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Hijos pueden parecerse al ex de la madre

Hijos pueden parecerse al ex de la madre



El primer amor nos suele dejar un recuerdo imborrable. ¿Pero puede también dejar una huella más duradera, que perdure incluso en la siguiente generación?.

La telegonía es una teoría científica obsoleta sobre la transmisión de la herencia, que postulaba que la descendencia de una hembra y un macho podía adquirir caracteres de otro macho que se hubiera apareado con la hembra anteriormente.

Pues ahora, una trabajo publicado en la revista Ecology Letters demuestra por primera que esta forma de herencia no genética puede darse en moscas.

Para ello, un grupo de científicos australianos liderados por Angela Crean cruzaron moscas inmaduras, como sugería Weismann, con machos grandes y pequeños.

Cuando ya eran fértiles, cruzaron a las hembras de nuevo y lo que encontraron fue que "a pesar de que el segundo macho engendró la descendencia, el tamaño de la progenie lo determinaba el de la anterior pareja sexual de la madre".

Así, aunque el padre fuera grande, porque había sido muy bien alimentado con proteínas en su fase de larva, la jóvenes moscas serían de tamaño pequeño si el macho con el que se cruzó la hembra por primera vez en su etapa inmadura era pequeño.

Este hallazgo muestra que también se puede transmitir algunos rasgos adquiridos a la descendencia de parejas posteriores de una hembra".

Además este descubrimiento está de acuerdo con lo que ya entonces se suponía: «la primera "impregnación" tendría más probabilidades de influir en la hembra que las posteriores, en parte porque es más joven, y en parte porque las impregnaciones posteriores tendrían que compartir su influencia con las anteriores», como explica Yongsheng Liu, del instituto Henan de Ciencia y Tecnología de Xiangsiang (China) en un artículo publicado recientemente en la revista "Gene".

El esperma, después de penetrar en el útero, es absorbido por el organismo femenino y ejerce una influencia sobre los óvulos que aún no están maduros", como sugería ya Weismann.

Liu argumenta que hay descubrimientos recientes que permitirían considerar que esta antigua teoría no es tan descabellada. Por ejemplo el hecho de que los genes del feto pasen a la sangre de la madre, o, como publicó Bendich en Science en 1974, que el esperma pueda penetrar en otras céulas del organimos distintas de los óvulos.

Otro argumento: la capacidad del ARN masculino presente en las embarazadas para provocar reordenamientos genéticos que varían la expresión de los genes. Según Liu, el ARN de los espermatozoides podría también alcanzar los óvulos inmaduros provocando esa "impregnación".

Podemos imaginar que durante el coito millones de espermatozoides que contienen ADN se depositan en el cuerpo de la hembra y los que no se utiliza en la fertilización son absorbidos por el mismo. Si este ADN extraño se llega a incorporar en las células somáticas y los óvulos inmaduros, la descendencia podría mostrar esta influencia en su constitución genética, y de ese modo proporcionar otra base para telegonía", argumenta Liu.

Una influencia que dejaría su huella visible en el parecido con la anterior pareja de la descendencia engendrada con otro compañero distinto.

Este fenómeno, conocido como telegonia, no es muy frecuente, como tampoco lo es que el ADN o ARN de los espertazoides pueda influir en otros óvulos aún no maduros que pueden llegar a fecundarse posteriormente, lo que añade, según Liu una prueba más a sus argumentaciones, que parecen verse refrendadas por el hallazgo hecho ahora en las moscas, así lo publica ABC.es.

En ciencia los dogmas casi nunca son eternos. Y algunas teorías que habían caído en el olvido por falta de conocimientos, como las leyes de la herencia de Mendel, posteriormente han sido probadas y encumbradas.

Precisamente en 1900 las leyes de Mendel, olvidadas desde su publicación en 1866, fueron redescubiertas por Hugo de Vries. Diez años más tarde, Thomas Morgan, basándose en ellas, sitúa en los cromosomas los misteriosos portadores de los caracteres de Mendel. La genética empezaba a cobrar fuerza y todo lo que no encajara en ese nuevo paradigma, como la telegonía, estaba condenado al destierro.

Ahora nuevos descubrimientos citados por Liu podrían explicar algunas observaciones y creencias antiguas respecto a esa posible y curiosa forma de transmisión no mendeliana. En ciencia, casi todo puede ser si consigue probarse.
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