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Inteligencia bacteriana



Las bacterias pueden ser infectadas por algunos virus; cuando éstos entran en contacto con ellas no siempre resulta desastroso. En algunas ocasiones los virus poseen genes útiles que una bacteria no posee y que podría emplear para, por ejemplo, ampliar su dieta con algún nutriente que antes no podía usar o para atacar mejor que antes a los organismos a los que suele contaminar.

Los científicos habían supuesto que la versión bacteriana de un sistema inmunitario destruiría de manera automatizada cualquier cosa que reconociera como genes víricos invasivos. Sin embargo, nuevos experimentos realizados por el equipo de Luciano Marraffini, jefe del Laboratorio de Bacteriología de la Universidad Rockefeller en la ciudad estadounidense de Nueva York, han puesto ahora de manifiesto que una variedad del sistema inmunitario bacteriano conocida como sistema CRISPR-Cas puede distinguir entre un enemigo y un amigo víricos. Y lo hace estando pendiente de una señal en particular.

La transcripción (el paso inicial en el proceso de lectura de los genes, incluyendo los de los virus) marca la diferencia. Se transcribe el genoma completo de los virus en su ciclo lítico (el estado destructivo), mientras que solo se transcriben algunos de los genes durante su ciclo lisogénico (el estado “pacífico” o “durmiente” del virus).

Los virus en su ciclo lítico hacen copias de sí mismos utilizando la maquinaria de una célula antes de destruirla para liberar a estos nuevos virus. En cambio, los virus en su ciclo lisogénico, se integran silenciosamente en el material genético de su anfitrión. Y aquí es donde ofrecen su beneficio potencial a las bacterias, que adoptan genes víricos para sus propias necesidades. De hecho, algunos microbios patógenos, tales como la bacteria responsable de la difteria, deben seleccionar el virus adecuado para poder atacar a los humanos.
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