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Incidentes Germano-Argentinos durante la primera guerra


Incidentes Germano-Argentinos durante la primera guerra



El fusilamiento del vicecónsul argentino en Dinant (agosto de 1914)




El 23 de agosto de 1914, el ciudadano francés Remy Himmer, vicecónsul argentino de la ciudad belga de Dinant, fue fusilado por tropas alemanas. Las noticias llegadas de Bélgica indicaban que además de este asesinato, las fuerzas germanas habían destruido el archivo del consulado y quitado la bandera argentina. Los periódicos argentinos, contagiados por estas versiones amarillistas y claramente inclinados hacia la causa aliada, lanzaron sus protestas. Pero el gobierno de Victorino de la Plaza se tomó un tiempo para estudiar el caso Dinant y, haciendo caso omiso de la prensa aliadófila, cerró el caso, basándose en el informe presentado por el procurador general de la Nación. En éste se establecía que Himmer no había sido fusilado por su cargo de vicecónsul argentino, que los símbolos argentinos no habían sido ofendidos por las tropas alemanas, que el archivo no había sido destruido a propósito, y que el gobierno alemán había manifestado no haber tenido la intención de agraviar al argentino. Esta actitud de las autoridades argentinas despertó las críticas de los diputados Horacio B. Oyhanarte y Alfredo L. Palacios, radical y socialista respectivamente, quienes censuraron la actitud de liberar al gobierno alemán de la responsabilidad por el fusilamiento de Himmer (1).
Junto a la actitud moderada evidenciada ante el incidente ocurrido en Dinant, otros indicios de la actitud neutral del gobierno de Victorino de la Plaza respecto de Alemania fueron su silencio ante la invasión alemana a Bélgica (comportamiento que contrastó con la actitud de abierta protesta de los gobiernos de Estados Unidos y Brasil), y la desautorización a su embajador en Washington, Rómulo Naón, respecto del proyecto de un emprendimiento conjunto argentino-norteamericano destinado a detener la deportación de ciudadanos belgas (2). Respecto a las listas negras impulsadas por el gobierno británico, las autoridades argentinas protestaron sólo después de recibir las presiones de instituciones tales como la Bolsa de Comercio, la Bolsa de Cereales, la Liga Agraria, la Unión Industrial Argentina, el Museo Social Argentino, el Centro de Consignatarios de Productos del País, y los diarios La Razón y La Prensa, entre otros


La guerra submarina decretada por Alemania a partir de febrero de 1915




Ante el evidente daño de las medidas coercitivas aliadas hacia los intereses comerciales alemanes (listas negras y permisos de navegación) , el gobierno germano reaccionó con una nueva forma de guerra económica contra Gran Bretaña y las fuerzas aliadas: la guerra submarina. Entre otros motivos por haber comenzado el envío de trigo argentino a Inglaterra, el 4 de febrero de 1915 el gobierno alemán declaró zona de guerra las aguas que rodean a Gran Bretaña e Irlanda, declarando que serían hundidos todos los barcos enemigos y neutrales situados en dichas aguas, sin previo aviso. Si bien la guerra submarina atravesó diversas etapas hasta 1917, en este lapso no fue hundido ningún barco argentino. No obstante, el riesgo para el comercio exterior argentino era significativo, pues éste se desarrollaba principalmente a bordo de barcos ingleses, cuyo porcentaje en 1913 era de 66,3% frente a 12,7% en barcos alemanes; el número de barcos mercantes argentinos era mínimo
Posteriormente, en una nota del 2 de febrero de 1917, el ministro de Alemania acreditado en la Argentina, conde Karl Graf von Luxburg, comunicaba a las autoridades argentinas la decisión del gobierno alemán del 31 de enero de dicho año de reiniciar la guerra submarina. El texto de la nota aclaraba que esta medida se aplicaba incluso contra los barcos pertenecientes a países neutrales,

por razones apremiantes de la guerra y en vista de la guerra de reducción por hambre ilegal iniciada por la Gran Bretaña, se impedirá sin dilación y con todas las armas disponibles todo tráfico marítimo en las zonas de bloqueo que circundan la Gran Bretaña, Francia e Italia y en la parte occidental del Mediterrráneo. Los límites de la zona de bloqueo serán indicados por comunicación radiotelegráfica abierta. Los buques neutrales navegarán por las zonas de bloqueo a su propio riesgo (...). Por encargo del Gobierno imperial, tengo el honor de recomendar a vuestra excelencia quiera prevenir, de acuerdo con lo que antecede, a los barcos argentinos que eventualmente estuviesen en viaje. Al mismo tiempo tengo el honor de repetir la advertencia contenida en la memoria del Gobierno imperial de 8 de febrero de 1916, sobre el "tratamiento de buques mercantes armados", en el sentido de que los nacionales de las potencias neutrales no viajarán en dichos buques. Estos buques mercantes armados serán considerados y tratados por las fuerzas de combate imperiales, como beligerantes, también fuera de la zona de bloqueo


Esta drástica decisión del gobierno alemán tuvo por objeto dejar sin efecto la política de listas negras y embargos lanzada por Gran Bretaña contra las empresas y embarques alemanes o de sus aliados, y boicotear los embarques de cosechas de trigo de la Argentina, Estados Unidos y Australia, listos para ser enviados al mercado británico . La guerra submarina que Alemania implementó contra las naves aliadas e incluso neutrales exacerbó por cierto las dificultades en el abastecimiento aliado de materias primas y alimentos provenientes de América latina, ya bastante entorpecido por la escasez de bodegas en los barcos. En el contexto de esta guerra económica por el control de los embarques, desatada entre las potencias centrales y las aliadas y cuyos efectos se sintieron también en las economías de los países neutrales, los barcos latinoamericanos y las naves alemanas en sus puertos podían ser recursos utilizables por los aliados sólo si los países de la región le declaraban la guerra a Alemania. Si bien en los puertos argentinos no existieron más de una docena de barcos alemanes estacionados y la cantidad de naves argentinas era escasa, la situación de emergencia de los aliados hizo necesario apelar a todos los recursos disponibles. Entre 1913 y 1917, el tonelaje de las naves argentinas dedicadas al comercio ultramarino y al interior disminuyó de 7.776.959 toneladas a 4.937.045, tendencia que indica que una parte de ellas fue vendida a los países aliados. Néstor Carrico publicó una lista de 27 naves argentinas que no volvieron de su viaje a Europa, donde es de suponer que fueron utilizadas para el comercio interaliado (4). La importancia de esta cuestión es la que explica las tremendas presiones a las que fue sometido el gobierno de Yrigoyen para que abandonase su política neutralista.
La respuesta del gobierno de Yrigoyen a la guerra submarina decretada por el gobierno alemán y notificada por su ministro en Buenos Aires Luxburg tuvo lugar el 7 de febrero y fue la siguiente:

Tengo el honor de acusar recibo de la nota de V.E. de fecha 2 de febrero de 1917, en la que comunicando la resolución del Gobierno Imperial de fecha 31 de enero próximo pasado, a los representantes de las potencias neutrales en Berlín, hace saber que por razones apremiantes de la guerra, se impedirá sin dilación y con todas las armas disponibles, todo tráfico marítimo en las zonas del bloqueo que circundan la Gran Bretaña, Francia e Italia y en la parte occidental del Mediterráneo. El gobierno argentino lamenta que S.M. Imperial se haya creído en el caso de adoptar medidas tan extremas y declara que ajustará su conducta, como siempre, a los principios y normas fundamentales del derecho internacional (5).


El hundimiento de la goleta Monte Protegido (abril de 1917)



El 4 de abril de 1917 se registró un hecho que tuvo impacto en las relaciones argentino-alemanas y demostró la intención del gobierno de Yrigoyen de adoptar una postura equidistante de los bandos en guerra. En esa fecha, el velero de bandera argentina Monte Protegido, que llevaba un cargamento de lino con destino a Rotterdam, fue hundido por un submarino alemán frente a las islas Scilly (islas Sorlingas), ubicadas en el área de bloqueo decretado por la guerra submarina alemana, reiniciada dos meses antes con el objetivo de neutralizar los efectos de la política de listas negras y embargos contra empresas alemanas declarada por Gran Bretaña.

El día 10 de abril el cónsul argentino en Londres, Arturo Parker, reclamó ante el gobierno británico por el incidente. Tres días después, el entonces encargado de negocios argentino en Londres notificó al canciller argentino las averiguaciones que éste le solicitara acerca del Monte Protegido: el buque era de propiedad argentina, llevaba bandera argentina izada en el mástil y en la proa, mientras su capitán y tripulación eran provenientes de Noruega, una nación neutral como la Argentina.
El 22 del mismo mes, el gobierno argentino reclamó al alemán enérgicamente, señalando que el incidente
es evidentemente contrario a los principios de Derecho Internacional consagrados, a la neutralidad observada estrictamente en todo momento por la República Argentina, y a las relaciones cordiales entre este país y ese Imperio. (...) (...) el hundimiento del "Monte Protegido (...) constituye una ofensa a la soberanía argentina, que pone al gobierno de la República en el caso de formular la justa protesta y la reclamación de las explicaciones consiguientes. El gobierno argentino espera que el gobierno imperial alemán (...) le dará las satisfacciones debidas, desagraviando el pabellón, y acordará la reparación del daño material (...)


La respuesta alemana tuvo un tono conciliador. Presentó sus excusas a través del secretario de Estado Arthur Zimmermann el 28 de abril de 1917, utilizando el argumento legal de que el barco había zarpado antes de que se declarase la guerra submarina sin restricciones y señalando la disposición del gobierno alemán a reparar el daño causado. Por su parte, el ministro alemán en Buenos Aires Luxburg sostuvo que las autoridades germanas habían resuelto desagraviar el pabellón argentino por este incidente y por el hundimiento del vapor argentino Toro . Esta actitud flexible del gobierno alemán permitió cerrar el incidente y dejar momentáneamente bien parado a Yrigoyen en su postura de neutralidad (4).
Vale acotar que el incidente ocurrido con el velero argentino Monte Protegido también generó ecos en la política interna. El gobierno argentino dispuso que los barcos alemanes internados en el puerto de Buenos Aires fuesen vigilados por guardias armados argentinos, medida que quedó sin efecto una vez solucionado el incidente. Pero además una parte importante de los sectores proaliados argentinos iniciaron una campaña en favor de la ruptura de las relaciones con Alemania. El 14 y 15 de abril, antes de que el gobierno de Yrigoyen se pronunciase ante las autoridades alemanas en repudio del incidente, se registraron tumultos en el centro de Buenos Aires. Como consecuencia de éstos, los negocios alemanes y el Club Alemán fueron saqueados, lo mismo que la legación y los diarios alemanes. Estos desórdenes fueron conducidos por el Comité de la Juventud Pro Ruptura, una organización integrada por jóvenes de la alta sociedad porteña, que contó a su vez con el respaldo de integrantes de las comunidades italiana, francesa e inglesa y muchos intelectuales aliadófilos. El día 22, el mismo que el gobierno argentino envió su protesta a las autoridades alemanas, una manifestación presidida por Francisco Barroetaveña, el socialista Alfredo Palacios, el entonces nacionalista Ricardo Rojas y otros protestó contra el hundimiento del Monte Protegido, exigiendo además la ruptura de vínculos con Alemania. No obstante, la solución obtenida en este incidente dejó la imagen de Yrigoyen bien parada, al menos durante el mes de mayo de 1917, y motivó incluso el aplauso de los diarios La Prensa y La Nación, opositores al gobierno.

El hundimiento del vapor Toro (junio de 1917)



El 22 de junio de 1917, el vapor argentino Toro, que navegaba con destino a Génova, cargado con carne congelada, cueros, lana, grasas, tanino, etc., fue hundido por un submarino alemán, a ochenta y cuatro millas al sudoeste del cabo Espartel, antes de llegar a Gibraltar.
En este caso, el gobierno de Yrigoyen se vio obligado a asumir una posición enérgica, debido a las fuertes presiones tanto internas como externas favorables a la ruptura de relaciones con las autoridades germanas. Apoyándose en la interpretación de que la resolución del caso Monte Protegido implicaba un compromiso del gobierno alemán de no hundir más naves argentinas, el canciller Honorio Pueyrredón se dirigió el 4 de julio de 1917 al ministro argentino ante el gobierno de Alemania, Luis B. Molina, con el objeto de hacer un enérgico reclamo a las autoridades alemanas en estos términos:
El Gobierno argentino al contestar la nota del Gobierno imperial alemán, anunciando la guerra submarina ilimitada, declaró que la República ajustaría su conducta, como siempre, a las normas y principios fundamentales del Derecho Internacional. Fue, fundándose en este concepto, que formuló su reclamación en el caso del "Monte Protegido" y que aceptó las explicaciones del Gobierno imperial alemán, en cuanto ellas reconocían la plenitud del derecho de la República y satisfacían la reclamación en todos sus términos. Al proceder así, este Gobierno entendía que aquella actitud tenía el alcance de colocar en lo sucesivo a los buques argentinos al amparo de las medidas de guerra de que había resuelto hacer uso el Gobierno imperial; pero, ante la reiteración del hecho, las satisfacciones morales y las indemnizaciones del daño material serían insuficientes para salvar el derecho vulnerado. En consecuencia, se ve en el caso de formular nueva protesta y reclamar, además del desagravio moral y de la reparación del daño, la seguridad del Gobierno alemán de respetar en lo sucesivo los barcos argentinos en su libre navegación de los mares.
La República desea mantener sus relaciones cordiales con el Imperio Alemán, pero no podría, por las razones aducidas, aceptar soluciones cuyos términos no significaran la consagración definitiva de un derecho.
Espera el Gobierno argentino que el Gobierno imperial alemán reconocerá la razón que asiste a la República y le acordará las satisfacciones pedidas


La respuesta del gobierno alemán llegó el 22 de julio a través del secretario de Estado Arthur Zimmermann, quien manifestó que el lugar donde se produjo el hundimiento del Toro no estaba fuera de la zona bloqueada como suponía el gobierno argentino, sino en "una zona interdicta designada en la declaración del 31 de enero y que él (el hundimiento) no es una consecuencia de la guerra submarina sin restricciones, sino de la aplicación de las reglas generales internacionales del derecho en la guerra marítima". Refiriéndose a la codificación del cargamento llevado por el vapor Toro, Zimmermann sostuvo que "el cargamento del "Toro" se componía en parte de esos artículos de contrabando absoluto. El resto del cargamento consistía en carnes y grasas, es decir, contrabando ". Además, Zimmermann añadió que el hundimiento se produjo próximo a Gibraltar, una de las bases más fuertes del enemigo, lo que daba lugar a la suposición de que el presunto destino del navío fuese un puerto enemigo . El resto de la nota del secretario de Estado alemán reflejó un tono conciliador, manifestando la disposición del gobierno imperial a indemnizar a los propietarios del barco en caso de que que así lo estimara el Tribunal de Presas, y a desagraviar la bandera argentina . No obstante este tono conciliador, el gobierno alemán advirtió que no dejaría de hundir a aquellos barcos argentinos que atravesasen la zona bloqueada

El 4 de agosto del mismo año, el canciller Honorio Pueyrredón contestó la nota de su colega alemán en un tono enérgico, sosteniendo que:

(...) La República soporta como Estado neutral las consecuencias mediatas de la guerra; pero no puede consentir como legítimo el daño directo, a base de convenciones que le son extrañas o por imposiciones de una lucha en que no participa.
No es concebible que sus productos naturales se califiquen en momento alguno como contrabando de guerra y jamás han figurado en tal carácter en los tratados celebrados por ella. Son el fruto del esfuerzo de la Nación en su labor vital, no para satisfacer exigencias de la guerra, sino para las necesidades normales de la humanidad. El Gobierno argentino no puede así reconocer que el intercambio de la producción nacional del país, sea motivo de una calificación bélica restrictiva de su legítima libertad de acción y de evidente menoscabo de su soberanía.
En consecuencia, no cabe aceptar las proposiciones que formula vuestra excelencia, y de acuerdo con el derecho que sustenta, insiste en la reparación requerida y en la seguridad de respetar en lo sucesivo los buques argentinos en su libre navegación de los mares


En este incidente, la actitud del ministro de Alemania en Buenos Aires Luxburg demostró ser sumamente ambigua. Por un lado, recomendó al gobierno imperial un tratamiento dilatorio del incidente, con el fin de esperar el reemplazo del aliadófilo canciller argentino Honorio Pueyrredón por Fernando Saguier. Por otro lado, Luxburg advirtió a su gobierno que la respuesta alemana
Finalmente, el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán (Auswärtiges Amt) encontró una solución que a la vez dejó bien parados tanto al gobierno argentino -frente a la presión aliadófila interna, que deseaba la ruptura de relaciones con las autoridades alemanas- como al almirantazgo alemán -que no estaba dispuesto a sacrificar su estrategia de guerra submarina-. Dicha solución consistió en una declaración que concedió todas las reparaciones morales y materiales exigidas por las autoridades argentinas y que se comprometió -aunque en forma ambigua- a no hundir más barcos argentinos:
DECLARACION.- El Gobierno imperial alemán, no obstante las objeciones que puede hacer a los fundamentos de la reclamación del Gobierno argentino, en su deseo de mantener las buenas relaciones que siempre cultivaron y respondiendo a los sentimientos amistosos reiterados por las partes en esta oportunidad, para dar una sanción grande y elevada a la cuestión del hundimiento del vapor "Toro", resuelve someter su solución a los mismos procedimientos observados en el caso del "Monte Protegido", y está dispuesto a abonar al Gobierno argentino el monto del valor por el hundimiento del buque "Toro" en lo que exceda a la suma asegurada.
El Gobierno imperial reconoce la libertad de los mares a la navegación argentina, según las normas del Derecho Internacional, y garantiza una actitud concorde de parte de su marina de guerra (8).

Esta declaración fue acompañada de un protocolo secreto propuesto por Luxburg para la firma de las autoridades argentinas, cuyo texto decía lo siguiente:

PROTOCOLO.- El Gobierno argentino en vista de los peligros existentes para la navegación, procurará que no salgan más buques con su bandera para hacer viajes a través de las zonas de guerra establecidas por los diferentes beligerantes. El Gobierno imperial alemán dejará pasar los buques argentinos que se hallan actualmente en viaje y que son ................... para las zonas de guerra establecidas contra sus enemigos actuales, en el viaje de ida y vuelta al país (9).


El gobierno argentino rechazó firmar este protocolo secreto, aunque dio su palabra a Luxburg de que ningún barco argentino navegaría dentro de la zona bloqueada.
De acuerdo con Weinmann, si el gobierno alemán no hubiese accedido a las exigencias argentinas de reparación moral y material por el incidente del vapor Toro, Yrigoyen le hubiese declarado la guerra. Weinmann da varios ejemplos que, en su opinión, confirman que la posibilidad de romper relaciones con Alemania realmente existió. En una oportunidad, el presidente radical comentó a un correligionario suyo, Délfor del Valle, lo siguiente respecto del incidente del Toro:

Esta tarde he mandado un ultimátum al gobierno alemán, reclamándole enérgicamente la satisfacción que exige nuestra soberanía. Si las excusas no son ampliamente aceptables, entonces, cumpliendo mi deber de presidente y de argentino, declararé la guerra a Alemania-

Luxburg relató también que el general José Félix Uriburu le comunicó que un decreto de ruptura de relaciones con Alemania -firmado por Pueyrredón, pero no aún por Yrigoyen- estaba guardado en el cajón del escritorio del presidente


La expulsión del ministro alemán von Luxburg, y la posición del Congreso argentino en favor de la ruptura de relaciones diplomáticas con Alemania


Un incidente particularmente relevante en el desarrollo de las relaciones entre la Argentina y Alemania durante los años de la Primera Guerra Mundial fue la difusión de los telegramas del ministro de Alemania en la Argentina, conde Karl Graf von Luxburg, por parte de los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, con el fin de forzar al gobierno de Yrigoyen a romper sus vínculos con las potencias centrales. Vale citar algunos de estos polémicos telegramas firmados por Luxburg:

Mayo 19 de 1917. - Nº32. - Este Gobierno ha libertado los buques alemanes y austríacos en los que hasta ahora se había colocado una guardia. Como consecuencia del arreglo del caso del "Monte Protegido" se ha operado un gran cambio en el sentimiento público. El Gobierno sólo despachará en el futuro los barcos argentinos hasta Las Palmas. Ruego a vuestra excelencia que los pequeños barcos "Orán" y "Guazú", enero 31 (fecha de salida), trescientas toneladas, que están acercándose Burdeos con el propósito de cambiar bandera, sean dejados pasar si es posible o si no hundidos sin dejar rastro. - (Firmado LUXBURG.
Julio 3 de 1917. - Nº 59. - He sabido de fuente segura que el ministro interino de Relaciones Exteriores, que es un notorio asno y anglófilo, declaró sesión secreta del Senado, que la Argentina exigiría de Berlín la promesa de no hundir más barcos argentinos. Si no se aceptara esto, las relaciones se romperían. Recomiendo rehusar y si fuera necesario buscar la mediación de España. - (Firmado LUXBURG.
Julio 9 de 1917. - Nº 64. - Sin mostrar ninguna tendencia a hacer concesiones aplácese la respuesta a la nota argentina hasta recibir ulteriores informes. Es probable un cambio de ministerio. Con respecto a los buques argentinos recomiendo compelerlos a volver, hundirlos sin dejar rastro alguno o dejarlos pasar. Todos son muy pequeños. - (Firmado LUXBURG


Cuando se enteró del contenido de los telegramas de Luxburg, el gobierno argentino reaccionó por medio de un decreto que entregaba los pasaportes al ministro alemán, declarándolo persona no grata y quedando así alejado de su cargo. La expulsión de Luxburg tuvo fuertes ecos en la política interna argentina, dando lugar a intensas interpelaciones exigidas desde el ámbito parlamentario, algunos de cuyos miembros sostuvieron que la actitud del gobierno argentino hacia el alemán no había sido lo suficientemente enérgica. El 15 de septiembre de 1917 el senador Joaquín V. González pidió la concurrencia del ministro de relaciones exteriores para que informara en el Congreso del estado de las negociaciones que habían dado por resultado la expulsión del ministro alemán. Durante la interpelación, el canciller Pueyrredón expresó, refiriéndose a los polémicos telegramas de Luxburg:

El Poder Ejecutivo consideró desde luego que los conceptos vertidos en estos telegramas hacían imposible la permanencia de ese ministro en el seno de la sociedad argentina; y, en consecuencia, procedió, después de comprobar su existencia, a entregarle sus pasaportes, ordenándole su inmediata salida del territorio, comunicando esta medida al Gobierno alemán con el carácter de su irrevocable significado


El interpelante González, por su parte, sostuvo, mostrando su disconformidad ante las palabras del canciller Pueyrredón respecto de la expulsión del ministro alemán, que

El Gobierno argentino, señor presidente, se ha contentado con la simple expulsión nominal del ministro alemán Luxburg; y después de la lectura que hemos oído, de los documentos oficiales, se ve con toda evidencia que las seguridades, las atenciones, aun las obsequiosidades que el Gobierno le ha dispensado después del decreto de su expulsión, colman la medida, y llegan a ser desproporcionadas, aventuradas enfrente de la justa excitación que se ha creado en el espíritu público; resultan excesivas en relación con la magnitud y gravedad de los hechos comprobados, y de las sugestiones siniestras -vuelvo a repetir-, que este diplomático de la antigua escuela sugería a su Gobierno con respecto al hundimiento de buques de nuestra bandera neutral; él ha usado un lenguaje soez contra el jefe de nuestra Cancillería; ha usado una conducta reprobable, por lo doble, alevosa y clandestina, tendente a complicar las relaciones de la República Argentina con las naciones extranjeras, aliadas contra el Imperio Alemán, desde que ha hecho posibles la sospecha, la duda, sobre la corrección con que el Gobierno argentino ha procedido enfrente de las naciones aliadas y de las demás neutrales de América.(...) No es posible a un pueblo como la Argentina permanecer impasible; está ligada a Estados Unidos, a la América entera, por vínculos indestructibles, marcados por los precedentes diplomáticos, sellados con tratados solemnes, que representan la historia viva del Derecho Internacional democrático y liberal. En presencia de una lucha a muerte entre la autocracia y la democracia, uno se pregunta si la República Argentina -uno de los mejores exponentes de la democracia americana-, cuando se lucha en nombre del ideal democrático, ha de permanecer con los brazos cruzados, en actitud indiferente, viendo matarse a los hombres de su mismo credo, sin tomar participación ninguna, sin interesarse en su suerte, y viendo que la raza a que pertenece libra batalla decisiva por los ideales de civilización en que se incubara su propia historia, y en cuya contienda se está luchando por su vida o por su muerte. Nuestro país, la República Argentina, donde han brillado tantos espíritus superiores, exponentes del ideal liberal y democrático, ¿ha de llevar en la contienda un papel de absoluta indiferencia, de egoísmo, de retraimiento, que con justicia llama la atención de todo el mundo, pues no se sabe explicar ya a qué obedece esta actitud tan extraña, agravada por la situación que crea el último choque, ofensivo, agraviante, para nuestra personalidad moral? ¿Tampoco nosotros, ante esta situación, hemos de tener un movimiento de protesta, de indignación, de sanción moral, que fluye de nuestra historia, de nuestra posición y de nuestro deber internacional?

y presento un proyecto que decia lo siguiente:

El Senado de la Nación, intensamente afectado por la conducta del ex ministro del Imperio de Alemania, conde Luxburg, en el asunto de los telegramas transmitidos a la Cancillería de Berlín, por intermedio de la Legación de Suecia en esta Capital, y publicados por la Secretaría de Estado de los Estados Unidos de América, por considerarla un atentado contra la moral diplomática y contra los principios más elementales de humanidad que informan nuestras leyes; contra la tradicional política de lealtad, honradez y justicia, de la República Argentina, y contra el derecho de libre navegación de los buques de su bandera neutral en la presente guerra; en la convicción de que tales procedimientos pueden comprometer la inmunidad de su bandera, la vida de sus nacionales, la neutralidad de la República y su soberanía territorial, al ejercer dentro de su jurisdicción actos de espionaje en perjuicio del comercio de la Nación y de naciones beligerantes amigas de la República; creyendo que la actitud que adopte su Gobierno en esta emergencia, debe acentuar la no interrumpida amistad fraternal que la ha unido siempre a todos los Estados de este Continente, sobre la base de comunes ideales democráticos y de justicia internacional, y no obstante la orden de expulsión del referido ministro del territorio de la Nación, lo que no basta como satisfacción en vista de la gravedad de la falta y agravios inferidos, El Senado de la Nación DECLARA: Que lo procedente en las presentes circunstancias es que el Poder Ejecutivo suspenda sus relaciones diplomáticas con el Gobierno del Imperio Alemán

El proyecto de declaración presentado por el senador González fue aprobado por una diferencia de 23 votos contra 1.
Por su parte, y tras una serie de debates que tuvieron lugar los días 22 y 24 de septiembre de 1917, la Cámara de Diputados elaboró un proyecto de declaración similar en su contenido al de González, que fue aprobado por 53 votos contra 18

A pesar de la coincidencia de criterio expresada en los proyectos de declaración de ambas Cámaras, el presidente Yrigoyen no llegó a romper los vínculos diplomáticos con el gobierno alemán, limitando su accionar a la expulsión de Luxburg.
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