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Kurdos: un pueblo sin territorio para defender a Occidente




GUERRA EN IRAK

Los orígenes y evolución del nuevo aliado de EE UU contra el Estado Islámico

Kurdos: un pueblo sin territorio para defender a Occidente





Un apátrida pueblo de montaña es la principal esperanza de Occidente en su lucha contra el Estado Islámico (EI). Incluso Estados Unidos ha confesado encomendarse a la resistencia de los combatientes peshmergas ("quien desafía a la muerte", en lengua kurda), entre ellos numerosas mujeres, para frenar el avance y las atrocidades de los extremistas islámicos. La secuencia corre el peligro de repetirse: de la simpatía a la traición.



¿Kurdos?, ¿Kurdistán? Para muchos, los bombardeos iraquíes con gases químicos en Halabja (1988) y el posterior juicio al dictador Sadam Hussein fueron la primera toma de contacto con el mayor pueblo sin Estado del planeta. Más recientemente, el avance del grupo yihadista suní les ha rescatado de un olvido sospechoso. Divididos artificialmente tras la desintegración del imperio otomano, los kurdos son una 'minoría' de 30 millones de ciudadanos (no alcanzan el 20 por ciento de en ninguno de los países que habitan), espoleados entre Turquía, Irán, Irak y Siria, además de entre regiones de la antigua URSS y otras colonias, en una superficie aproximada a la Península Ibérica.


Con una altura media de mil metros sobre el nivel del mar, Kurdistán es un territorio envuelto entre altas montañas, colosos que han influido de forma determinante en su historia, sus tradiciones y su cultura. Bañado por numerosos ríos, entre ellos el Tigres y el Éufrates, no ha podido evitar la maldición de las tierras ricas en recursos minerales como el cobre, el hierro y el cromo. Una de las mayores reservas petrolíferas pone la guinda a un pastel demasiado jugoso.


Este Kurdistán no figura en ningún mapa oficial moderno. Ha sido despojado de toda condición política por la comunidad internacional. No existe. Como concesión mayor, hay kurdos, reducidos a una 'cuestión minoritaria'. Desde 1923, fecha del Tratado de Lausana, sufren una situación de colonización. Después de que el ejército de Mistafá Kemal Atatürk, el padre de los turcos, derrotara a los Aliados, el acuerdo firmado por Inglaterra, Francia, Italia, Grecia, Turquía y, como avalista, Japón, borró cualquier referencia a los derechos políticos del pueblo kurdo. Es considerado el origen directo del actual problema kurdo.


La legendaria monarquía


Érase una vez un déspota y malvado monarca llamado Yamshid, que mataba diariamente a dos jóvenes. Con las vísceras saciaba a unas serpientes negras que crecían en su espalda fruto de una maldición. Un herrero llamado Kâwé irrumpió un buen día irrumpió en palacio, encabezando a una multitud airada contra los asesinatos. El germen de la revolución había nacido y era imparable. Uno a uno, los jóvenes capturados consiguieron escapar y se refugiaron en las montañas de Zagros. Con el tiempo, formaron un gran grupo que declaró la guerra al rey. Según la tradición, aquellos mismos jóvenes fueron quienes crearon la gran etnia kurda.




Si el Kurdistán legendario toma como punto de partida a un rey mezquino, su nacimiento político está enlazado con las ambiciones de una saga real: la del soberano Deikes, quien en el año 701 a.C. consiguió unir a todas las tribus medas. Las aspiraciones de sus descendientes fueron más allá, hasta que se cruzó en su camino un joven medo-persa llamado Ciro, más adelante apodado 'El Grande'.


La hipótesis más plausible admite que los kurdos son descendientes de aquellos medos, una rama del pueblo ario que surgió alrededor del segundo milenio a.C. Esta teoría se basa en hechos históricos como la ocupación de las tierras situadas en el sur del lago Urumie (al noroeste de Irán), así como la de las regiones habitadas por los persas, alrededor del 815 a.C., provocando la emigración de los aborígenes en dirección al sur de la meseta iraní, una zona hoy conocida como la provincia de Fârs. Otras especulaciones los sitúan como sucesores de los montañeses kardoukhoï o de los hulubís y los gutis.


Lo que no es discutible es la existencia de un pueblo alrededor de una comunidad de lengua, de costumbres y de solidaridad. El hecho actual de vivir bajo diferentes sistemas provoca que haya kurdistantes distintos, con raíces compartidas. Sus reivindicaciones suponen un factor de desestabilización política y, en cada Estado, la respuesta a sus exigencias ha generado modelos divergentes de oposición política. Su existencia está intrínsecamente ligada a los juegos políticos internacionales.

Y es que, los kurdos han tenido y tienen muchos enemigos por varias razones, entre éstas, ellos mismos. La gran mayoría son musulmanes suníes, aunque existe asimismo una numerosa minoría de chiíes, una comunidad aleví e incluso un reducido número de kurdos cristianos. Junto al islamismo persisten confesiones preislámicas, con un importante matiz: generalmente no aceptan que la vida social, cultural y política esté supeditada a las normas religiosas. Aquí radica una de sus muchos abismos con el Estado Islámico.

El yugo persa y macedonio

Con la caída del imperio persa (333 a.C.) y durante el dominio de los macedonios, los nómadas kurdos mantuvieron su independencia interna. Hasta que, tras la muerte de Alejandro Magno, la región de Kardouen cayó bajo el poder de los seleucos. En el transcurso de los siguientes siglos y hasta la conquista árabe-musulmana en el siglo VII, Kurdistán fue el terreno de disputa entre persas, romanos, armenios y bizantinos.

Los esfuerzos recuperar su autonomía dieron sus frutos en el año 961, cuando dirigido por la dinastía Shaddädi se formó el primer principado kurdo. No fue el único. Pero las tropas seléucidas terminaron por hacerse con la totalidad de los territorios de Kurdistán en 1071, hasta el avance de los otomanos.

En 1171, Saladino, un guerrero musulmán de origen kurdo, instauró en Egipto la dinastía Ayubíe y controló todo Oriente Medio. Pero no llegó a crear un Estado kurdo como le reclamaban algunos de sus ayudantes. A su muerte, su reino se dividió entre sus sucesores y los kurdos volvieron a caer bajo los intrusos.



La gran mayoría son musulmanes suníes, aunque existe una numerosa minoría de chiíes
El sufrimiento se prolongaría posteriormente con los vándalos tártaros (1248), con el ejército mogol (hasta 1281), con los turcomanos de Asia occidental (desde 1281), con los guerreros de Tamerlán (1387)... los kurdos se retiraron a sus montañas. La máxima de que 'el enemigo de mi enemigo es mi amigo' es una constante repetida desde entonces y hasta hoy en la política kurda. Sin ir más lejos, explica las actuales relaciones con Estados Unidos frente al Estado Islámico.


Atrapados en las redes imperiales



Con la consolidación de los gobiernos centralistas iraní y otomano, los kurdos tuvieron menos posibilidades de independizarse. Una guerra enfrentó a ambas potencias, en batallas que han pasado a la historia, como la de Tchaldyran (1514), con kurdos en ambos bandos. La frontera entre Persia y Turquía oscila de una contienda a otra hasta el Tratado de Zahâb (1639), que marca la primera división del territorio kurdo. Los príncipes kurdos obtienen un estatus de independencia, a cambio del compromiso de no volver a sublevarse.

La situación comienza a cambiar en el siglo XIX, cuando la decadencia del feudalismo kurdo se acentúa de forma paralela a la caída otomana. La hostilidad entre unos y otros fue en aumento y estallaron varias insurrecciones. Probablemente la más significativa fue la de Mîr Mohammed (1833-1837), un príncipe descendiente de Saladino que quiso crear un Kurdistán independiente. Logró imponer su autoridad en todo el Kurdistán meridional y después atacó el Kurdistán iraní, donde la población lo acogió como a su liberador. Los otomanos llamaron entonces a la reconciliación en nombre de la fraternidad entre musulmanes, fue enviado a Estambul y finalmente asesinado.

La última resistencia de los kurdos se produjo en 1847. Una vez más, las divisiones internas hicieron fracasar la causa kurda
La última resistencia de los kurdos se produjo en 1847. Una vez más, las divisiones internas hicieron fracasar la causa kurda. La tradición recuerda con orgullo aquellas resistencias y sublevaciones a las tropas turcas.

La fragmentación y el genocidio





El siglo XX consolida la división y posterior negación del pueblo kurdo, en lo que algunos historiadores tachan de 'genocidio'. Tras la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Sèvres (1920), entre el imperio otomano y las naciones aliadas, contempló la creación de un Kurdistán en el actual territorio turco. Nunca ratificado, fue sin embargo revisado por el de Lausana, que repartió el territorio entre cinco Estados soberanos: Turquía (43 %), Irán (31%), Irak (18%) y Siria (6%); el 2 % restante quedó en manos de la URSS, dentro de las fronteras políticas de Azerbaiyán y Armenia. A partir de aquí, Kurdistán pluraliza su existencia, con cinco historias de reivindicaciones sociales y políticas paralelas pero únicas.


Como la de enero de 1946, cuando apoyados por la Unión Soviética los kurdos de Irán fundaron la República de Mahabad, en el nordeste del país; la experiencia terminó meses después, con la toma del territorio por fuerzas iraníes. Y como la de la región kurda de Irak, que adquirió autonomía en 1970 y hoy lucha en primera línea de fuego contra los radicales surgidos de Al Qaeda, armas estadounidenses (y europeas) en mano.





El ahora aliado más fiable de EE UU en su lucha contra el EI ha sido negado y traicionado repetidas veces en la historia reciente, en función de los intereses propios de cada presidente. Woodrow Wilson les entusiasmó con la independencia pero finalmente aceptó las fronteras dibujadas por los europeos. Henry Kissinger los incitó a rebelarse contra Hussein en 1972, para después dejarles en el olvido. Ronald Reagan ignoró que el dictador iraquí usó armas químicas contra su población entre 1987 y 1988 porque Irak era por aquel entonces un aliado frente al enemigo común, Irán. George Bush los ayudó con la Operación Provide Comfort en su resistencia a Sadam, para después ningunearlos en público. George W. Bush hijo se reunió con ellos en 2002 cuando planeaba invadir Irak, aunque después no quiso saber nada de sus reivindicaciones políticas por la oposición de aliados tan importantes la zona como Turquía.


El Estado Islámico ha rescatado a los kurdos del olvido, aupados también por ser la primera línea de fuego en Irak, por sus datos macroeconómicos, su petróleo y por acoger a gran parte de los diplomáticos occidentales en la zona. Barack Obama se ha acordado de unos viejos amigos: el mayor pueblo sin Estado.


Entre las palabras y los hechos


Kurdistán es un espacio físico que millones de personas reclaman como propio pero que otros tantos millones niegan. Un área geográfica difícil de cuantificar que, sin embargo, etimológicamente hablando presenta un significado sencillo: el lugar donde habitan los kurdos. Una aseveración objetiva (quizá la única en un tema tan espinoso) que ofrece el término stân, procedente del verbo astan, que en persa significa 'estar'. Kurdistán es el lugar de estar o residencia de los kurdos. Lo que no tiene nombre no existe, al menos de modo aprehensivo para la mente humana. Así que bautizamos las tierras conquistadas, los inventos, los descubrimientos e incluso las mascotas, las calles y las plazas de nuestro entorno. También por eso, con el paso del tiempo, los territorios que otrora se denominaron Kurdistán han cambiado de apelativo. En Turquía la región kurda se llama Anatolia Oriental; en Siria, Jezira; y en Irak, Región Autónoma Kurda. La existencia de Kurdistán es tan frágil que pende del hilo de la nomenclatura. Hoy ese nombre apenas sostiene una pequeña zona situada en el noroeste de Irán. Pero más allá de las palabras está el territorio. Y 'el lugar donde residen los kurdos' abarca cerca de 500.000 kilómetros cuadrados, divididos en cinco regiones internas: el Kurdistán meridional, situado en Irán y con Kermanshah como centro; el Kurdistán central, ubicado en Irak y cuya capital es Erbil; el Kurdistán del este, cuyo eje es la ciudad iraní de Mahâbâd; el Kurdistán del norte, en torno a la urbe iraquí de Bâyazid; y el Kurdistán occidental, en Turquía y con Diyârbakir como capital. Nada que ver con la distribución que la diplomacia internacional ha aplicado en la zona.



http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/11/12/546236f722601d242c8b457a.html