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Jesús está vivo - Padre Emiliano Tardif - parte II

2 NAGUA Y PIMENTEL

A.- NAGUA


Después del año que supuestamente debía pasar en el hospital regresé a la República Dominicana.

Mi superior me destinó a una parroquia en la ciudad de Nagua.
Al llegar convoqué unas cuarenta personas para darles el testimonio de mi curación.
Recuerdo que invité a los enfermos a pasar el frente para orar por ellos.
Para mi sorpresa, había más gente en el grupo de enfermos que entre los sanos.

Esa noche al Señor se le ocurrió sanar a dos de ellos. La asamblea estalló en gran alegría y los sanados daban testimonio por todas partes.

Así, humildemente, comenzó una historia que no nos imaginábamos sería tan maravillosa.
A partir de las curaciones que el Señor realizaba, nuestro grupo se asemejaba al Banquete del Reino de los Cielos: los invitados eran los cojos, los sordos, los mudos y los pobres.

Cada semana el Señor sanaba enfermos. En agosto sanó a doña Sara que tenía cáncer en la matriz.
Ella estaba desahuciada y la habían regresado del hospital para que muriera en su casa. La llevaron a la reunión y durante la oración por los enfermos sintió un profundo calor en el vientre y comenzó a llorar. Poco a poco se dio cuenta que la enfermedad desaparecía.
A los quince días estaba completamente sana y volvió al grupo de oración para dar su testimonio, llevando en sus manos su mortaja; los vestidos que sus hijos le habían comprado para el día de la sepultura.

La gente venía en gran número. Todos cantaban con alegría y alababan a Dios espontáneamente. Ante las curaciones y prodigios estallaban de gozo y contaban a todo mundo lo que pasaba en la parroquia.

A raíz de estas reuniones tan festivas y hermosas algunos sacerdotes comenzaron a decir sarcásticamente:- El padre Emiliano se sanó de tuberculosis pero se enfermo de la cabeza.

Porque oraba en lenguas y creía en el poder sanador de Cristo, afirmaban que me había vuelto loco. El Señor nos dijo mediante profecía:

"Yo trabajo en la paz. Les doy mi paz. Sean mensajeros de paz. Comienzo aderramar mi Espíritu en ustedes. Es un fuego devorador que va a invadir a la ciudad entera. Abran los ojos porque verán señales y prodigios que muchos desearon ver y no vieron. Yo lo digo y yo lo hago".

Estábamos delante de la obra del Señor. De eso estábamos seguros. Los milagros continuaron tan numerosos que no los podría contar: parejas que vivían en concubinato se casaron, jóvenes fueron liberados de las drogas y el alcoholismo.
Era la pesca milagrosa: después de haber pasado mucho tiempo lanzando el anzuelo, ahora el Señor llenaba tanto las redes que hasta se me imaginaba que la barca se hundiría (Lc 5, 7).

Jesús estaba liberando a su pueblo de las cadenas de esclavitud. Los jóvenes que ya no se interesaban por la Iglesia y la fe, comenzaron a encontrar y proclamar que Jesús era su libertador.

En un retiro parroquial proclamamos a Jesús y luego oramos por la salud de los enfermos durante la Eucaristía. La primera palabra de conocimiento que tuve fue:

"aquí hay una mujer que está siendo curada de cáncer. Ella siente un fuerte calor en su vientre".

Seguí orando y hubo otras palabras de conocimiento que fueron confirmadas por los testimonios. Sin embargo, nadie reportó la primera.

Al día siguiente una señora delante del micrófono dijo a todos:

“Tal vez se sorprendan por verme aquí. Soy pecadora pública que he pasado muchos años en la prostitución. Ayer quise venir a misa de sanación, mas por la vida que he llevado, me dio vergüenza entrar y me quedé un poco lejos, atrás de la empalizada. Estaba enferma de cáncer. Incluso llevo dos operaciones que no han detenido la enfermedad, pero cuando el sacerdote dijo que una persona estaba siendo curada de cáncer sentí que era yo.”

El Señor la sanó no sólo de cáncer de su cuerpo, sino también del cáncer de su alma. Se arrepintió y comulgó al día siguiente. Cuando la vi comulgar con tanta alegría y lágrimas de felicidad en su rostro, recordé el regreso del hijo pródigo que come el becerro cebado que su padre le había hecho matar.

Ella estaba recibiendo al mismo Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, purificando su alma y cambiando su vida. Ella regresó al prostíbulo para testificar a sus compañeras con lágrimas en los ojos:- No vengo a decirles que dejen esta vida. Sólo quiero hablarles de mi amigo Jesús que me rescató y cambió mi vida.

Les contó su curación y conversión. Luego pidió permiso para hacer un grupo de oración en el mismo prostíbulo y todos los lunes se cerraban las puertas al pecado y se abría el corazón a Jesús.

Había oración, lectura de la Palabra y cantos. El Señor no terminó allí su obra. Después de un año se organizó un retiro para 47 prostitutas de la ciudad. Es el retiro donde he visto actuar con más poder la misericordiade Dios. Hubo arrepentimiento, conversión y confesiones. 27 dejaron su antigua vida, y según informes recientes, 21 han perseverado en el camino del Señor. Algunas hasta se han vuelto catequistas; otras animan grupos de oración testificando poderosamente cómo el amor misericordioso de Dios las ha transformado.

De las 21 casas de prostitución que había en la calle Mariano Pérez no quedaron más que cuatro. Personas del mismo grupo de oración visitaron todas estas casas y el Señor las transformó.

Aquí conviene mencionar otro caso de una de estas mujeres, de las cuales Jesús dice que aventajarán a los escribas y fariseos en el Reino de los Cielos: Diana fue tocada por el amor de Dios y ella se entregó al Señor, sin embargo, su restablecimiento fue lento y doloroso. Incluso tuvo una recaída en su antigua vida a causa de problemas económicos. Cuando se hallaba lejos, el Señor le habló y le dijo:- “Diana, quien me sigue, camina en la luz y no le falta nada”

Ella se arrepintió y volvió al Señor. Hasta que se hizo catequista y hoy día testifica con gran poder en los retiros la misericordia del Señor, formando parte de un equipo de evangelización y ya quisieran muchos sacerdotes el poder que ella tiene para proclamarla vida nueva en Cristo Jesús.

Según estadísticas en Nagua había unas 500 casas de prostitución. Más de un 80% cerró sus puertas.
No todas se convirtieron pero sí todas fueron alcanzadas por el mensajede Jesús vivo. Incluso varias de estas casas que estaban al servicio del pecado y el egoísmo, se convirtieron en casas para grupos de oración. Fue tan notorio el cambio que llegaron a decir: "Nagua era la ciudad de la prostitución, pero ahora es la ciudad de la oración"

Hoy día no hay calle en Nagua sin grupo de oración. Estos son grupos evangelizadores que anuncian y llevan a las personas a un encuentro personal con Jesús vivo.

El caso de Nagua nos da una idea ahora de lo que son los carismas en la evangelización. No son adornos accidentales, sino vehículos de evangelización.

Hay muchos que niegan los carismas, diciendo que no tienen importancia. Simplemente les recuerdo que Nagua fue sacudida por el Evangelio y cambió su fama de "la ciudad de la prostitución" gracias a un retiro de prostitutas.

Este retiro se llevó a cabo por una mujer que, como María Magdalena, siguió a Jesús y luego lo testificó. ¿Por qué? Porque fue sanada de cáncer. Una humilde curación física desencadenó una transformación social. Así se instaura el Reino de Dios, a través de acontecimientos tan pequeños y sencillos que,como granos de mostaza, al germinar dan fruto abundante.

¿Quiénes somos los hombres para desechar los caminos de Dios?

HASTA AQUÍ PARTE II



Fuente:Sitio español en internet Libros Escritos (texto de la página en inglés).


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