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Judios de la China

Cada vez se han dado más pasos en la última década para llegar a la comunidad judía china, a la luz de una mejora dramática en las relaciones chino-Israel.

Se calcula que viven en China alrededor de 2.500 Judios. La Judería china fue noticia recientemente después de que unos 100 Judios celebrasen una Seder de Pesaj en Kaifeng , en cooperación con la organización Shavei Israel.




Los eruditos creen que los primeros Judios se establecieron en Kaifeng, que era una de las capitales imperiales de China, durante el siglo octavo o noveno. Se dice que eran comerciantes judíos sefardíes de Persia o Irak que hicieron su camino hacia el este a lo largo de la Ruta de la Seda y se establecieron en la ciudad con la bendición del emperador chino.

En 1163, los judíos de Kaifeng construyeron una sinagoga grande y hermosa, que fue posteriormente renovada y reconstruida en numerosas ocasiones a lo largo de los siglos. En su apogeo, durante la dinastía Ming (1368-1644), la comunidad judía de Kaifeng puede haber contado hasta con 5.000 personas. Pero los matrimonios mixtos y la asimilación generalizada, así como la muerte del último rabino de la comunidad, provocaron su desaparición a mediados del siglo 19.

Sin embargo, muchas de las familias que buscaban preservar su identidad judía y pasarla a sus descendientes, continuaron observando los ritos judíos. En la actualidad, se calcula que existen aproximadamente 1.000 descendientes de judíos de Kaifeng.




Los judíos y los chinos son dos pueblos de antigua data que lucharon, cada uno a su manera, para preservar su tradición e identidad en procesos de modernización. Una diferencia es que los chinos, más que otros pueblos, están aislados y concentrados en un solo lugar, mientras que los judíos son el pueblo más disperso del mundo.

La relación más interesante entre los chinos y los judíos aparece precisamente en el Tratado Teológico-Politico de Spinoza, que entendió la gran probabilidad de que las dos civilizaciones más antiguas del mundo recuperaran su independencia, porque ambas preservaban tenazmente sus diferencias específicas. Fue el primero en entender que, aparentemente, hay una ley histórica común aplicable a judíos y chinos por igual. En su libro, Spinoza compara los dos signos externos que preservan la peculiaridad de estos pueblos: la circuncisión en los judíos y la trenza en los chinos.

Con el telón de fondo de la gran China, considerada como una de las potencias del mundo moderno, la larga historia de los emperadores chinos, su cultura peculiar y el poder del Partido Comunista hasta hace poco tiempo, la prolongada existencia de una pequeña comunidad judía en Kaifeng debe ser vista como algo asombroso; por otra parte, el actual despertar y renacimiento de la comunidad de los descendientes de judíos en Kaifeng y su deseo de retornar a la fe de sus antepasados deben ser vistos como un milagro. El destino de esta comunidad histórica no se ha decidido aún, y la historia habrá de enseñarnos cuáles serán su futuro y su sino.
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