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Jesús y la samaritana

A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid.
Isaías 55:1


Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación.
Isaías 12:3


Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.
Apocalipsis 22:17

Jesús y la samaritana

(Lea Juan 4:5-15)
Una mujer había ido al pozo de Sicar, pues tenía sed. Su cántaro estaba vacío y su corazón también. Tenía sed de paz. Había tratado de encontrar la felicidad en muchos placeres, pero no la halló. ¿Por qué había salido a esa hora del día? Probablemente porque no quería encontrarse con nadie; se avergonzaba de su vida.
Pero, ¿a quién vio? Junto al pozo había un hombre cansado que parecía estar esperando. Ella se acercó, pero el hombre era judío. ¿Despreciaría a los samaritanos? De todas formas iría hasta el pozo a sacar agua… Pero este hombre le habló con bondad: “Dame de beber”.
La mujer, sorprendida, le dijo: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana?” (v. 9).
Jesús le respondió: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (v. 10).
¿Agua viva? Eso la intrigaba. Jesús añadió: “Cualquiera que bebiere de esta agua (del pozo), volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (v. 13-14).
Ese día, esta mujer encontró la fuente de agua viva, la fuente de la felicidad, es decir, el Salvador del mundo.
Si usted trata de satisfacer una sed intensa de felicidad, Jesucristo siempre está listo para dar esta “agua viva” a todo aquel que escucha su voz. Hoy se dirige a usted: “Si conocieras el don de Dios…”.
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