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Hombre se arrojó sobre granada para salvar a su mejor amigo





Hace más de tres años que abandonó los campos de batalla de Afganistán, pero el soldado de primera Kyle Carpenter aún combate cada día. La suya es una historia de heroísmo, valor extremo, sacrificio y dolorosa lucha por la vida cuando todo parecía perdido. Suele decirse que si un relato de guerra es moral hay que dudar de su credibilidad; Kyle viene a ser la excepción que confirma la regla. Hoy, tras años de rehabilitación y 30 intervenciones quirúrgicas, mira al futuro con optimismo.   
"Es difícil asimilar que hace tres años mi vida y mi cuerpo fueron destrozados por una granada del enemigo en un tejado polvoriento de Afganistán. A veces siento que aquello sucedió hace mucho tiempo pero todavía, cuando cierro los ojos, puedo sentir la sangre caliente chorreando sobre mi piel y cómo iba perdiendo el conocimiento con el último pensamiento -“voy a morir”- resonando en mi cabeza… Y aquí estoy. Sólo quiero dar las gracias y recordaros a todos cuánto significa y cuánto aprecio cada comentario, mensaje, palabra de ánimo u oración que me habéis enviado desde aquel día de noviembre de 2010. Me habéis ayudado a llegar hasta donde estoy y por ello os estaré eternamente agradecido”, escribió hace un par de semanas en la página de Facebook en la que ha ido documentando su larga recuperación,Operation Kyle
Carpenter y su mejor amigo formaban parte de una patrulla posicionada en un puesto de vigilancia avanzado próximo a Marjah, en la provincia de Helmand. Los dos marines se habían apostado sobre el techo del refugio para asegurar una carretera cercana cuando un grupo de insurgentes les lanzó una granada
21 de noviembre de 2010, una jornada cualquiera en la eterna guerra de Afganistán. Carpenter, de 24 años, y su mejor amigo, el soldado Nick Eufrazio, formaban parte de una patrulla de doce hombres posicionada en un puesto de vigilancia avanzado próximo a Marjah, en la volátil provincia de Helmand. Los dos marines se habían apostado sobre el techo del refugio para asegurar una carretera cercana cuando un grupo de insurgentes les lanzó una granada de mano. La fortuna no estuvo aquel día de su parte: el proyectil cayó cerca de Carpenter y Eufrazio y rodó hasta detenerse en el tejado.

Fue entonces cuando Kyle se arrojó sobre la granada para proteger a su amigo y al resto de la patrulla. Su cuerpo detuvo el 99% de la explosión; a cambio, el impacto le destrozó la mandíbula, que, de alguna forma, no se desprendió del todo, y el brazo derecho. También perdió la mayor parte de sus dientes y el ojo izquierdo. Aunque su cuerpo absorbió la detonación, Eufrazio se llevó la peor parte. Dos pequeños fragmentos de metralla atravesaron a Carpenter y acabaron alojándose en el cerebro de su amigo. Tiempo después, en medio de su tediosa rehabilitación, incluso tras haber sufrido aquellas terribles heridas, Carpenter contaría a sus allegados que se sentía culpable por no haber detenido completamente la explosión.
Kyle Carpenter saluda a Leon Panetta en una ceremonia militar en 2011 (Reuters)

Ante semejante acto de heroísmo, el Ejército estadounidense abrió una investigación para verificar el relato de aquel ataque. Los mandos querían saber exactamente qué ocurrió, dado que muchos miembros del Cuerpo de Marines exigían que se entregase a Kyle la Medalla de Honor. El caso es complicado: Carpenter asegura no recordar los detalles y Eufrazio aún no ha recuperado la facultad del habla debido a los daños cerebrales que sufrió en el incidente. Ambos fueron los únicos testigos visuales del ataque. El Cuerpo de Marines continúa investigando y no está claro si sus preguntas obtendrán algún día una respuesta.
Pero los marines que componían la patrulla, los soldados que se encontraban en aquel puesto avanzado de Marjah, aseguran que Carpenter arriesgó su vida para salvar la de sus compañeros. "Estuve allí aquel día. Fuí el primero en llegar al tejado y vi las consecuencias (del ataque. No tengo ninguna duda de que Kyle saltó sobre aquella granada. Las granadas desplazan todo al estallar, no lo atraen hacia el punto de la explosión. El cuerpo de Kyle estaba posicionado directamente sobre el punto de la explosión. Él era ese tipo de persona. Y Nick era como su hermano pequeño. Hubiera hecho cualquier cosa para protegerle, y así fue, dudar de ello es vergonzoso. Kyle entregó su cuerpo para hacer el último sacrificio pero no había llegado su hora. No intentó cogerla y lanzarla lejos, ni cubrirla con un chaleco antifragementación; cubrió aquella granada de la misma forma en que se enfrentaba a todo en la vida: con todo lo que tenía", contó el soldado de primera Jared Lilly al Blaze.
Tres años y 30 operaciones después de aquello, Carpenter se ha convertido en una especie de embajador para el Cuerpo de Marines y sus combatientes heridos. Inspira a sus familias y a los veteranos con su indestructible optimismo. Por ahora, ha recibido una distinción de Carolina del Sur, su hogar, una resolución en la que se reconocen los servicios prestados: destaca que Kyle "sufrió catastróficas heridas en nombre de la libertad". Mientras, Eufrazio sigue batiéndose por la vida.

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