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Interesados del tema: 3 leyendas muy originales.

Bueno en esta oportunidad les presento 3 leyendas muy originales. 2 de ellos, de la Argentina.
Espero sus comentarios


El Futre, jinete sin cabeza argentino



Esta leyenda nació en la Mendoza, Argentina, según dicen, cuando el ferrocarril estaba desarrollando sus ramales hacia la cordillera, a principios del Siglo XX. Existen varias versiones acerca de esta historia, pero lo cierto es que el personaje del Futre es igualmente recreado en todas: un ser fantasmagórico, que se aparece a caballo, sosteniendo su cabeza entre las manos, dispuesto a atropellar o a matar del horror a aquél que se interpone en su camino.

Se cree que esta leyenda fue importada a la provincia de Mendoza desde la que es recreada por Washington Irving, “La leyenda de Sleepy Hollow”, es decir, la leyenda del Jinete Sin Cabeza, por las grandes similitudes existentes entre ambas.

Lo cierto es que bien pudieron haberla hecho viajar con ellos los inmigrantes que llegaron a tierras mendocinas para trabajar en los ferrocarriles; y esta es una opción imposible de ser descartada… Ya que esta leyenda se repite, con sus variantes, en numerosos pueblos de Latinoamérica, sobre todo en aquellos en donde llegaron por cuestiones laborales gentes de habla inglesa.


El Futre, ya que con este nombre es conocida la espectral aparición, se aparece vestido casi de etiqueta en Mendoza… Y sosteniendo su cabeza en la diestra. ¡Menuda sorpresa para quien se lo encuentra!

Presenta aquí también, como en los restantes lugares, sus variantes. La leyenda mendocina en concreto fue adjudicada a un personaje existente, un extranjero de apellido Foster (de ahí el sobrenombre de la aparición, que deriva de este apellido) que actualmente se encuentra enterrado en el cementerio de Uspallata. Comentan las crónicas que este personaje era un empleado del ferrocarril que tenía a su cargo el tendido del ramal hacia Las Cuevas. Su trabajo era pagar los jornales a los obreros que trabajaban en las vías.

Un buen día, el solitario empleado llegó al campamento ferroviario con el fin de cumplir su cometido, pero una emboscada de ladrones acabó con su vida, desapareciendo el dinero de los jornales que debían pagarse… Así también como su cabeza. Se barajó la hipótesis de que hubieran sido los mismos jornaleros quienes lo hubieran hecho, cansados de los abusos de este hombre, y que hubieran desaparecido su cabeza por algún ajuste de cuentas; pero lo cierto es que nada fue comprobado.

Desde entonces, el Futre se aparece a quienes tienen alguna cuenta pendiente que pagar, principalmente, con la justicia. Por ello se dice que el Futre no está entre las gentes, sino está en la conciencia sucia de los malhechores.


La leyenda del conejo de la luna



Si miramos al cielo en una noche despejada y con una buena visibilidad nocturna, observando atentamente a nuestro astro natural, podremos visualizar, ayudándonos con nuestra imaginación, la imagen de un conejo saltando en él. Una vieja leyenda maya intenta explicar el por qué de esta figura: es la Leyenda del Conejo en la Luna o la del Conejo Lunar.

Esta leyenda cuenta que un día el gran dios maya Quetzalcóatl decidió salir a dar una vuelta por la tierra disfrazado en forma humana. Tras caminar mucho y durante todo el día, a la caída del sol sintió hambre y cansancio, pero sin embargo no se detuvo. Cayó la noche, salieron a brillar las estrellas y se asomó la luna en el horizonte, y ese fue el momento en que el gran Dios decidió tomar asiento a la vera del camino para descansar.

En ello estaba cuando observó que se le acercaba un conejo, que había ido a cenar. Quetzalcóatl le preguntó qué estaba comiendo, y el conejo le respondió que comía zacate, y humildemente le ofreció un poco. Sin embargo, la deidad contestó que él no comía aquello, y que probablemente su fin fuera morir de hambre y de sed. Horrorizado ante tal posibilidad, el conejo se le acercó aún más y le dijo que, por más que él sólo fuera una nimia y pequeña criatura, bien podría servir para satisfacer las necesidades del Dios, y se auto ofreció para ser su alimento.


El corazón de Quetzalcóatl se ensanchó de gozo, y acarició amorosamente a la pequeña criatura. Tomándolo entre sus manos, le dijo que no importaba cuán pequeño fuese, a partir de aquél día todos lo recordarían por aquella acción de ofrecer desinteresadamente su vida para salvar otra. Luego lo levantó alto, tan alto, que la figura del conejo quedó estampada sobre la superficie lunar. Luego volvió a bajarlo cuidadosamente y le mostró aquella imagen suya, retratada para siempre en luz y plata, que quedaría allí por todos los tiempos y para todos los hombres.

Esta leyenda también tiene su versión japonesa, donde el conejo recibe el nombre de Tsuki no Usagi. Según esta versión, apareció un día en un poblado de Japón un viejo que al parecer estaba pasando muchas necesidades, y le pidió ayuda y alimento a tres animales: un mono, que subió a un árbol y le bajó algunas frutas; un zorro, que cazó para él un ave; y una liebre, que no pudo más que regresar sin nada.

Cuando vio el sufrimiento del pobre hombre, sintió mucha pena y culpa; por lo que encendió una hoguera y se introdujo en ella como sacrificio. Al ver esto, el viejo descubrió su verdadera identidad, ya que era un poderoso dios. Apenado por el fin del animalillo, quiso inmortalizar su sacrificio dejando para siempre su estampa en la luna.

Esta versión suele contársele a los niños japoneses, explicándoles luego que los conejos hoy saltan en la tierra intentando alcanzar a su héroe en la luna.


La leyenda de los perros negros




Hacia el Malargüe, cercano al Pozo de las Ánimas se encuentra el “Puesto de los Perros Negros”, habitado por gentes de siempre… Como la mayoría de los puestos de la pre cordillera andina. Pero, ¿por qué “Perros Negros”? Los que saben, afirman que en un puesto, cualquiera que sea, deben criarse perros negros, pues ellos contrarrestan los maleficios del Diablo y sus secuaces.

Se cree que esta leyenda nació luego de que un extraño suceso hiciese rondar por los alrededores de aquél puesto a un enorme perro negro. Hace muchos años atrás, un alud de la montaña cayó sobre aquél puesto. Cuando los vecinos intentaron rescatar a sus moradores, no encontraron rastro de ellos… Más que un tierno cachorro de pelo negro y brillante como la noche estrellada. En ese momento nadie le prestó atención, atareados como se encontraban por hallar las víctimas. Nada se encontró, nada se recuperó; y del perro nadie volvió a acordarse ni se supo de él.

Meses después, otro puesto se levantó en un lugar cercano. Todo iba bien, hasta que un rayo inició un incendio. La familia logró dejar las habitaciones en forma íntegra, a excepción del hijo menor, que en ese momento contaba con dos años de vida. Los padres se hallaban desesperados y clamaban a los gritos por ayuda. De la nada, surgió el perro negro, quien penetró en la vivienda, y arrastró al pequeño afuera, sosteniéndolo cariñosamente entre sus fauces.

Luego, desapareció…


Desde entonces, circula entre los paisanos la creencia de que es buena suerte tenerlos al lado… Y muchas son las pruebas que los puesteros aportan para afirmar sus opiniones. Cuando la nieve corta el sendero, hay que dejar que el perro negro elija el camino. Seguramente lo llevará a un destino donde encontrará abrigo, leña y comida.

Si un animal se pierde en la sierra, si no encuentra el rastro del piño porque se ha desperdigado, deje que el perro negro se encargue, ya del animal extraviado, ya del piño diseminado. Seguramente a las pocas horas volverá con la oveja descarriada o para que siga al lugar en el que puede encontrar su hacienda.

Al lado del caballo, el perro negro aporta sabiduría, pues le indica el mejor camino, el más seguro, el que no tiene cuevas infames que pueden quebrarle una pata al caballo. Su ladrido se escucha a lo lejos para advertir el peligro.

En las vegas hermosas de la sierra andina, el perro negro le pinta hermosas motas al paisaje agreste pero encantador. Es un habitante más de la bella Mendoza, provincia de la República Argentina.



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