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Japón: 50 curiosidades y 3 innombrables





Cualquier cosa me sorprendía al pisar suelo nipón. Para empezar, fue llegar al aeropuerto de Narita y ¡solo veía japoneses!

Guardo una lista de todo lo que me chocaba como occidental que visitaba por primera vez Asia y en particular Japón:

1. Los cuervos
Por las mañanas, nada de trinos de gorriones: lo que se oye son cuervos. Me desperté con su grajeo en un piso 32 pensando que si descorría la cortina iba a ver Tokio arrasado mientras bandadas de cuervos planeaban sobre sus ruinas.



2. La seguridad
En cualquier cafetería puedes dejar el bolso abierto con el iPad dentro y el móvil sobre la mesa cargándose y bajar al piso de abajo, irte al baño… nadie se lo va a llevar. Si estás muy cansado, hasta puedes echar una cabezadita sin miedo a que se lleven tus cosas.

3. La gente dormida
En cualquier lado y postura, sin necesidad de apoyar la cabeza o recostarse. Por ejemplo, en la mesa de un McDonalds con la bandeja delante y el móvil al lado.



4. Las cafeterías y restaurantes en plantas altas
Aunque hay millones de establecimientos a pie de calle, es de lo más común ver en la puerta de cualquier edificio carteles anunciando los restaurantes que hay arriba. De hecho, son frecuentes los rascacielos que acogen zona comercial, plantas de oficinas y un par de pisos dedicados a la restauración. Los carteles son todos del mismo formato: nombre del restaurante + foto de sus platos. Y nada de mezclas occidentales: el que es de sushi no te va a servir tempura o carnes.



6. Las toallitas húmedas
Otra cosa que te ponen en la mesa nada más te sientas en el restaurante. La versión low cost es un tissue húmedo en una bolsita. Las he visto también fuera de Japón pero allí es impensable no ponerlas. Yo lo implantaría en España.




7. No hay papeleras
Y cuando hay, ten suerte de que admita lo que vas a echarle, porque el reciclaje se sigue a rajatabla. Los occidentales debemos de tener fama de malos separadores de basuras: los camareros venían corriendo a quitarme la bandeja si me veían con intención de distribuir yo misma los restos en las papeleras.



8. Las reconstrucciones
Salvo alguna excepción – Nara, por ejemplo-, a mí todos los templos, pagodas, castillos y monumentos me parecieron construidos anteayer. Están en todo su esplendor, las maderas naranjas relucen. Por lo que he leído, son reproducciones absolutamente fieles mejoradas para resistir catástrofes. A mí me resultaba tan chocante -acostumbrada a visitar claustros con relieves erosionados, fortalezas con pasadizos húmedos, piedras desgastadas por los siglos…- que tuve que resetear para no pensar que estaba en un parque temático sobre las tradiciones de Japón.




9. Al cine por la mañana
Me disponía a desayunar mientras los japoneses entraban en el cine. Pensé que solo estaban comprando las entradas, pero no, también se metían en las salas.




10. Las letrinas
… y los WC con mandos, sobre los que no me explayo porque hay bastante literatura. Sabía que era habitual encontrarse letrinas en Asia pero no contaba con que también había en Japón. Son modernas, no hay que imaginarse nada raro. Tienen pedal para que salga el agua y sumidero. En muchos casos hay símbolos en la puerta para avisarte de lo que te espera dentro -letrina o WC occidental-. Y en algunos servicios público te dan las dos opciones y tú eliges.




11. Los lavabos infantiles
Vi en algunos baños lavabos a la altura de mi rodilla pensados para las más pequeñas.


12. Las mascarillas
Se ven por todas partes. Rara vez miras a tu alrededor y no ves alguna.





Shibuya, Tokio

13. Las plantas 13
En los rascacielos japoneses no se saltan la planta 13.



14. Las fundas de ganchillo en los asientos de los taxis
El gusto japonés por el crochet, las puntillas y los encajes no conoce límites. Imposible ver un taxi sin sus fundas de ganchillo. En el tren de Nara a Kyoto los asientos tenían fundas de plástico ¡que imitaban el crochet!





Taxis en Kamakura

15.Los niños solos en el tren
Desde muy pequeños van al colegio solos en el tren con su clásica y carísima mochila rígida y uniformados.

16. Subir por la izquierda, bajar por la derecha
Estorbaba continuamente en las escaleras mecánicas porque me colocaba en el lado incorrecto.



17. Las marcas en los andenes
Indican dónde va a estar la puerta de cada vagón y si es solo para mujeres o está habilitado para discapacitados, embarazadas, personas con niños o ancianos.

18. Las reverencias del personal de los trenes
Las hacen al entrar y al salir de cada vagón y al tomar posiciones en el andén antes de subir al tren.




19. Los que cantan las estaciones
En la cabina que hay al fondo del último vagón del tren va una persona que anuncia por megafonía la próxima estación y las conexiones. Nada de grabaciones.



20. La limpieza de los trenes
En cada final de línea precintan los accesos a los vagones y un ejército de personal de la limpieza los asea y gira los asientos para que siempre vayan en el sentido del tren.

21. Los vagones de fumadores
Aquí ya no quedan, fue una sorpresa encontrármelos incluso en el Shinkansen. Me tocó viajar en uno y la experiencia fue muy ochentera.

22. Los cubículos para fumadores
Estaban por la calle, en las estaciones… En los templos eran prácticamante la única zona para sentarse y descansar. En este caso no eran cubículos sino barracones con bancos, mesas y ceniceros.




23. La velocidad de los ascensores
Pasando en tren por el distrito financiero Shiodome de regreso de Odaiba me dejó asustada la velocidad de los ascensores en los edificios de oficinas. Además, estaban acristalados y eran exteriores. ¡Fuera vértigo! Recuerdo que en la Landmark Tower de Yokohama está el segundo ascensor más rápido del mundo.



24. Las máquinas de vending
Paredes enteras repletas de bebidas extrañas a cual más dulce. A mí no me conquistaron.



25. Las profesiones extrañas
Por ejemplo, marcadores de la cola del autobús.



26. La purificación en los templos
Del mismo modo que los católicos toman agua bendita y se santiguan, en los templos sintoístas que visité había fuentes con cacitos para purificarte. Primero vertías el agua en la mano derecha, luego en la izquierda y a continuación bebías con la mano izquierda el agua recogida con la mano derecha -la vertías siempre con el cacito, no podías poner la mano directamente bajo el chorro-.




27. Las monedas incrustadas
Esta foto no es la más representativa, pero la moneda en la cabeca y en el brazo nos dan una idea. En las estatuas y monumentos sagrados era común ver monedas incrustadas en salientes y recovecos. Hice el intento dentro del Gran Buda de Kamakura y la moneda rodó por el suelo al instante.




28. Las alpargatas colosales en los templos
Si había Buda, había alpargata. En el acceso a los templos colgaban grandes alpargatas por si un día decidía abandonar la posición del loto.



29. Las pintoras de los templos
Una bella estampa de Engaku-ji es la de las señoras pintando acuarelas por sus jardines.



30. Las bandejas para el dinero
Recuerdan a los bares de aquí, salvo que en Japón no se deja propina. En todos los establecimientos, fueran comercios o restaurantes, colocan una bandeja para dejar el dinero y el cambio. Además, son muy cuidadosos al tocar tanto los billetes como las tarjetas.



31. Las crepes
Tienen más éxito que los barquillos para servir los helados. En el metro emitían sin parar un spot de crepes Haagen Dasz.




32. Las pâtisseries
La bollería y panadería europea parece que está pegando fuerte. Yo tengo debilidad por estos productos y desde muchos metros de distancia ya olía que había una pâtisserie cerca.



33. Las maquetas de comida de plástico
Cada restaurante tiene en el escaparate sus platos en fieles reproducciones de plástico. Lo más curioso que vi fue un establecimiento de cocina española que ofrecía paella con huevos fritos por encima.



34. La cocina hawaiana
Vi muchos establecimientos de cocina hawaiana. 35. La gente que grita por las calles
Suelen ser chicas. Están de pie en la puerta de las tiendas y parecen cantar la oferta del local. En Akibahara van disfrazadas (cosplay), pero en otras zonas visten sin muchas estridencias, aunque suelen ir uniformadas. Este griterío persistente se mezcla en los barrios más concurridos con la megafonía de los camiones-anuncio






35. El siniestro “do not eat”
Desfallecida en Narita compré un gofre que venía en una bolsita. Iba acompañado de un sobrecito similar al que encuentras dentro de los bolsos al abrirlos por primera vez. Pensé que era alguna salsa para endulzarlo, pero se leía claramente “do not eat”. Dramático si no lees ni inglés ni japonés.




36. El turismo estadounidense e hindú
En realidad, apenas encontré turismo internacional, aunque sí mucho local porque visité Japón en plena Golden Week. Salvo algún francés, lo que más había era norteamericanos y familias hindúes.

37. La esvástica budista
Desconocía este símbolo, y la primera vez que lo ves impresiona bastante. Es una esvástica girada, símbolo budista que habitualmente se ve en los templos. Según he sabido después representa la eternidad, los cuatro elementos -fuego, agua, viento y tierra- y también sirve como indicador de que una comida es vegetariana y puede ser consumida por budistas estrictos.

8. Los trajeados
También hay millones en Occidente pero allí intuí un protocolo y una jerarquía muy acusados. Vi a un trajeado afeitándose en el andén del tren con una maquinilla eléctrica.

39. El perro japonés
Si aquí ahora solo se ven bulldogs, allí proliferaban los Akita Inu (raza nipona). Además, es muy común pasear al perro en carrito, a solas o varios juntos.



40. Las casas cerradas
No pude atisbar una sola casa japonesa por dentro. Las cortinas siempre están corridas, por no hablar de las viviendas de Gion, que directamente están selladas tras densos estores y hasta tablones.




41. Las terrazas anodinas
En los bloques de viviendas nadie pone plantas en las terrazas. Pero sí es común ver ropa tendida, me llamaron la atención unos enganches redondos para sujetar el nórdico recién lavado a los barrotes de la terraza.



42. Los móviles rosas
Como si fueran teléfonos de princesas Disney. Además, les encanta adornarlos con strass. He visto más iPhones blancos que en ningún lado, y muchos los llevaban hombres.

43. Hombres con paraguas blancos
En Kyoto solo había un modelo de paraguas: el transparente con varillas y mango blanco. Lo usaban indistintamente hombres y mujeres.



44. El maquillaje impecable
Las japonesas no solo tienen la piel perfecta, es que se maquillan como nadie. Los neceseres que ves en el tren y el metro no pueden estar más equipados. Son capaces de pasar un trayecto de una hora sin parar de arreglarse en el vagón.

45. El tinte castaño claro
Les favorece muchísimo y es el color de pelo que más se ve aparte del negro natural.

46. El turismo con tacones
Pasear por la arena y por los jardines de los templos es posible con tacones. He visto a muchas más japonesas haciendo turismo arregladas que informales.



47. Ni gafas de sol ni sombreros
El look del turista nipón que conocía solo se ve fuera de Japón. Allí rara vez llevan sombrero para protegerse del sol, salvo las señoras mayores, y casi nadie usa gafas de sol. He visto sombrillas, pero poquísimas si lo comparamos con lo mucho que las utilizan cuando visitan España. Tal vez tenga que ver el que todavía fuera primavera.



48. American Eagle hace furor
Sobre todo entre los hombres, porque visto está que a ellas les va el look romántico. Había cientos de bolsas de la marca por la calle y en los centros comerciales.



49. El gusto por lo que aquí sería cursi
Hay estampados de corazones y lazos por todas partes, no solo en Harajuku, aunque allí es la norma. Caso extremo: una chica peinada con dos coletas adornadas con fresas de plástico.



50. El uniforme de las veinteañeras
Hay una tribu en cada país que marca la tendencia: chicas veinteañeras que van en grupo vestidas sin salirse del guión. En Japón su uniforme es el de estas fotos:








Y termino con los innombrable antes y (casi) durante el viaje.

1. Los terremotos
Durante el día no me acordaba de lo que había pasado en Japón en marzo de 2011. Pero por las noches vivía terremotos psicológicos. Estaba en plantas altas (32 y 34 en las dos estancias en la capital nipona), tanto que cada vez que descorría la cortina me apabullaba ver la inmensidad de Tokio a mis pies. ¡Esa ciudad tiene 13 millones de habitantes! Pero lo peor no fue la aprensión, sino constatar en el desayuno que sí, que la noche anterior se había producido un terremoto de magnitud 5 con algo. Para los japoneses será lo más corriente, para mí no…

2. Las 12 horas de avión (+2 de conexión)
Pensé que aterrizaría en Tokio con algún tipo de demencia. No soporto estar en el aire. La sensación de “a tomar por saco, se acabó todo” me puede durar todo el vuelo. Es tal el trauma que hoy no me acuerdo de nada, no sé si por el pánico o por los orfidales: ¿qué comí? ¿dormí? Vi tres o cuatro películas y solo recuerdo el título de dos y ni siquiera sé cómo acababan. Terminé en el avión Una cuestión personal, de Kenzaburo Oé, y en Tokio tuve que releer las últimas páginas para ver que hacían al final con el niño.



3. El regreso
Por todo lo anterior me había vetado pensar en el regreso. Primero superemos ese trance, me decía, y luego veremos si la vida sigue. Una vez allí, ¿qué forma había de regresar por tierra firme partiendo de, por ejemplo, Vietnam? Para la próxima visita a Japón he consultado la ruta en coche en Google Maps. El resultado es 7 días + 19 horas sin contar noches hasta Hanoi pasando por Afganistán, Irán o Myanmar. Después bordeas la costa oriental china y en Shanghai coges un ferry hasta Osaka o Kobe.

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