Check the new version here

Popular channels

Jariyismo, rama más violenta del islam





Jariyismo, la rama más violenta de la historia del islam


Esta secta nacida en el 657 creó conceptos como el «isti'rad», que predica el asesinato en masa de todos los infieles, asumidos en la actualidad por el Estado Islámico o Al Qaida








Hace cinco meses, el gran muftí Abdul-Aziz ibn Abdullah Al ash-Sheikh llamaba despectivamente «jariyitas» al Estado Islámico y Al Qaida.


Con esta expresión olvidada, la máxima autoridad religiosa de Arabia Saudí quería equiparar a ambas organizaciones terroristas con la corriente más intransigente y radical de la historia del islam: el jariyismo. Esta secta nació solo 25 años después de la muerte de Mahoma y parte de su doctrina, según algunos expertos, ha sido asumida por el terrorismo yihadista actual. Pero, ¿quiénes son y cómo surgieron?



Su ideología ha sido definida por reputados autores como la de «los musulmanes fanáticos decididos a mantener las tradiciones de La Meca a toda costa». Comenzó a fraguarse tras la crisis política que generó la muerte sin descendencia del profeta en el 632.


Sus sucesores, Abu Bakr, Umar ibn al-Jattab y Omán, iniciaron y consolidaron la expansión del islam por toda la península Arábiga, pero cometieron el error de no atajar las intrigas y los crímenes que se dieron entre los diferentes clanes durante la primera época.


El segundo de los califas «bien guiados», como se los conocía, fue de hecho asesinado por un esclavo cristiano (644), mientras que el tercero, un importante hombre de negocios de La Meca, y la persona que fijó la versión definitiva del Corán, fue quemado vivo en su casa por favorecer los intereses de su clan, los poderosos Omeyas.




«Los que se salen»


La aparición de los jariyitas se produjo con el sucesor de éste, Ali Ibn Abi Talib, primo y yerno de Mahoma y el último de los cuatro califas ortodoxos, que fue acusado de estar implicado en la muerte de Omán.


El impacto en la población fue tan importante que sus responsabilidades fueron sometidas a un arbitraje, cuyo resultado desfavorable provocó el primer gran cisma de la historia del islam.



Los musulmanes quedaron divididos en tres corrientes: los sunnitas, que defendían la pertenencia de los futuros califas a la tribu de los coraichitas; los shiítas, que creían que estos debían ser descendientes o miembros de la familia de Mahoma, como era el caso de Alí, y los jariyitas («los que se salen»), que no aceptaban el arbitraje y consideraban que cualquier buen musulmán, independientemente de su ascendencia, podía ser nombrado califa.



La escisión fue irreversible y traumática, pues los jariyitas comenzaron su andadura tiñéndose las manos de sangre con el asesinato de Ali.


Tras el magnicidio, cada corriente elaboró su propia doctrina, siendo la de estos la más extrema, fanática y radical de todas, pues se basaba en la más absoluta intransigencia contra los infieles y malos musulmanes.

Creían que todos los hombres debían cumplir fielmente con los pilares de la nueva fe y debían llevar una vida totalmente exenta de «pecado».


Una rasgo doctrinal que, según muchos investigadores, los emparenta con el salafismo actual más radical a través de varios conceptos.







El «takfir» y el «isti'rad»



El primero, el «takfir», que establecía que cualquier musulmán que cometiera un pecado debía ser asesinado. Tal es así, que entre los milicianos y los dirigentes del Estado Islámico abundan los «takfiríes» (en referencia a esta creencia), además de los «najadatas», ambas sectas del jariyismo que defienden el uso de la «violencia purificadora».


Estos preceptos fueron seguidos a rajatabla por los jariyitas medievales y asumidos, además de por el EI, por el terrorismo yihadista del «Grupo islámico Armado» de Argelia, así como por Al Qaida y otros grupos terroristas marroquíes en la década de los 90.



La idea de que la doctrina del Estado Islámico es una continuación del antiguo jariyismo ha sido defendida por muchos expertos, como Nawaf Obaid y Saud Al-Sarhan en un reciente artículo publicado en The New York Times.


Creen que no solo cumplen con el «takfir», sino con el «isti'rad», otro concepto antiguo según el cual deben llevarse a cabo asesinatos en masa de todos los civiles, incluidos mujeres y niños, que no sigan los preceptos de la fe a raja tabla.



El profesor Morteza Motahhari, uno de los principales intelectuales del islam, definía en los años setenta que los jariyitas «eran un brote de ignorancia y estancamiento dentro de la religión» y aseguraba que «sus principios se enfrentaban a todo lo nuevo». «Llamaban “herejía” el seguir los dictados del intelecto, aún cuando en muchos versículos del Corán se llama al hombre a razonar y reflexionar siguiendo los caminos del intelecto», aseguraba en un artículo sobre el califa Alí, donde explicaba también que defendían una concepción de la educación totalmente muerta y estancada, muy al contrario que otras corrientes islámicas que, más tarde, impulsarían la ciencia, la investigación y el desarrollo del hombre.




Toda esta doctrina prendió rápidamente en el Magreb y en el actual Túnez tras el asesinato del gobernador Al-Lazid Ibn Muslim, disfrutó de una importante aceptación durante los siglos inmediatamente posteriores a la escisión del islam, en especial entre las poblaciones más pobres y desvalidas. Sin embargo, en la actualidad son muy pocos y solo se encuentran representados, más allá del entorno terrorista, en la isla de Djerba, en la región del oasis del Mzab (Argelia) y en Omán, donde constituyen el 60% de una población actual de tres millones de habitantes.






Fuente



0
0
0
0No comments yet