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Guía para disfrutar el placer anal

Una guía práctica para iniciarte en los placeres anales





La primera vez que tuve sexo anal fue una tragedia producto de la inexperiencia y la falta de comunicación. Tenía 17 años, más o menos, y estaba en un hotel con mi fuck buddy favorito. Los dos estábamos muy puestos y de repente sentí un dolor muy agudo del que no me libre porque tuve un ataque de orgullo y quise hacerme la muy macha. Aunque en realidad tenía ganas de salir corriendo y ponerme a llorar en una esquina.

Este recuerdo vino a mi mente porque hace unos días alguien me preguntó si había probado el sexo anal, como si se tratara de algún platillo exótico. Le dije que sí y preguntó: "¿Te gusta?" Con toda sinceridad respondí: "A veces". En mi experiencia, el esfínter es un músculo caprichoso. Algunos días coopera y otros nada más no hay forma de hacerlo ceder.

Vinieron a mi cabeza recuerdos dolorosos y otros placenteros. Después de esa primera vez, pasaron años hasta que lo volví a intentar. Otras veces ha sido muy simple: "Estás muy abierta, ¿te lo puedo meter?" Respondo: "Vas". Y todo muy bonito.

Algunas personas dicen que el sexo anal está de moda y que ya está en el menú de cualquier chica heterosexual mocha, pero la verdad es sigue siendo un tabú en muchos círculos sociales y una broma en otros.


Supongo que es comprensible. El sexo anal puede ser muy doloroso, terminar en un desastre de fluidos/excreciones y hay que ser extra cuidadoso en cuestiones de higiene —¿a quién le gusta ser cuidadoso con su higiene?—, por lo que difícilmente puede ser algo espontáneo... al principio. Hablo desde la perspectiva de una mujer hetero por practicidad, y porque creo que las mujeres tenemos que perderle el miedo a nuestro culo, empezando por esa neurosis respecto a lo escatológico que nos enseñan desde niñas. El ano es una zona erógena, cuando los astros se alinean y el sexo anal funciona es muy rico, más si insertas algo en la vagina. Y que lance la primera piedra a quién no le guste una doble penetración.

No voy a mentirte: la cosa no es tan fácil como con el sexo vaginal. Sin embargo, vale la pena intentarlo, pero intentarlo bien, con cariño y a conciencia; no hay de otra si no quieres terminar en una pesadilla de sangre y mierda. Hombres, por favor presten atención. Tomen notas de preferencia.

De una vez les digo: con esto del sexo anal, es muy importante que la persona con la que lo practiques no sea un completo pendejo, es decir, casi es indispensable que sea bueno cogiendo; tiene que entender sobre preparación de la zona, que es poco a poco, que si te duele un chingo y le dices que se salga tiene que hacerlo de inmediato sin hacerte caras ni insistir, y que después de meterla en el culo no debería esperar que se la chupes (a menos que quieras y bajo tu propio riesgo) ni ensartarla en la vagina. O se va a lavar el pito o se cambia de condón. Otra cosa que debería estar sobreentendida pero que aparentemente no lo está, es que si no quieres NO-TIENES-QUE-HACERLO, que no te presionen. Si no quieres es probable que no te sueltes (del esfínter) y vas a terminar desgarrada —literalmente— y sangrando. Así que aquí van algunos consejos para principiantes.






Prepárate

Una muy buena forma de incursionar en los goces anales es probándolo tú misma. Cuando te estés masturbando, ya que estés excitada, tócate y experimenta introducir tus dedos o juguetes sexuales. Así le puedes ir perdiendo el miedo al área.

Cuando se trata de hacerlo con alguien más, si eres súper neurótica y te gusta planear todo con anticipación, podrías considerar hacerte un enema antes de tener sexo anal, de esta forma reduces las probabilidades de que cualquier residuo de materia fecal —sí, caca, ¿qué pensabas?— abandone tu cuerpo y se adhiera al pene, dildo o dedo con el que te penetren.

Por otro lado, la alimentación también importa. De preferencia, evita la comida grasosa o pesada.

Preámbulo

El porno mainstream le ha enseñado muchas falsedades a los hombres y a las mujeres sobre el sexo, por ejemplo que no necesitan más que una erección para penetrarte analmente. Porque claro, el ano siempre está listo y dispuesto para recibir un falo. F-A-L-S-O. El sexo anal casi siempre requiere de mucho preámbulo para que funcione. Hay que besar, empezar poco a poco con un dedo, luego dos, masajear, etcétera.

Ayuda extra

El lubricante es tu mejor amigo. Tu segundo mejor amigo podría ser uno de esos lubricantes que adormecen la zona. Si vas a usar un desensibilizador recuerda aplicarlo unos 20 minutos antes de la penetración o no va a servir de nada. Posdata: a tu pareja también se le van a dormir un poco sus miembros con el contacto.

Los plugs anales y los dildos chiquitos también son muy útiles y divertidos.

No te rindas

Al principio casi siempre duele al menos poquito, pero he descubierto que una vez que ya entró la parte gruesa, funciona bien pedirle a tu pareja que se quede quieta durante un par de segundos, en lo que el esfínter se acostumbra, después ya casi no duele. Si de plano es insoportable y preferirías estar en una oficina de gobierno haciendo un trámite, para. A veces funciona bien y otras no. Ya podrá ser otro día. En este asunto, los hombres con pene pequeño pueden alegrarse.






Sé espontánea

Si no tenías planeado coger "por atrás", no tienes Anal ease ni te hiciste un enema pero cuando te metieron el dedo sentiste rico y quieres más, por el amor del Señor, adelante. Poco a poco vas a darte cuenta que las condiciones para tener buen sexo anal son medio azarosas: habrá días en los que estés muy dilatada y entre sin problemas nada más porque sí. Aprovéchalos. Y habrá otros en que por más que te den besitos y te pongan adormecedor no va a entrar.

Un último consejo

Pídele de la manera más atenta a tu compañero que ni se le ocurra venirse ahí adentro si no trae puesto un condón. Todo lo que entra al cuerpo tiene que salir, y no siempre sale inmediatamente... Esto quiere decir que tal vez salga hasta el día siguiente, cuando menos te lo esperes y no vas a poder evitarlo.

Lo peor que puede pasar es que te duela y no entre, que no te guste o que salga poquita caca, lo cual es bastante comprensible y no debería asustar a nadie. Si eres de las personas que sienten asco por los fluidos propios y ajenos, piénsalo dos veces. Pero sobre todo, no te prives de experimentar placer por prejuicios, miedos irracionales o vergüenza. El cuerpo está lleno de orgasmos potenciales. Todo se vale.












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