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Impactante! higiene de la mujer en la antigüedad,sorprendete



Se conoce de sobra cómo eran las condiciones insalubres de las personas que vivían en la Edad Media. Sin embargo muy pocos se imaginan los problemas higiénicos que ocultaban los vestidos de fantasía y de las heroínas románticas de principios del siglo XIX… Dichas bellezas no tenían mucha idea acerca de los muchos beneficios de la higiene, que a nosotros nos son familiares. La verdad es que las costumbres eran de lo más extraño.



Es difícil imaginar las dificultades que tenían en la vida cotidiana relacionadas con la higiene y la salud… ¡Lo que se hacía 200 años atrás para hacer frente al olor del sudor era muy complicado, e incluso el lavado regular de los lugares íntimos se consideró causa de infertilidad!



¿Tomar un relajante baño caliente? Las mujeres del siglo pasado no experimentaban ese placer… ¡Muchas de ellas por nada del mundo hubieran aceptado tomar un baño! Los europeos creían que el agua penetraba en los poros produciendo infecciones, debilitando el cuerpo y produciendo tisis. Se creía que además, el lavado frecuente podía producir incluso heridas.



Literalmente los médicos tenían que convencer a sus pacientes de bañarse. Por ejemplo, Friedrich Biltz a finales del siglo XIX suplica a los ciudadanos alemanes en su libro “Nueva cura natural”: “Hay personas que no se atreven a nadar en un río o a bañarse, ya que desde la infancia, nunca han entrado al agua; tienen un temor infundado. Después del quinto o sexo baño uno puede acostumbrarse a él». Con lo bueno que es el baño...



Antes incluso los monarcas se bañaban sólo un par de veces en la vida: así como en el siglo XV. Se está al tanto de que Isabel se bañó sólo dos veces: en su nacimiento y antes de su boda. Luis XIV se vio obligado a bañarse obligado por sus médicos, pero lo aterrorizó tanto que prometió no volver a hacerlo nunca… Hasta el siglo XVIII, sólo se enjuagan las manos y la zona de la boca. Lavarse la cara regularmente era algo que no aconsejaban los médicos ya que se creía que producía inflamación y pérdida de visión.



En el siglo XIX la gente se bañaba sólo si estaba enferma y sólo si así lo recetaba el médico. Caliente o frío, con la adición de sales… Y así se lavaban la cara con una toalla mojada. Pero las infusiones de hierbas aromáticas eran populares, agua de rosas, almohadillas con hierbas secas en la ropa… ¿Y qué hay de las colonias? ¿Cómo lo hacían en esa época?



Los perfumes, en la época de Luis XIV incluso eran prescritos por decreto real. Sin ellos aparecer en el tribunal no estaba permitido – de alguna forma había que ahogar los olores de los aristocrátas que no se bañaban. Y hasta mediados del siglo XIX, cuando finalmente se estableció el rol de las bacterias y la suciedad en el desarrollo de las enfermedades, el baño regular fue tomado de forma masiva. Fue una suerte para todos en términos aromáticos.



A la mujer que vivía antes del siglo XX no se le recomendaba el lavado de las zonas íntimas, pues supuestamente esto las hacía estériles. ¡Peor que el lavado sólo podían serlo los libros! Los médicos argumentaban que la lectura era particularmente peligrosa, así como cualquier otra actividad mental. Para las mujeres en sus días críticos se tomaba como algo muy peligroso para su salud alguna sobretensión moral…



Por cierto, los mismos perfumes escondían el olor corporal acumulado en todas las capas de ropa, vestidos encorsetados y telas múltiples sobre el cuerpo humano, pero no lo eliminaban por completo. Sólo en 1888 finalmente se les ocurrió una manera de luchar contra el olor del sudor, el desodorante; sin embargo, sería ineficaz para nosotros. El antitranspirante, que reduce la sudoración corporal, fue inventado en 1903. ¿Y qué hay de uno de los elementos más importantes, los peinados?



Los peinados del siglo XVII eran muy complicados: el pelo era apilado por un peluquero durante varias horas. Y para crearlos, se instalaban unos soportes especiales para los peinados. Naturalmente, los peinados no se desmontaban durante semanas o meses. No es de extrañar que estas obras se convirtieran en un hervidero de bichos o en nidos de ratones. En la Edad Media en España se frotaba el cabello con ajo para luchar contra los piojos.



Una hija de uno de los reyes de Francia incluso murió a causa de sus propios piojos. Y con el fin de rascarse la cabeza, una gran dama tenía una varita especial… Y si había que lavarlo, tenían un jabón especial para el cabello. ¡Cómo si eso pudiera solucionar el monumental problema! Se utilizaban diferentes remedios caseros, como la ceniza y la mostaza. El champú, que permitió lavar de verdad el cabello y hacerlo brillante y elástico, fue inventado sólo al final del siglo XIX.



Tampoco había papel higiénico habitual en Europa. Un alemán fue el primero que conoció el papel higiénico en 1857 en uno de sus viajes a China. Los modernos y suave rollos se comenzaron a producir en el año 1890 en los Estados Unidos. Hasta entonces, como papel higiénico se usaban los medios que se tenían al alcance, principalmente periódicos… ¡En serio, estar guapa en aquellos días no era nada fácil!





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