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La ardua tarea de recoger aceitunas bajo la ocupación

La ardua tarea de recoger aceitunas en Palestina bajo la ocupación

La historia de un agricultor palestino que trabaja bajo la mirada de una decena de soldados israelíes, "colonos se aproximan más al pueblo" cada día.



El palestino Mohamed Awad camina entre sus olivos con recelo, pues no quiere que los soldados que controlan desde la colonia judía de Itamar a sus temporeros se molesten por la presencia de la prensa y esto conlleve más limitaciones.

La suya es la falta de libre acceso a una tierra que pertenece a su familia desde hace generaciones: solo puede hacerlo unos pocos días al año y depende del albedrío del Ejército israelí, de las presiones de los colonos ultranacionalistas y mesiánicos judíos y, en menor medida, de la coordinación con la Autoridad Palestina.

Otras 100.000 familias de agricultores palestinos sufren diversos problemas, como la confiscación de tierras y el ataque de esos mismos colonos, en especial durante el mes de la cosecha de las aceitunas, que pacientes penden de las ramas de unos 8,5 millones de olivos sin saber cuándo podrán ser recogidas.

"La temporada comenzó el 3 de octubre, pero en esta zona no hemos podido comenzar a trabajar hasta hoy", explica Awad a Efe.

Lo hace bajo la mirada de una decena de soldados israelíes que se arremolinan en la verja que separa la aldea cisjordana de Awarta, cerca de Nablus, y el asentamiento judío de Itamar -ilegal, según el derecho internacional- que ha absorbido parte de sus tierras.



"En el pasado producíamos mucho aceite porque podíamos cuidar los árboles durante el año. Pero ahora, casi nada. Cada año cuando entramos en la zona descubrimos que muchos han sido dañados, cortados o quemados y la productividad disminuye", afirma Awad, que también ejerce de abogado.

Denuncia que, "día a día, los colonos se aproximan más al pueblo, lo que hace peligroso estar aquí sin coordinación (con el Ejército israelí)".

Según un informe de la ONG francesa Primera Emergencia (PU-AMI), que provee de mano de obra a los agricultores de la zona, unos 55 asentamientos entorpecen o estrangulan la cosecha de la oliva en casi un centenar de terrenos en toda Cisjordania.

Datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) indican que algunos de los colonos más extremistas causaron en 2013 daños en unos 10.700 olivos.

"Algunos intentan trabajar, pero pocos años atrás dos personas fueron asesinadas mientras trataban de recoger la aceituna. Los colonos les mataron y los soldados estaban ahí, sin hacer nada", se queja Awad, para quien "hablamos de una estrategia de confiscación de tierras".

Una consecuencia de la ocupación que, como alertó hoy mismo la agencia de la ONU, podría causar daños irreversibles en un sector que es seña de identidad y del que depende directa o indirectamente el 25 % de los palestinos.

"Mis hijos no quieren venir aquí, piensan que no es seguro", se lamenta Mohamed, quien recuerda que antes la recogida era una actividad familiar menos estresante, trabajaban pero también descansaban, comían, paseaban.



"Ahora, ellos asocian los olivos con colonos y soldados", dice con tristeza.

Kasim Haji Mohamad, 45 años y enyesador de oficio, vio en 2002 cortado de tajo su vínculo con sus más de 150 olivos plantados en la remota localidad cisjordana de Jalud.

Enclaustrado entre tres asentamientos visibles, sus solicitudes de coordinación fueron rechazadas con perseverancia, temporada tras temporada, hasta el pasado año.

Este es el primero que puede recolectar en más de una década y dispondrá tan sólo de cuatro días para recoger más olivas de las que sus ajadas manos se pueden permitir.

"La Autoridad Palestina e Israel negocian y deciden, pero de acuerdo a los asentamientos y no a las aldeas", explica a Efe Grégoire Bonhomme, coordinador de Cisjordania para PU-AMI.

Precisa que, "dependiendo de las unidades (del Ejército) y de su tamaño, se establece un calendario considerando también las festividades judías, el fin de semana, la violencia de los colonos, asentamientos más tranquilos, el tamaño de la tierra, el número de olivas..."

Para Kasim no funcionó. "No he podido entrar en mis tierras durante muchos, muchos años. Los árboles requieren cuidados, trabajo, para que den buenos frutos", asegura frente a un par de ejemplares muertos.

"Cuando pude volver aquí el año pasado, vi que los olivos se secaban en una época en que los árboles deberían estar verdes, Y pensé que quizá utilizaban algún producto químico que les afectaba, como había escuchado que pasaba en otras zonas", agrega.

Tres soldados se aproximan entonces y preguntan quiénes son esas personas con cámara.

"¿Ves? -susurra- Estás en tu propia tierra, pero bajo su control. En ocasiones, cuando venía aquí los colonos se aproximaban también y los soldados estaban respaldándoles, protegiéndoles", declara con pesar.

Luego afirma con rotundidad: "Sí, la recogida de la oliva se convierte en una forma de resistencia. Cuando vengo aquí sienten mi presencia sobre la tierra, ven que la cuido y la trabajo. Que permanezco aquí, que estoy resistiendo y que quiero quedarme en ella".
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