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Jardines verticales, tapices “verdes” en la ciudad

Los jardines verticales son tendencia actualmente en las principales ciudades del mundo. Las claves de su éxito radican en su contribución al ahorro energético del edificio, en la mejora de la calidad del aire y en la atractiva imagen que proyectan.

Los jardines verticales conforman la mejor opción, junto con los tejados vegetales, para cubrir de verde las construcciones de nuestras ciudades. Además del agradable efecto estético que proporcionan al paisaje, sus ventajas medioambientales son relevantes, ya que se convierten en auténticos reguladores térmicos del inmueble al lograr reducir notablemente su temperatura exterior.

Los edificios que cuentan con jardines verticales disfrutan de un gran ahorro energético atribuible a la acción protectora del tapiz verde sobre la fachada, a la que aporta sombra y aislamiento acústico. De esta forma, el gasto del inmueble en climatización disminuye, al igual que lo hace el nivel de emisiones contaminantes a la atmósfera.



Si bien, tanto las fachadas verdes como los tejados vegetales actúan como reguladores térmicos de los inmuebles donde se instalan, existen claras diferencias entre ambas modalidades: mientras que en los segundos las plantas sí agarran a la tierra, en las primeras, estas crecen sin ningún tipo de suelo, pero necesitan -como toda especie vegetal- el agua y los nutrientes disueltos en ella, la luz y el dióxido de carbono.

El secreto de los jardines verticales está, por lo tanto, en la elección de las plantas adecuadas, es decir, en las categorías que apenas requieren agua, fertilización y poda –como las crasas, las aromáticas, las vincas, etc.- y en las especies que usan de soporte a otras especies en lugar de enraizar al suelo, tales como los musgos, los líquenes, los helechos y las orquídeas, entre otras.



Pero el soporte resulta fundamental en los jardines vegetales, cuyo mayor riesgo consiste en que la vegetación enraíce en la fachada o en el tejado, con los perjuicios que esto podría ocasionar sobre los mismos. Así, es importante que el muro donde van las plantas esté bien concebido desde el punto de vista medioambiental y que no busque únicamente un efecto estético potente.

El botánico francés Patrick Blanc, toda una autoridad en la materia, usa como soporte una base metálica, una capa de PVC, y otra de fieltro, y consigue colocar sobre esta estructura unas 30 plantas por metro cuadrado sin superar los 30 kilos de peso. Gracias a su ligereza, los tapices verdes de Blanc pueden montarse en cualquier tipo de edificio.

Actualmente, la intención de fabricantes, paisajistas y diseñadores pasa por incorporar infraestructuras y armazones de materiales ecológicos para completar el concepto “verde” del jardín vegetal.

Así, se aprecian los soportes fabricados con bambú y las iniciativas que parten de componentes reciclados, como la idea del estudio de diseño turco Designnobis, consistente en reutilizar como contenedores de plantas los vasos de las máquinas de café y de los restaurantes de comida rápida. Con ellos, dispuestos en un panel de aluminio reciclado, se crea un divertido y original jardín vertical.



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