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Iran da la primera victoria contra el ISIS en Irak

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La liberación de este nudo de comunicaciones y cuna de Sadam Husein abre la ruta natural hacia Mosul, bastión del Estado Islámico





Las fuerzas leales a Bagdad, bajo el liderazgo militar de Irán, han tardado apenas una semana en izar la bandera de Irak en Tikrit, hasta ahora controlada por los yihadistas del Estado Islámico (EI). Después de rodear la ciudad de natal Sadam Husein y limpiar las aldeas próximas, las milicias chiíes y el Ejército iraquí, unos 30.000 hombres en total, lanzaron su ataque final por la parte norte. El avance hacia el centro parecía fulgurante a primera hora del miércoles, pero tuvo que ralentizarse por la presencia de francotiradores y artefactos explosivos improvisados.

Fuentes militares informaron a la cadena Al Yazira que se combatía «calle por calle». Un vídeo obtenido por la agencia AP mostró la entrada a la ciudad de los vehículos blindados del Ejército iraquí con las banderas nacionales y de las distintas milicias. La línea del frente se encontraba en el distrito de Qadisiya, el más grande de la ciudad, donde la bandera nacional sustituyó a la negra del Estado Islámico en el Hospital Militar.
Abrieron las puertas a los yihadistas para mostrar su rechazo a la autoridad chií de Bagdad
Pero una cosa es estar dentro de Tikrit y otra tener el control de un lugar que desde junio ha sido feudo del EI y donde la población local, mayoritariamente suní, abrió las puertas a los yihadistas para mostrar su rechazo a las autoridades chiíes de Bagdad. Ahora empieza una nueva batalla para soldados y milicianos en la que seguirán bajo la batuta del general de la Guardia Revolucionaria iraní Qassem Suleimani, el cerebro del sistema paramilitar que ha permitido lanzar este primer gran asalto al califato sin necesidad de cobertura de la alianza que lidera Estados Unidos. Después de décadas operando en la sombra, la guerra contra el EI ha sacado a la luz la figura de un Suleimani cuyas fotos paseando entre las tropas en primera línea del frente son la imagen del cambio que sacude a Oriente Próximo. De combatir en la guerra entre Irán e Irak y dirigir la resistencia chií frente a la ocupación estadounidense, Suleimani ha pasado a pasearse con aires de liberador por Tikrit, cuna del enemigo histórico de Irán y de la insurgencia suní.





Esta ofensiva se ha convertido de forma oficiosa en el ejemplo más claro de cooperación entre Washington y Teherán en la lucha contra los yihadistas. Un cambio de estrategia que pone nerviosos a los socios tradicionales de Estados Unidos en la región como Arabia Saudí, cuyo ministro de Exteriores, príncipe Saud al Faisal, declaró que Tikrit «es un ejemplo de lo que nos preocupa. Irán está tomando el control del país».
«La cuestión es lo que viene después»

Desde el Senado estadounidense, el general Martin Dempsey adelantó que «no hay duda de que la combinación entre las milicias y las fuerzas de seguridad iraquíes van a expulsar al EI. La cuestión es lo que viene después, en cuanto a su voluntad de permitir el regreso de las familias suníes, su trabajo para reactivar los servicios básicos o, al contrario, si llevan a cabo atrocidades».

Los milicianos chiíes comenzaron este asalto a Tikrit con el deseo de vengar a los miles de reclutas de esta secta del Islam que el EI ejecutó nada más entrar en la ciudad en verano. Los mandos tratan de contener a los suyos y personalidades religiosas como Muqtada Al Sader emitieron comunicados llamando a la calma y pidiendo a las autoridades mano dura con cualquiera que emplee «excesiva violencia» contra los civiles suníes de las áreas liberadas.

La toma de Tikrit en junio situó al EI a 160 kilómetros de Bagdad y cortó las comunicaciones con el norte del país. La capital de la provincia de Saladino es mayoritariamente suní en un país donde, tras la caída de dictador, mandan las fuerzas chiíes con el respaldo de Irán, país que les protegió durante la dictadura.

A su importancia estratégica por ser un nudo de comunicaciones, se le suma el simbolismo por ser la cuna del expresidente Sadam Husein y de la alta jerarquía del baazismo que durante décadas gobernó el país con mano de hierro. Su «liberación» supone un duro golpe para el EI y abre la ruta natural hacia Mosul, bastión yihadista, de las fuerzas leales a Bagdad, pero el éxito de la guerra a largo plazo dependerá del comportamiento de las milicias chiíes.
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