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Hamás es el mismo Hamás y los túneles los mismos túneles


Mientras Occidente sigue luchando contra ISIS

Hamás es el mismo Hamás y los túneles los mismos túneles






El anuncio de Hamás de que está reconstruyendo los túneles del terror (en lugar de las viviendas destruidas luego de su ofensiva contra Israel) no debería sorprender a nadie. Cual inevitabilidad propia de la ley de gravedad, el grupo que mantiene su gobierno en la Franja de Gaza bajo ley marcial, vuelve a hacer lo que siempre hizo: dedicarse al terror.


Su misión primera es la destrucción de Israel y se encarga de demostrarlo una y otra vez, algo que no sorprende para quienes esperamos que la región sea más pacífica y constructiva pero sabemos que no llegan noticias nuevas y positivas al respecto.


Ya son años de repetición de los mismos acontecimientos, en los que el terrorismo palestino repite su apuesta bélica infinita, y en los que Israel se limita a neutralizar militarmente su poder destructivo en cada contienda conflictiva.


La pregunta que siempre anda rondando es si es posible una "solución política" al conflicto, para cortar con la interminable espiral de violencia. Dada la realidad de los territorios palestinos y de todo el Medio Oriente, más convulsionado e inestable que nunca, parece algo muy lejano y completamente improbable.


Sin embargo, hay un mito que circula en los despachos de las cancillerías europeas y norteamericana, de que "la solución del conflicto palestino israelí es la llave para la estabilización del Medio Oriente", opinión que expresó el secretario de Estado John Kerry en una ceremonia de la finalización de la festividad musulmana de Eid al-Adha en el Departamento de Estado.


Tras las críticas, Marie Harf, vocera de la Casa Blanca para asuntos de Oriente Medio, intentó relativizar lo dicho por Kerry con la excusa típica de que los dichos "fueron sacados de contexto".
Khaled Abu Toameh, analista palestino del Gatestone Institute, se encarga de desmitificar esa idea y demuestra que el conflicto palestino israelí está completamente ausente en la agenda árabe y no tiene ninguna relación con los conflictos internos de poder entre las etnias, grupos religiosos y estados de Oriente Medio. En esta edición ofrecemos una traducción íntegra de su texto que desarrolla un extenso análisis que demuestra que el caos y el extremismo son el producto combinado de las tiranías fallidas y restauradas tras las revueltas seculares de la primavera árabe y de la locura islamista que quiere instaurar un califato mundial sin ninguna frontera.



El conflicto de civilizaciones como marco de comprensión


Samuel Huntington, pensador geopolítico desechado por sectores académicos y de izquierda y recuperado únicamente por sectores reaccionarios, planteaba que el reordenamiento del equilibrio del poder del mundo tras la caída de la Unión Soviética y del fin de la Guerra Fría, pasaría por criterios civilizacionales (culturales y religiosos).


El auge del islamismo militante, que comenzó en los años 80, y obtuvo un pico de protagonismo tras las crisis relativamente reciente de las dictaduras árabes (Egipto, Siria, etc.) sigue el patrón del reordenamiento civilizacional del mundo: los bloques de países se unifican por sus afinidades culturales.


Las ideologías caídas tras el fin de la Guerra Fría, (comunismo versus liberalismo) servían de agrupamiento político de los países más allá de sus diferencias culturales. Cada bloque, el soviético o el occidental, articulaba sus alianzas en función de sus estrategias políticas orientadas a un esquema de funcionamiento ideal y deseable para una sociedad, según ejes vinculados a la igualdad social o a la riqueza, pero no según la religión o la cultura (la alianza del Occidente con el Vaticano contra el comunismo no rompió el patrón, de todos modos, ya que el Vaticano, de ideología anticapitalista, "se subió al carro").


Una vez inexistente ese esquema internacional, los países van intentando aliarse con otros basándose en un criterio primario: el familiar, la identidad común. Por ejemplo, Rusia, de religión ortodoxa, armó un bloque de cooperación con los ex países soviéticos de la misma religión. China, que aún es comunista, se define más como confuciana y tiene una política explícita de alianzas con países asiáticos de común herencia confuciana. Naturalmente, el Islam iba a ser también el eje que unifica a los países musulmanes.


Pero hay un problema, los países musulmanes no tienen un centro hegemónico y no tienen una tradición estatal que encauce y estructure el poder. Las guerras que se viven en Oriente Medio son "guerras de cien años" (o más) para conseguir esa hegemonía ausente, que es más patente luego de finalizado el colonialismo occidental (al que ni los ex colonizados ni los ex colonizadores quieren volver).


En este nuevo escenario, los conflictos que van teniendo lugar se definen como conflictos étnicos o religiosos, más que estatal-nacionales. Así, el islamismo militante, con todos sus rasgos medievales, se plantea a sí mismo como un luchador civilizacional, y su enemigo es claro: es Occidente, es el capitalismo, es el cristianismo, y por supuesto, el judaísmo que representa a ellos y sus valores en Oriente Medio. No hay fronteras para esa guerra santa y lo demuestran las noticias de todos los días vinculadas al grupo terrorista estrella del momento (el Estado Islámico), que cada día llama al sacrificio guerrero a jóvenes incluso nacidos en Europa, que gustosos viajan para participar de una insólita conquista que sólo es comparable en la historia con tiempos como las campañas asesinas de los mongoles.


La meta del islamismo radical, conquistar el mundo, no es un delirio sin consecuencias prácticas. Y como hay coherencia entre su teoría y su práctica, su práctica es también delirante, aterrorizadora, fascinada con la muerte como nunca antes.


Una vez aclarado este panorama, suena aún más ridículo suponer que el conflicto árabe israelí tiene alguna llave para desactivar las tensiones de Oriente Medio. Estamos ante un drama histórico estructural que no está en manos de los israelíes y los palestinos resolverlo. Lo está en manos de los pueblos de Oriente Medio, como así también de los pueblos del resto del mundo. Y digo pueblos porque son sus dirigencias las que parcializan o distorsionan una mirada más sincera sobre nuestra historia contemporánea.


Las "civilizaciones", sus estados, sus políticos, obran en función de sus cálculos de intereses, por lo tanto no cabe sorprendernos cuando una guerrilla como ISIS avanza sin pausa y grupos étnicos más despojados como los kurdos denuncian a Occidente por su negligencia ante la acción genocida de los islamistas en su contra.


Los kurdos, si bien son musulmanes, no son árabes, no son persas, ni turcos, su ideología es democrático socialista -única en la región- y no tienen un patrón que los proteja. Un caso similar sucede con Israel, algo más trágico porque no es musulmán ni es cristiano, sino democrático y judío, y la relación de protección de Estados Unidos no está asegurada y más de una vez le "soltó la mano".


Estas son las limitaciones en las que se mueve la política, o mejor dicho "realpolitik" dictada por los intereses, y que hacen casi imposible que se hable de "solución política" si es la guerra la que mueve el mundo, y para colmo con el protagonismo añadido de la "guerra santa" que estalla cualquier visión racionalista-calculadora de los intereses (que pone límites temporales a la conflictividad).


Las democracias occidentales decidieron vivir un mundo "inmunizado" ante el terrorismo, evitando atacar las raíces de su existencia, recurriendo a la solución militar-policial cuando sus dirigencias la ameritan. Israel no es ajena a ello, y se incluye en la misma lógica, por lo tanto es hipócrita por parte de muchos intelectuales "progresistas" pedirle que sea más creativa o más "comprensiva" que Europa o EE.UU. cuando sus respuestas o reflejos ante los mismos problemas no son muy diferentes de lo que hace Occidente cada vez que es desafiado por el terrorismo islámico.
Es preciso que los pueblos rompan esa lógica entre el fanatismo religioso, su reacción racista islamofóbica y la inmunización democrática, algo que no está nuestras manos "decidirlo"… al menos analizarlo y compartir precoupaciones. La historia dirá...

http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Opinion/60905/
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