefe.

Los tres conjurados aceptaron la generosa propuesta y, a su vuelta, asesinaron a Viriato mientras dormía.



Días después volvieron a Corduba, lugar donde estaba el Pretorio de Quinto Servilio Cepio – sucesor y hermano de Serviliano -, para reclamar el pago de su recompensa.

Cepio no lo dudó ni un instante.

Ordenó la ejecución inmediata de los tres embajadores, espetándoles a la cara la frase inmortal :

“Roma no paga a traidores”

Dice la leyenda que las cenizas de Viriato acabaron junto a las de su mujer y fueron esparcidas en el paraje de la Ciudad Encantada de Cuenca.

El sucesor del caudillo traicionado fue un tal Tautalo.

Éste nuevo líder no tenía las cualidades militares y anímicas de su antecesor pero, en cambio, era un buen diplomático.



De hecho, fue él quien pactó una paz definitiva con el cónsul Marco Popilo en la que Roma, después de tantas hostilidades, le concedía a las tribus lusitanas las tierras de la discordia.

Los veteranos romanos, latinos y auxiliares de estas guerras lusitanas que se licenciaron al año siguiente de la muerte de Viriato obtuvieron del cónsul de turno, Décimo Junio Bruto, tierras en la Edetania para fundar una nueva colonia sobre una isla fluvial cerca de la desembocadura del río Turius.

La llamaron Valentia. Era el año 138 a.C




ESPARTACO



Espartaco dirigió la rebelión más importante contra la República romana en suelo itálico (conocida como III Guerra Servil, Guerra de los Esclavos o Guerra de los Gladiadores), hecho ocurrido entre los años 73 a. C. y 71 a. C.

Nació en la región de Tracia, probablemente en la localidad de Sandanski, en la actual Bulgaria Se ignora su verdadero nombre.

Militó en las auxilia, las tropas auxiliares de Roma, de las que desertó.

Al no ser ciudadano romano, una vez capturado fue reducido a la esclavitud.



Fue destinado con su hermano a trabajos forzados en unas canteras de yeso, pero gracias a su fuerza física, fue comprado por un mercader para la escuela de gladiadores de Capua.

Se dice que era un hombre culto.

En el 73 a. C. consiguió escapar junto con otros 70 esclavos, huyeron de la ciudad armados con todo lo que encontraron.



Por el camino se encontraron con un convoy que transportaba armas de gladiadores y se apoderaron de él, tras lo cual se retiraron al monte Vesubio, desde donde empezaron a llevar a cabo acciones de pillaje contra las localidades vecinas.

Espartaco estableció un reparto equitativo del botín entre todos sus hombres, lo que le atrajo gran número de seguidores entre los esclavos de las fincas aledañas al volcán.



Los romanos enviaron desde Capua una pequeña brigada de soldados, que fue derrotada.

Rápidamente los esclavos sustituyeron sus armas de gladiadores con verdaderas armaduras romanas.

En consecuencia, los romanos se alarmaron y enviaron una unidad de 3.000 hombres al mando de Cayo Claudio Glabro.



Los hombres de Espartaco descendieron con cuerdas por la ladera del volcán y sorprendiendo a los romanos les causaron muchas perdidas provocando su huida.

Los romanos enviaron dos legiones mas que fueron derrotadas por Espartaco.



Aprovechando sus conocimientos militares y sus innegables dotes organizativas formo un verdadero ejército, que llegó a tener más de 70.000 hombres.

Espartaco simplemente quería lograr que los esclavos salieran de Italia pero otro grupo de rebeldes estaban empeñados en presentar batalla campal a los romanos, derrotarlos e incluso tomar Roma, aniquilando al opresor.
Esto provoco la división del grupo rebelde.

En el valle del rio Po derroto a otra legion romana enviada a detenerle.



Después de seguirle hasta el norte de la Península (Galia Cisalpina), sus hombres no quisieron atravesar los Alpes y prefirieron permanecer en Italia, divididos en bandas dedicadas al saqueo.

Marco Licinio Craso fue nombrado procónsul con mando sobre diez legiones para acabar con la rebelión pero los soldados estaban desmoralizados por las inauditas victorias de Espartaco.
Luego de otra humillante derrota, Craso decidió tomar medidas severas para restablecer la disciplina entre sus tropas.



A los que huyeron ante sus enemigos los diezmó, un castigo que no se utilizaba desde hacía mucho tiempo, y que consistía en condenar a muerte a uno de cada 10 de los desertores.

Ordenó a sus hombres que mataran a golpes a cada uno de los condenados.
Como consecuencia de esta medida, nadie más osó violar las órdenes ni pretendió huir del enemigo.



Más tarde Espartaco y su ejército llegaron al mar Tirreno, en la zona de Calabria.

Aquí entró en contacto con los piratas de Cilicia, quienes prometieron darle una flota para transportar las tropas rebeldes a Sicilia con el fin de hacer de la isla un bastión rebelde inexpugnable.



Sin embargo, los romanos se percataron de la intención de Espartaco, por lo que sobornaron a los piratas y éstos traicionaron a Espartaco.

Craso consiguió encerrarlos en el extremo sudoccidental de la península itálica.

Con este fin construyó de mar a mar una línea fortificada de unos 65 km, compuesta de un amplio y profundo foso y una valla de cuatro metros y medio de altura.

Espartaco recurrió a una astuta táctica utilizada por Aníbal contra los romanos 144 años antes.
Durante una noche tormentosa reunió todo el ganado que pudo, puso antorchas en sus cuernos y los arrojó hacia la valla.



Los romanos se concentraron en el punto a donde se dirigían las antorchas, pero pronto descubrieron, para su sorpresa, que no eran hombres, sino reses.

Los esclavos, por su parte cruzaron la valla por otro sector sin ser molestados y regresaron a Lucania en la parte norte del golfo de Tarento.

El Senado perdió la fe en Craso al ver que no podía vencer a los esclavos. Enviaron entonces al general Pompeyo

Finalmente los romanos alcanzaron a las tropas de Espartaco. En el año 71 a. C., en Apulia, se libró la última batalla.



Antes de la misma le llevaron su caballo a Espartaco, y él lo mató con su espada, diciendo:

"La victoria me dará bastantes caballos de entre los enemigos, y si soy derrotado, ya no lo necesitaré."
Decidió combatir a pie con todos los demás.

Los esclavos, impulsados por el ejemplo de Espartaco, dispuestos a vender cara su derrota y jamás volver a servir a los romanos, pelearon desesperadamente, pero no pudieron resistir la superioridad de las legiones romanas

60.000 esclavos, cayeron en la batalla; en cambio los romanos solo perdieron 1.000 hombres.

Espartaco herido en una pierna durante la batalla, llegó a luchar de rodillas. No se pudo localizar su cadaver.



Los romanos hicieron 6.000 prisioneros, y decidieron dar al mundo una lección: todos los esclavos prisioneros fueron crucificados a lo largo del tramo de la Vía Apia entre Capua y Roma, separados uno del otro unos 10 metros aproximadamente.

Pompeyo y Lúculo terminaron de limpiar Italia de bandas de esclavos fugitivos, crucificando a cuantos capturaron.



La imagen de Espartaco como libertador de las masas oprimidas explica que, ya en el siglo XX, diera nombre al periódico de Karl Liebknecht y a la corriente comunista que éste lideró durante la revolución alemana de 1918-19 ( los «espartaquistas»).




VERCINGETORIX



Vercingétorix, jefe del pueblo averno , héroe legendario de la Guerra de las Galias, fue, como su nombre indica en lengua celta, "el gran rey de los guerreros".

Cuando César invadió Galia en 58 a. C , el padre de Vercingétorix, Celtill, que se disponía a tomar el liderato de Galia contra los romanos, fue asesinado por la aristocracia arverna que sospechaba que quería hacerse con la corona.



En 58 a. C. los helvecios, forzados por la creciente presión ejercida por los germanos que lideraba Ariovisto, iniciaron una masiva migración hacia Saintonage.

Julio César utilizó como pretexto este desplazamiento para invadir ese mismo año la Galia a la cabeza de sus legiones y de los contingentes enviados por los aliados eduos, cuyo pueblo se encontraba bajo la amenaza germana.

La Guerra de las Galias conduciría a César y a su ejército más allá de Rin y a Britania.
El conflicto se extendió durante cinco años y se dividió en numerosas campañas cada año con el objetivo de someter a las tribus rebeldes.



A la muerte de su padre , Vercingétorix, se integró en el ejército de César durante seis años , donde se convirtió en uno de sus contubernalis (compañeros de tienda de campaña)

A cambio de estos privilegios militares los galos brindaban a los romanos su cooperación y su conocimiento de la geografía y la cultura de la Galia.



César permaneció en la Galia, donde desde 56 a. C. tuvo que hacer frente a un progresivo aumento de la resistencia, especialmente de la generada a raíz de los impuestos.

Se enfrentó a los poderosos vénetos de Morbihan y a sus aliados del otro lado del Canal de la Mancha.
La represión sobre la defección bretona fue despiadada, se eliminó a la aristocracia y se esclavizó a la población.

Vercingétorix trató de aprovecharse de la difícil situación que experimentaba la República romana tras la derrota del general Craso y la aniquilación de sus legiones por los Partos en la batalla de Carras o Carrhae (53 a. C.), así como del descontento experimentado por una Galia cansada de esta larga guerra.

Los partos se convertirían por mucho tiempo en los mayores enemigos de Roma, ya que los romanos nunca pudieron encontrar una manera de derrotarlos e impidieron su expansion en Asia menor.



Vercingétorix traicionó el tratado con los romanos al reivindicar sus derechos dinásticos:
Regreso a su pueblo al comenzar la primera rebelión gala en Cenabum (Orleans), en -52, una sublevación general que logró encabezar.

Su estrategia fue entonces evitar el enfrentamiento directo con las legiones del César y agotar al ejército romano mediante una política de tierra quemada y hostigar a las legiones permanentemente.

Si bien la caída del poblado de Avárico supuso un duro revés para Vercingétorix, parte de su estrategia estaba teniendo éxito: las legiones padecían y, lo más importante, los aliados de Roma comenzaban a cambiar de bando.



Lo más ominoso para los romanos era que sus aliados más fieles, los eduos, parecían a punto de unirse a los sediciosos.

Logró reunir a su alrededor la mayor parte de los pueblos galos hasta entonces divididos en pueblos rivales, y dirigir unitariamente durante diez meses la resistencia a las legiones de César, infligiendo un duro revés a los romanos cuando estos sitiaban al poblado de Gergovia.

Pero cuando César, tras su derrota , decidió cerrarse en la Narbonnaise, los galos cometieron el error de atacar al ejército romano en marcha hacia Dijon.



Julio César reagrupó sus tropas formando doce nuevas legiones, es decir, 50.000 soldados

Vercingétorix derrotado tuvo que retirarse hasta Alesia situada en la cumbre de un cerro , donde quedo atrapado.

Los romanos construyeron un cerco alrededor de Alesia con una doble muralla de 20 kilómetros de perímetro con trincheras y fosos con obstáculos para impedir la salida de los galos y otras fortificaciones con foso incluido para evitar que reciban ayuda del exterior.




En el medio quedo el campamento romano .
Los refuerzos llegaron finalmente, y liderados por los jefes mandubios y lemovices, lanzaron una serie de ataques sobre las sólidas defensas romanas



Pero los romanos rechazaron todos los ataques desde fuera y dentro de Alesia.
A los galos, cercados dentro la fortaleza de Alesia, les empezaron a escasear los víveres.

80.000 soldados más la población civil autóctona era demasiada gente para las pocas provisiones que quedaban.

Según los cálculos de Vercingetórix, la comida no duraría ni un mes. Así, la tribu de los mandubios, originarios de Alesia, decidió expulsar de la fortaleza a todo aquel no apto para la lucha, es decir, a las mujeres y a los niños.



Tenían la esperanza de que César los dejaría escapar o los haría esclavos, lo cual, pensaba Vercingetórix, daría a su ejército una oportunidad para romper las filas enemigas.

Sin embargo, César tampoco podía permitirse el lujo de alimentarlos, así que ordenó que no se hiciera nada por ellos.

Mujeres y niños de Alesia, junto con discapacitados, murieron de hambre entre las paredes de la ciudad gala y de la fortificación romana.


Después de dos meses de asedio, los galos se rindieron y arrojaron sus armas a los pies de César.



Dicen que, tras la derrota de Alesia, cada hombre de las legiones de César recibió un galo como esclavo.
Alesia fue el final de la alianza y la resistencia galas.

Las Galias pasaron a ser provincias romanas y no volvería a haber ningún movimiento para una nación unida y libre hasta el siglo III d.C.



La victoria de César supuso, pues, la romanización de la Europa Occidental.
Además, el éxito de Alesia contribuyó enormemente a aumentar el poder y la ambición de Julio César, que crecerían hasta transformar la Antigua República Romana en el Imperio Romano.

Vercingétorix murió seis años más tarde, estrangulado, en la cárcel subterránea de Tullianum, en Roma.




ARMINIO



Roma no imponía sus costumbres ni sus creencias a otros pueblos.
En general esos pueblos eran los que adoptaban costumbres y creencias por sí mismo, porque Roma extendía la prosperidad hacia una Europa salvaje y oscura.



Los conquistadores romanos establecían una complicada red de alianzas y lealtades (sistema que por cierto aprendieron de las redes clientelares de los íberos: la devotio).

Gracias a este sistema, Roma podía lanzar a unas tribus contra otras y hacer que el enemigo se destrozara por sí mismo, sin mover un solo legionario.

“Divide et vinces”, ( “ Divide y venceras “ ) como decía Julio César.



Y para crear estas redes de alianzas existía una figura llamada “rehen amistoso”

Muchos jefes de las tribus enviaban a Roma a su familia como garantía de su amistad con Roma.
Sus hijos se educaban en la gran Roma y conseguían el apoyo de los romanos en sus luchas contra otras tribus rivales.



Pues esto mismo fue lo que sucedió con Arminio o Hermann

Su padre Segimer , el jefe germano de los queruscos , le envió a Roma como prenda de su lealtad, y el muchacho creció educándose como un pequeño noble romano.

En Roma aprendió las artes de la guerra tal como los romanos las entendían, y llegó a ser comandante de tropas auxiliares e incluso obtuvo la ciudadanía romana



Tras su paso por las legiones romanas, luchando en la región balcánica de Panonia, Arminio volvió a Germania, donde se encontró un panorama desalentador.

Las tribus germanas a las que había pertenecido se encontraban bajo el yugo romano y soportaban toda clase de abusos.

Arminio fue planificando su venganza.
Como jefe militar, rápidamente empezó a organizar la resistencia a los romanos.

Entre unas tribus y otras, consiguió reunir a 20.000 hombres y preparó el cebo para que los romanos cayeran en su trampa.



Y preparo una emboscada en el bosque de Teutoburgo , una zona montañosa cerca de la actual ciudad alemana de Osnabrück, en Baja Sajonia en el otoño del año 9 d. C

Las confiadas legiones del gobernador Publio Quintilio Varo se sentían seguras de su superioridad.

Para ellos, los germanos no eran sino unos salvajes desunidos a los que la impresionante y bien organizada maquinaria militar romana podía aplastar sin problemas.



Esta vez, sin embargo, no iban a enfrentarse al típico germano, sino a un jefe militar educado; un comandante de legiones romanas bien entrenado y que conocía perfectamente a su enemigo, sus movimientos y su forma de pensar.

Lo dicho, las tres legiones del gobernador Varo se adentraron en el bosque de Teutoburgo con el objetivo que someter a una supuesta tribu sublevada, y allí fue donde Arminio les estaba esperando.



Los romanos fueron rodeados y masacrados, incluso su comandante Quintilio Varo

De 30.000 legionarios que componían el cuerpo del ejército en Germania, sólo 400 pudieron volver para relatar el desastre y el horror sufrido en las frías tierras del norte.



Para colmo, Arminio se quedó con las sagradas águilas, los estandartes de las legiones romanas, a sabiendas de que esto incrementaba la humillación de los romanos.



El Emperador Augusto, sufrió un gran disgusto cuando se entero del desastre.
Se dice que durante años se lamentó amargamente, y que incluso llegaba a golpearse contra las paredes gritando:

“Quintilio Varo, devuélveme mis legiones”.

Augusto encargó a Germánico, hijo de Antonia y hermano de Claudio, que diera sepultura a los muertos romanos de Teutoburgo, que recuperara las águilas y que retomara el control de la provincia, no sin antes deshacerse de todos los germanos y galos de su corte, por si las moscas.



Lo que Germánico encontró en Teutoburgo, lo relata el historiador Tácito:

En medio del campo blanqueaban los huesos, separados o amontonados, según que habían huido o hecho frente. Junto a ellos yacían restos de armas y miembros de caballos y cabezas humanas estaban clavadas en troncos de árboles.

En los bosques cercanos había bárbaros altares, junto a los cuales habían sacrificado a los tribunos y a los primeros centuriones.



Las águilas hubo de pedirlas “por favor”, o comprarlas a los germanos.

Tras una campaña sin resultados decisivos los romanos lograron la captura de la esposa de Arminio , Thusnelda, que fue conducida a Roma como botín de guerra.



El hijo que Thusnelda tuvo de Arminio fue usado como esclavo y gladiador, y terminó muriendo en la arena de un circo.

Arminio nunca volvió a ver a ninguno de los dos. Roma solo podría contentarse con eso.

Los romanos nunca más volverían a cruzar el Rin, y más allá de este río, las tribus bárbaras empezaron una evolución que, con el tiempo, destruiría al Imperio romano.

Arminio desapareció de la Historia muy poco después, ya que fue asesinado en las luchas intestinas entre tribus.




BOADICEA


Boadicea (o Boudica) nació alrededor del año 30, en la tierra de los iceni, que pertenecían a la cultura celta en las tierras más orientales de la isla de Gran Bretaña.

Su nombre significa "victoria"

Para esa época, Roma había invadido dos veces Gran Bretaña, gracias a Julio César, en el 55 y en el 54 a. C.
En el último ataque logró la sumisión de seis poderosas tribus, entre las que se encontraban los iceni.



Tras las conquistas de Julio César estas tribus se dedicaron al comercio con los pueblos latinizados de Galia, aunque otras tribus se resistieron al yugo romano durante algún tiempo más.

Los iceni lograron una independencia casi total, pagaban tributo al Imperio Romano y no eran molestados por nadie.

Su rey era Prasutagus, quien en el año 48 o 49 se casó con Boadicea, de manera que ella se convirtió en la reina de este pueblo celta.



Al poco tiempo, le dio al rey dos hijas.
Cuando Prasutagus murió en el año 60, una parte de su herencia se destinó a sus hijas, para asegurar su dote, y el resto -según el convenio con Roma- lo dejó al emperador, quien en ese momento era Nerón.

Boadicea quedó como reina regente y guardiana de la herencia de sus hijas.

Sin embargo los romanos no aceptaron la herencia de Prasutagus, pues deseaban la totalidad de sus bienes incluyendo sus tierras.



Pocos días después de la muerte del rey, los enviados del procurador romano en Britania, Catus Decianus, atacaron a los iceni con soldados romanos, expulsaron a sus nobles de sus tierras, humillaron a sus familias y los vendieron como esclavos.

Tras apropiarse de las riquezas de los iceni, los romanos exigieron el "pago" de las deudas para con la corte romana.

Como todo había sido dado en propiedad a Nerón, los iceni no pudieron pagar las exigencias de sus conquistadores.



Boadicea fue tomada como responsable de las cuentas, y los romanos desearon poner un ejemplo con ella.

Fue desnudada en público y flagelada, y sus dos hijas fueron violadas por los legionarios.
Tras el ataque, Boadicea recobró a sus hijas y regresó con su gente.

Humillada y furiosa, convocó a la guerra a todos lo que quisieran unirse a ella.
Muchas tribus rebeldes que estaban dispersadas y divididas por viejas rencillas, se alistaron bajo su mando.



Así logró reunir a más de cien mil guerreros, hombres y mujeres y ataco un fuerte romano en Camulodunum
La batalla duró varios días, y algunos romanos lograron escapar y dar la voz de alarma en Londinium (actual Londres).

Catus Decianus envió como refuerzo a solamente doscientos hombres, que fueron vencidos .
Camulodunum fue completamente destruída y sus habitantes asesinados.

La IX Legión Hispana de cinco mil legionarios fue emboscada y destruida .
Luego los rebeldes se dirigieron a Londinium.



Los romanos evacuaron la ciudad y de esta manera Boadicea no encontró gran resistencia al atacar Londinium.
Sus guerreros capturaron a los nobles romanos y los torturaron.
La ciudad entera fue derribada e incenciada.



Boadicea dejó las ruinas de Londinium y se dirigió a Verulamiun, muchos de cuyos habitantes huyeron de inmediato.

Suetonius convocó la II Legión Augusta, pero no llegaron a tiempo para defender la ciudad.
Verulamiun fue arrasada como las otras ciudades.



Había llegado el momento en que Boadicea se enfrentaría directamente al gobernador Suetonius.
Pero este no era un burócrata débil como el procurador, sino un militar entrenado y con experiencia.

Los romanos se reorganizaron y presentaron batalla. Aunque superados en número su estrategia era superior.

Según los historiadores romanos Boadicea estuvo al frente de su ejército en esta batalla, vestida con su tartana, cansada y herida, pero decidida y armada.



Muchos de los rebeldes luchaban desnudos según su costumbre, su piel pintada de azul y blandiendo lanzas y espadas.
Mas la astucia de los romanos prevaleció, y el ejército de Boadicea fue diezmado por las jabalinas de sus enemigos.



Tras esto siguieron los soldados de infantería, y por fin los rebeldes fueron rodeados por la caballería romana.
Algunos rebeldes lograron escapar, y en los años siguientes continuaron las escaramuzas contra los romanos vencedores.



Boadicea escapó también, pero sabía lo que sería de ellas si fuera capturada: Sería el trofeo de Suetonius en su marcha triunfal en Roma y sufriría violaciones y torturas antes de morir en el circo romano.
Sabía también que ni ella ni sus hijas podían esperar clemencia del emperador Nerón.



Boadicea puso fin a su propia vida por medio del veneno.
Los fieles seguidores que la acompañaron hasta el final le dieron un funeral digno de una reina y una heroína.



Pero el lugar de su sepultura permaneció en secreto, para evitar su profanación por los romanos y para que quedara como símbolo de la resistencia contra los invasores.




ATILA



Atila fue Rey de los hunos , pueblo estepario originario de China, que llegó a Europa tras la destrucción de su imperio en el Turkestán

Heredó el trono de su padre hacia el año 434, conjuntamente con su hermano Bleda.
Pero pronto se deshizo de éste asesinándole, dando comienzo su reinado en solitario en el 445.



Atila era una persona culta, educada en la cultura grecolatina y en el sistema político y administrativo romano.
Los hunos fueron también buenos colaboradores de los emperadores romanos.



La colaboración militar con Roma, sin embargo, no era gratuita.
Atila exigía fuertes tributos en oro a los emperadores en concepto de de «compra de la paz» en las fronteras, tributos que no era fácil pagar.

En aquel momento, el poder de los hunos, asentados en Panonia ( la actual Hungría), se extendía desde el mar Caspio hasta los Alpes; y se basaba en un ejército compuesto en gran parte por germanos, en el que figuraban consejeros romanos (Orestes) y griegos (Onegesies).



Atila lanzó primero sus ataques contra el Imperio Romano de Oriente, al cual sometió al pago de gravosos tributos: en 441-43 llegó hasta las puertas de la capital, Constantinopla; y en 447-49 recorrió los Balcanes hasta Grecia saqueando todo a su paso.

Se le llamaba “ el azote de Dios “ y se jactaba de que donde pisaba su caballo no volvia a crecer la hierba.



Posteriormente, sus expediciones se dirigieron contra Occidente.
En el 451 invadió la Galia, incitado por el rey vándalo Genserico a atacar el reino visigodo de Tolosa.

Tras arrasar Metz y asediar Orléans, fue derrotado en la batalla de los Campos Cataláunicos (cerca de Troyes) por una coalición formada por el rey visigodo Teodorico y el general romano Aecio y hubo de retirarse.



Se calcula que las bajas fueron cuantiosas en ambos bandos, siendo un total de 300.000 muertos.

El rey visigido murió en la batalla y el mismo Atila también estuvo a punto de perecer.

Al verse derrotado se encerro en su campamento rodeado de fosos y empalizadas y se subió a una pira funeraria hecha de monturas.
Si los romanos irrumpían en el campamento se haría incinerar para no ser capturado.
Sin motivo aparente, Aecio no ordena el ataque final, el golpe de gracia, sino que deja que el ejército huno se retire.



Probablemente temia que sus aliados visigodos se volvieran contra Roma asi que dejo que los hunos siguieran siendo una fuerza que se oponga a las tribus germanas.

Atila en el año 452 invadió el norte de Italia, arrasando Aquileya, Milán y Padua.



Las poblaciones aterrorizadas huyeron de las ciudades y se refugiaron en las montañas o en las lagunas del Adriático, momento del que data la fundación de Venecia.

Atila se dirigió hacia Roma y nada parecía detenerle.



El emperador romano de Occidente, Valentiniano III, parecía a punto de sucumbir ante el empuje de Atila.

Pero fue el papa León I quien detuvo a Atila al salirle al cruce y entrevistarse con el.

Atila era muy supersticioso y todas las personas con nombre de animal le llamaban la atención. Quiso conocer a ese líder de los cristianos y se reunio con el.



Se sabe que fue un encuentro cordial.
Atila se retiro posiblemente a cambio de un tributo.

Quizas pensó que no disponía de tropas suficiente para tomar una ciudad tan grande como Roma y sus formidables murallas.
Como haya sido , lo cierto es que Atila abandono Italia. La Iglesia lo vio como un triunfo de la cruz sobre el salvaje huno.



Se dirigió nuevamente a Panonia, en donde murió desangrado por una hemorragia nasal en su noche de bodas.

El poderío que Atila había aportado a los hunos, unificando las tribus y lanzándolas a audaces empresas de conquista, desapareció tras su muerte.



A las disensiones internas se añadió la peste, que dejó diezmados a los hunos frente al ataque germánico encabezado en el 454 por Arderico, el cual destruyó el imperio del hijo y sucesor de Atila, Elac, y forzó su marcha hacia la zona del Volga.



En lo sucesivo, los hunos no volverían a amenazar Europa, e incluso se convirtieron en un bastión que la protegió de la amenaza de los mongoles.




ALARICO



La crisis se apoderó de forma definitiva de Occidente cuando los visigodos bajo el mando de Alarico I se dirigieron hacia Italia en el año 402.

Alarico I volvió a amenazar a Roma exigiendo el pago de importantes tributos,
En el año 408 las tropas romanas abandonaron Britania mientras era invadida por nuevos contingentes bárbaros con el fin de apaciguar la situación en la Galia, pero poco pudieron hacer.



En todo el Imperio la autoridad romana se desmoronaba, y sólo las sucesivas capitales de Milán y Rávena contaban con las fuerzas suficientes para defenderse adecuadamente.

Pero en el 410 no le pudieron entregar las 4.000 piezas exigidas y Alarico ordenó saquear la ciudad.
Tal hecho fue visto por los propios romanos como el fin de una era y un ultraje inimaginable, pues la antigua gran capital del viejo Imperio caía ahora saqueada por los bárbaros.

Y mientras Alarico saqueaba la ciudad, Honorio se encontraba en Rávena rodeado de sus aduladores cortesanos y no hizo nada para evitar el saqueo.

Hacía más de siete siglos que en Roma no entraba un ejército extranjero.



Posteriormente, los godos aliados de Roma recibirían también el encargo de restablecer el orden en Hispania, lo que consiguieron con una consecuencia: al expulsar a los vándalos de Hispania en 429, éstos se dirigieron a África y la arrasaron, tomando Cartago.

Allí se apoderaron de lo que quedaba de la flota romana y aprendieron el arte de navegar, extendiendo su nuevo Imperio marítimo sin problemas por Córcega, Cerdeña, parte de Sicilia y las Baleares.



Saquearon también muchas ciudades, incluida de nuevo Roma en 455, tomada por asalto por el rey vándalo Genserico que fue más brutal que el del godo Alarico, esclavizando a los habitantes y saqueando todo aquello que poseyera riquezas, aunque gracias al Papa León I Magno, los vándalos de Genserico no cometieron las acciones que acompañaban a los saqueos, como incendios o violaciones.



Pese a que el año 476 es considerado el fin del Imperio Romano de Occidente, este ya había desaparecido hacía ya tiempo y solo se conservaba la dignidad imperial de manera únicamente nominal.

Viendo llegar el fin se enviaron las antiguas insignias imperiales a Constantinopla

Odoacro jefe germano de los hérulos, de origen huno y esciro destituyó al último emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo, en 476, y se proclamo a si mismo Rey de Italia..

Tiempo después, y ya con el imperio occidental desaparecido, el rey ostrogodo Teodorico el Grande, por orden del Imperio Romano de Oriente derrotaría y asesinaría a Odoacro, fundando así el Reino ostrogodo.

En la Galia, los visigodos estarían asentados en el Reino visigodo de Tolosa, aunque tras su derrota contra los francos, se retirarían hacia Hispania dando así lugar el Reino visigodo de Toledo.



Los vándalos permanecieron en el Norte de África hasta que el Reino vándalo fue conquistado por el general bizantino Belisario.

Y por último, en Britania, se asentarían los anglos y los sajones, que en el siglo XI serían derrotados por Guillermo el Conquistador.



El Imperio romano de Oriente desaparecería en el año 1453 con la captura de Constantinopla ( ex Bizancio ) por los turcos otomanos.

A partir del siglo XIX, las figuras de los grandes enemigos de Roma empezarían a ser ensalzadas por los incipientes nacionalismos europeos como ejemplos de los valores nacionales y símbolos de su diferenciación cultural o racial.



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