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Israel, ante una paz que ansía pero que siente lejana


Israel, ante una paz que ansía pero que siente lejana



• EL TEMOR POR UNA SEGURIDAD QUE LOS PALESTINOS NO GARANTIZAN Y LA EXPANSIÓN DE LAS COLONIAS FORTALECEN A LOS HALCONES





El canciller Avigdor Lieberman, del partido Israel Beitenu (Israel, nuestro hogar), y el primer ministro, Benjamín Netanyahu, del Likud, miembros clave de la actual coalición. El primero es la garantía de los sectores más duros contra cualquier concesión a los palestinos que pueda realizar el jefe de Gobierno por presión de Estados Unidos y otros países.



Tel Aviv - La fotografía de Isaac Rabin y Yaser Arafat dándose, adustos, un apretón de manos para sellar los Acuerdos de Oslo envejece frente a los ojos de los israelíes, que se muestran escépticos ante la posibilidad de un pacto de paz a corto o mediano plazo. Poco queda de aquella chispa, y la oportunidad de una solución basada en la convivencia de dos Estados, una de las principales apuestas de la comunidad internacional, se desvanece a medida que se radicalizan las posturas.



Desde el antiguo puerto de Jafa, Tel Aviv ofrece una panorámica plena de futuro. Las grúas de los edificios en construcción se volvieron una presencia permanente para su cerca de medio millón de habitantes. Salvo por las ruinas de la discoteca que en 2001 fue atacada por un terrorista de Hamás y que refresca la memoria, esta ciudad tiene bien ganado el apodo de "la burbuja" de Israel: aquí los refugios antimisiles pasan inadvertidos. Pero ese equilibrio es frágil. En la última ofensiva israelí en la Franja de Gaza, entre julio y agosto, las sirenas antiaéreas interrumpieron esa cotidianidad paralela.

"¿Un acuerdo de paz? No creo que sea posible. Quienes representan a los palestinos sólo intentan destruirnos", sostiene Alina, de 27 años, mientras toma sol en la playa Gordon. Inmediatamente matiza su posición. "Hasta que asesinaron a los tres colonos, yo creía que era posible una mediación", reflexiona.

Apenas a un kilómetro de esa orilla, el Mercado de Carmel vive su día más colorido: es víspera del shabat y los vendedores se apresuran a liquidar sus productos con ofertas irresistibles. Ariel, de 54 años, hace un leve sacudón con la cabeza antes de responder: "Yo quiero negociaciones, aunque a este paso voy a ver la solución cuando sea viejo... Las voces políticas en Israel a favor de ceder en ciertas cuestiones son cada vez menos. Es fundamental terminar con las colonias y que Hamás reconozca a Israel", afirma.

En Israel se habla de "izquierda" y de "derecha" en función de las posturas, más conciliadoras o más duras, en torno a la cuestión palestina. En este contexto, es un dato que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, sea considerado un centrista si se lo compara con algunos de sus socios de Gobierno.

Uno de los impedimentos para negociar que esgrimen los sectores más duros tiene que ver con la falta de garantías ofrecidas por los interlocutores en materia de seguridad. Esa preocupación alcanza a todos, desde el ciudadano corriente hasta los políticos e inversores, y se basa en la experiencia cercana: tras la retirada unilateral de la Franja de Gaza en 2005, una vez que Hamás doblegó a Al Fatah, fue apenas cuestión de días para que los primeros misiles cayeran sobre zonas civiles de Israel. El muro que divide a este país de Cisjordania es tal vez el principal paradigma de esa expresión: más allá de las condenas, su construcción unilateral significó una reducción significativa de los ataques terroristas que otrora sacudían cada rincón del país. No obstante, los asentamientos y la expropiación de tierra en Cisjordania continúan creciendo.

"Las actividades de Hamás desde 1995 hicieron mucho para empujar a los israelíes hacia la derecha y rechazar cualquier concesión a los palestinos. Cuando Israel evacuó Gaza, no esperaba que el enclave se convirtiera en la mayor base de lanzamiento de misiles. Si Hamás hubiese mantenido a Gaza tranquila, habría convencido a la mayoría de los israelíes de que la retirada valía la pena. Pero Hamás prefiere un objetivo a largo plazo, la lucha contra Israel, aunque eso sea doloroso para su propia población", sostuvo a Ámbito Financiero Meir Litvak, del Departamento de Historia de Medio Oriente y director del Centro de la Alianza de Estudios Iraníes de la Universidad de Tel Aviv.


De acuerdo con lo pautado en las negociaciones de Oslo, a partir de 1993 y por un lapso de cinco años deberían haberse sentado las bases para la creación de un Estado palestino independiente mientras Israel aseguraba el control transitorio de gran parte del territorio, una provisionalidad convertida en crónica. Desde entonces, la segunda intifada, tres ofensivas contra la Franja de Gaza y la expansión de los asentamientos en Cisjordania sumaron lastre a un conflicto que se mide en décadas.


"Para los colonos, la tierra es más importante que el país. Las personas religiosas dicen que la tierra judía es para el pueblo judío. Las personas que no creen que existe solución representan un 30% de la población", explicó Gadi Baltiansky, director de la Iniciativa de Ginebra, durante una conferencia brindada en el marco del curso "Medios de comunicación para la paz en zonas de conflicto", organizado por la Agencia para la Cooperación y el Desarrollo Internacional de la cancillería israelí y del que participó esta enviada.

"Hay muchas personas se dicen dispuestas a la paz, pero argumentan que no hay un interlocutor del otro lado. Dicen que Abú Mazen (Mahmud Abás, el presidente palestino moderado) representa sólo a Cisjordania, y que ahora está con Hamás, y Hamás es como el Estado Islámico. Esas personas representan el 40% de la población, es decir que sumadas a las anteriores, significa que más de dos tercios no creen en la proximidad de un acuerdo de paz", reflexionó.


"Cada día, cada año que no llegamos a un acuerdo, damos más fuerza a los extremistas de los dos lados. Para mí, el mejor camino para enfrentar a Hamás es debilitarlo con un acuerdo político. Creo que sería más fácil si la derecha lo lleva adelante, porque sería más fácil convencer a los sectores duros. Pero no veo ese Gobierno hoy en día, con Nentanyahu y el partido de los colonos en el poder. Es necesario que cambie la coalición. Dependemos de los líderes que lleguen a un acuerdo. Si ellos lo hacen, la mayoría del pueblo lo hará, concluyó.


http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=763516
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