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(historia verdadera).El hombre que murio de pena

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Manfred Gnadinger, de 63 años de edad, ha sido probablemente la única víctima mortal de la catástrofe ecológica provocada por el hundimiento del "Prestige". Sin embargo, es casi seguro que ninguna estadística relacione jamás la muerte del "Alemán de Camelle" con lo sucedido en Galicia.






Manfred vivía desde hacía 30 años en una chabola de apenas seis metros cuadrados situada frente al mar en el pueblo costero de Camelle. Vestí con taparrabos, no usaba calzado y se alimentaba, básicamente, de lo que le daba el mar. Cada día corría cinco kilómetros y nadaba en las heladas aguas de la Costa de la Muerte. Cobraba un euro a los que querían visitar el estrafalario museo que había creado con sus manos y las cosas que el mar arrojaba a la playa o a las redes de los pescadores: esqueletos de peces, conchas, piedras apiladas. Pese a sus excentricidades y su carácter solitario, Man -como muchos lo llamaban- era un hombre muy apreciado en Camelle.


Se instaló en casa de una mujer de origen alemán, hasta que ésta necesitó la vivienda para sus hijos. Entonces se instaló en la chabola de la playa y cambió la ropa por el taparrabos. En una ocasión alguien lo denunció por violación, pero el pueblo de Camelle consiguió demostrar que era una falsa acusación. "Era un buen hombre. No hacía daño a nadie. Andaba siempre solo. Respondía al saludo y daba caramelos a los niños. Estaba enfermo de las piernas, probablemente de circulación", relataba uno de los vecinos.



El 18 de noviembre recibió a unos periodistas y les dijo: "El petróleo me ha matado la vida. Se me han ido las ganas de vivir. He tirado la toalla". El ermitaño alemán no quería que nadie limpiara el alquitrán de sus rocas. Tenía muy claro que había que dejarlas manchadas de petróleo, convertidas en "un símbolo de la muerte que ha destrozado la costa".




Después de la tragedia, Manfred se deprimió y, llevado por una profunda melancolía, decidió encerrarse en su casa y dejar de comer.





En sus momentos de delirio, cuando consentía en abrirle la puerta a alguno de los vecinos que acudía a su casa para visitarlo, Gnadinger aseguraba que había soñado con la marea negra mucho antes de que se produjera la tragedia. "En mi sueño el alquitrán entra en mí, se me pega en los huesos y lo siento por todo el cuerpo. Seguirá llegando alquitrán hasta que no quede más en el mar y, cuando ya no llegue alquitrán vendrá una ballena negra, muerta. Entonces la enterraré y todo habrá acabado para mí. Diré adiós, adiós, adiós..."



Mes y medio después, el sueño premonitorio del alemán se había cumplido. El sábado, dia 28 de noviembre de 2002, el patrón mayor de la cofradía de pescadores de Camelle, Carlos Tajes, alertó a la Guardia Civil de Camariñas de que Man yacía, medio tapado, en el suelo de su chabola. Pero cuando pudieron entrar, nada podía hacerse por él: Manfred había muerto. "No quiero espacular, pero Man ha muerto de melancolía", decía uno de los hombres del pueblo al que el alemán, nacido en Dresde, llegó en 1961.


Los vecinos compraron flores y velaron su esquelético cuerpo. El ayuntamiento pagó el ataúd y el entierro, que fue celebrado el lunes 30 dediciembre de 2002, y al que acudieron centenares de personas. Así, Camelle acoge ya a quien vivía para y por el mar.



DESCANSE EN PAZ.




FIN DEL POST, GRACIAS POR PASAR!!!!!
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