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invasor zim una serie nunca reconocida como se debe

¿Un programa de dibujitos animados para niños misántropo? Parece increíble, pero existió y se llamó Invasor Zim.



Invader Zim fue uno de los últimos (sino el último) dibujito de la época de oro de Nicktoons. Todos (al menos los que mamamos de las gloriosas caricaturas de los90s en nuestra infancia) conocemos el declive y la decadencia absoluta que hundió a ese bloque y canal como a tantos otros. Admitámoslo: los dibujitos de hoy en día son basura y los chicos de hoy jamás conocerán glorias como Rocko, Castores Cascarrabias o Ren y Stimpu o las verán y les parecerán demasiadas “raras”, “difíciles” (¡un dibujito animado difícil!). En los 90s se respiraban aires de libertad, de desenfado, de sana y gloriosa locura en la animación, como si se intentara llevar el País de las Maravillas a la TV. Hoy, la animación para niños despierta bostezos de lo chata, poco imaginativa y moralista que es, mientras que la de los adultos despierta bostezos por lo falsamente transgresiva, lo poco jugada y lo “seria” que es. El humor y el desenfado se perdieron irremediablemente.

Zim marca la última gran serie de fines de los 90s y verdaderamente su estilo es demasiado diferente al de otras perlas de Nicktoons. Conserva el absurdo y el sinsentido de Los castores cascarrabias, pero donde aquí aquellos se evidencian ante las surrealistas aventuras de dos hermanos palmípedos, en Zim se presentan ante la irrealidad y la falta de lógica del mundo contemporáneo.

Conserva el colorido de Rocko, pero con tonos más contrastados, grotescos, y casi fantasmagóricos, por momentos dark, por momentos espectral. Conserva el estilo artístico de Ay monstruos, pero en Invasor Zim todo es sucio, asqueroso, decadente, está roto o manchado, el mundo es un lugar de seres repulsivos y fantoches, que ensucian todo lo que tocan, pero con la diferencia clave de que en el Ay monstruos la suciedad y la decadencia se explican por estar ambientada en la vida de seres que habitan en las cloacas, mientras que Invasor Zim se sitúa en una ciudad común y corriente, bajo el sol: para el protagonista, la tierra es una cloaca y los humanos monstruos. Como si Taxi Driver se encontrara con La naranja mecánica.

Creo que la principal característica, que no sé si ha sido suficientemente resaltada, de Invasor Zim es una brutal misantropía. Esto es comprensible, dado que la historia está contada desde la perspectiva de un alienígena torpe y ambicioso que llegó al planeta Tierra para conquistarlo él solo, así que su odio a la raza humana es entendible. En los distintos capítulos nos situamos en el persona de éste extraterrestre que considera a los humanos como poco más que insectos y vemos lo que él ve: y lo que ve es un mundo repulsivo, absurdo, ilógico, habitado por seres idiotas o malvados, un lugar contaminado y decadente que merece ser justamente aniquilado. Sí, es una especie de Taxi Driver. Al igual que este personaje, Zim considera que el mundo debe ser limpiado; donde aquel ve calles llenas de putas, políticos, corruptos, ladrones, proxenetas y asesinos, éste las ve llenas de monos que saben usar computadoras; donde aquel ruega por “una gran lluvia que limpie las calles”, Zim busca una gran invasión que esclavice y extermine merecidamente a estos chimpancés. En ambas obras este mecanismo kafkiano de extrañamiento ante lo que es la (i)rrealidad cotidiana es posible gracias a la visión de alguien al margen, excluido de la sociedad, que la ve desde afuera como corrupta y decadente: en un caso un veterano de guerra solitario y dejado de lado por su propio país, en el otro un extraterrestre solitario dejado de lado por su especie.

La mención a Kafka no es casual: Invasor Zim alcanza en muchos momentos altitudes kafkianas: desde un robot disfrazado de peluche que ve televisión idiotizado el programa interminable de un mono que lo único que hace es gruñir y hurgarse la nariz en primerísimo primer plano, hasta el extrañamiento de Zim ante las modalidades de conducta humana como la amistad, pasando por un alien (como el de la película de Cameron) que trabaja en un McDonalds y es despedido por “asesinar de nuevo a un cliente”. Una vez más, lo que está presente acá es la sensación de falta de sentido que domina las relaciones y actividades humanas y sobre todo la extrañeza (la angustia) ante estas relaciones y modalidades.

El dibujo en la serie es oscuro, gótico, recargado. Los personajes gritan y se dejan llevar por una desesperación casi visceral en ocasiones. Los adultos y los niños son estúpidos o son malvados y groseros (notable excepción la del papá de Dib, pequeño que conoce la identidad oculta de Zim y busca a toda costa revelársela al mundo), Las personas parecen actuar de formas completamente absurdas, llevadas por una enajenación y una apatía casi sin límites: gritan, se revuelcan, tienen terror, pero nadie parece querer hacer nada y a nadie le importa nada.

Invasor Zim no tuvo gran acogida. Los niños la encontraron demasiado adulta y los adolescente semos y darks vieron solamente la estética y el estilo, haciendo de ella su bandera y por lo tanto condenándola irremediablemente. Nadie vio o quiso ver, el verdadero espíritu de la seire: no es un programa “dark” o “random” (como alega por ejemplo la celebérrima Pinguin of doom), ni con un absurdo fabricado ad-hoc y carente de humor (como tantas porquerías de Adult Swim). El verdadero espíritu del programa está en la manera brutal, absurda y misántropo de retratar a la raza humana, haceros ver como lo que somos: monos cabezones que gruñen y se hurgan la nariz.

Ah, y además es extremadamente divertida.



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