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La Armada Argentina a la cacería de dos OSNI en la Patagonia











La Armada Argentina a la cacería de OSNI's en Chubut


Desde el 30 de enero de 1960 hasta el 25 de febrero del mismo año, dos objetos submarinos no identificados en la costa atlántica movilizaron a toda la Marina, la Fuerza Aérea y el Ejército de la República Argentina


Ya en febrero de 1957, se había producido un episodio de alarma entre la Armada Argentina: detectaron lo que parecía ser un submarino de origen desconocido en el Atlántico sur, al cual trataron por cinco días de rastrear e identificar sin éxito.

En mayo de 1958, aparece un objeto submarino en aguas jurisdiccionales argentinas, el submarino intruso no podía haber elegido peor sitio: se trataba del lugar donde, precisamente, la armada se hallaba realizando maniobras.

La cuestión es que el intruso fue duramente atacado por la marina y la aviación naval.

El 21 de mayo de 1958 se encontraban en el Golfo Nuevo, provincia de Chubut, los cruceros General Belgrano (hundido arteramente por un submarino atómico inglés en 1982), 9 de Julio y La Argentina; los destructores Buenos Aires, Entre Ríos, Misiones y Santa Cruz, el buque taller Ing. Iribas y los remolcadores Sanavirón y Charrúa, más algunos aviones navales.

Por 24 horas este “submarino” fue detectado por medios electrónicos y visuales, se le lanzaron 22 cargas de profundidad.


(Crucero ARA 9 de Julio)


A las 18.03 horas, el Buenos Aires divisa movimiento hacia la costa y cuando va hacia ella para observar, avista una estela a su estribor e inmediatamente ve un periscopio a una distancia de 220 metros, cayendo entonces a su encuentro.

Carga su artillería y trata de embestir al submarino, siendo asistido por el Entre Ríos y el Santa Cruz, mientras el Misiones investiga las embarcaciones de la costa (son dos pesqueros pequeños).

Al pasar el Buenos Aires sobre la estela del periscopio -pintado de marrón claro, y aparentemente con un snorkel- observa manchas de aceite. El periscopio fue visto por oficiales y tripulantes de las estaciones del Comando, Control de Artillería y piezas de artillería del buque, además de los vigías.


(Destructor ARA Buenos Aires)


Un avión de patrulla Martin Mariner con 8 cargas de profundidad sobrevoló el Golfo en búsqueda.

El Misiones y el Santa Cruz que mantienen contacto sonar con el submarino, dirigen el ataque del avión Martin Mariner largando éste cinco cargas de profundidad. Se pierde todo contacto.

Se detectaron varias veces manchas de aceite en su ubicación.

No obstante haber estado "encerrado" en un Golfo con una salida estrecha, y ser perseguido por un grupo de destructores y aviones, este “submarino” logró aguantar toda la presión de sus perseguidores y escapar.

Sin duda que su comandante, oficiales y tripulación tuvieron nervios a toda prueba.


(Columna de Martin Mariners desplazados por el COAN)


Los informes preliminares daban cuenta incluso de que habría sido severamente averiado, pero lo cierto es que no se hallaron restos que así lo acreditaran.

Todo indica que se trataba de un OSNI, un Objeto Submarino No Identificado.

Al día siguiente, 22 de mayo de 1958, casi un mes después de asumir, el presidente Arturo Frondizi, un abogado y periodista argentino, que ocupó el cargo de presidente entre 1958 y 1962 brindó una conferencia de prensa.

Reconoció la presencia de un sumergible en la Patagonia, al noroeste de Puerto Cracker, en Golfo Nuevo, provincia de Chubut.

La Fuerza Aérea y la Marina desataron un incesante ataque, pero evidentemente el navío logró huir.


Sus palabras dejaron asombrados a los periodistas reunidos.

Volvería a acontecer lo mismo en octubre de 1959, esta vez en el Golfo de San Jorge, muy cerca del anterior. Con los mismos resultados: el sumergible eludió prolijamente los esfuerzos conjuntos de la marina y la aviación argentinas. Pero el extraño caso recién empezaba.

Esto no era más que un "precalentamiento", siendo que el asunto se pondría de veras serio al año siguiente, cuando sucedería lo que la prensa llamó "la batalla del Golfo Nuevo".


(Arturo Frondizi, presidente de la República)


El 30 de enero de 1960, algunas unidades de la Armada Argentina que se hallaban en el Golfo Nuevo, en la península Valdés, distinguieron un submarino a las 9 y diez de la mañana que, viéndose detectado, se sumergió de inmediato.

Es atacado por los dos patrulleros: ARA Murature y ARA King.

La acción se desarrolla hacia fuera del golfo, dando la impresión de que trataba de arrastrar a sus atacantes mar afuera.

Esto llevó a sus perseguidores más allá de las 12 millas de la costa. Al salir el submarino fuera del mar territorial, las autoridades navales ordenaron suspender la persecución y regresar al Golfo.


(Patrullera ARA Marature)


Esa noche del 30 de enero, reanudada la navegación hacia Puerto Madryn, obtienen un nuevo contacto en el interior del golfo, haciendo sospechar que se trataría de otro submarino.

Dado el alerta, el alto mando puso en juego absolutamente todo lo que tenía en la zona.

Se suceden varios ataques con intervención de un avión P2V Neptune, enviado a apoyar los patrulleros.

Aparentemente el blanco sufre una disminución de su capacidad de evasión, presumiblemente por algún daño anterior o durante su persecución.

En ningún momento utilizo sus armas ni intento identificarse.

Perdido el contacto, la escuadrilla retorno a patrullar la boca del golfo durante la noche, con el apoyo de un avión PBM Martin Mariner enviado en su apoyo.



(Anti-submarino P-2V Neptune del COAN desplazado)


De inmediato se ordenó el ataque por parte de la aviación, que utilizó hidroaviones para bombardear a los intrusos.

Este primer incidente con el objeto submarino no identificado u OSNI, tuvo una duración de 36 horas 40 minutos, abarcando desde las 09.10 hs. del día 30 de enero de 1960 hasta el día 31 de enero a 21.50 horas.

En ella tuvieron lugar alrededor de 40 contactos de sonar activo y pasivo (escucha hidrofónica).

Como consecuencia de estos contactos se produjeron 21 acciones antisubmarinas por parte de los patrulleros Murature y King, en las que se efectuaron 6 ataques con rosa completa de cargas de profundidad, 4 ataques con rosa reducida y se lanzaron 5 cargas intimidatorias.

También intervinieron un avión antisubmarina P2V-Neptune y un PBM-Mariner, que efectuaron 11 ataques con bombas antisubmarinas.

No cabía duda que los “submarinos” eran dos, uno de ellos había restringido su velocidad a alrededor de 10 nudos mientras el otro mantenía 17 nudos.

Denominaron Alfa al que detectaron repetidamente cerca de Puerto Madryn y Bravo al que parecía llevar a los perseguidores a la boca del golfo.



El 1º de febrero de 1960 vuelve a ser detectado el objeto submarino, desde las 06. 52 horas hasta las 18.58 del 10 de febrero de 1960.

En ella se produjeron alrededor de 50 contactos hidrofónicos, sonar y fundamentalmente cuatro contactos visuales de submarino en superficie, que provocaron dos acciones con artillería.

Se incorporan más navíos de combate, los destructor ARA Santa Cruz, la fragata ARA Sarandí, la fragata ARA Azopardo, el destructor DIO ARA San Luis, la fragata ARA Hércules, el destructor ARA Buenos Aires, el destructor ARA Entre Ríos y la corbeta ARA La Argentina.


(Proa del ARA La Argentina)



Tras días de sucesivos ataques, se constató que uno de los submarinos había escapado y el otro seguramente había sido averiado, pues se vio obligado a salir a la superficie en la noche, siendo avistado y atacado por artillería de buques.

En vista de que uno de los misteriosos sumergibles había eludido el cerco, la armada argentina trató de evitar por todos los medios que el otro ganara también el océano. En una operación sin precedentes, los buques Cervantes, King y Muratore procedieron a minar por completo los 16 kilómetros de ancho de la boca de salida del Golfo Nuevo.

Bloqueada la salida, se habían acabado las opciones del intruso.

Junto con el minado, se había dispuesto la movilización del ejército que desplegó sus tropas terrestres a lo largo de las costas del Golfo Nuevo, para imposibilitar un desembarco de la tripulación enemiga, fuese ésta la que fuese.


(ARA Cervantes, el encargado de minar 16km de mar)


Como medida complementaria, por la noche se disparaban bengalas incesantemente sobre las aguas, al tiempo que varios reflectores trasladados especialmente a la zona, barrían la superficie en busca de ubicar al submarino fantasma.

Mientras tanto, los periódicos especulaban sobre el origen, intenciones y posibilidades del intruso.

Pronto comenzaron a publicarse esquemas que mostraban la profundidad del Golfo Nuevo (que era sumamente variable en su extensión), sugiriendo cómo se estaría ocultando el submarino para evitar los ataques.



(Maniobras de ataque realizadas por la Armada al OSNI)



Como los días pasaban y no surgían más indicios, el 11 de febrero fue dada la orden presidencial de ataque total.

El significado práctico de ello fue la participación de 40 aviones y 13 buques de guerra en un operativo que procuró por todos los medios la destrucción del submarino.

Este ataque argentino hacia el “submarino” tuvo una duración de 9 días, abarcando desde las 07.58 del 11 de febrero hasta las 0600 del 19 de febrero de 1960.

En ella se produjeron alrededor de 35 contactos, casi siempre en las dos zonas habituales de la fase anterior: costa sur del golfo entre Punta Este y Punta Ambrosetti, en la boca del golfo y algunas diversiones dudosas en la zona norte.

Se registraron 31 acciones, en las que se efectuaron 17 ataques con cargas de profundidad, 5 ataques con erizo, 1 ataque con artillería Bo-fors 40/60, 4 ataques con bombas A/S aéreas y dos ataques con torpedos buscadores Mk. 43.

Todas las rutas comerciales fueron desviadas de la zona y las actividades de pesca fueron prohibidas por tiempo indeterminado.



Llegan los norteamericanos:


El día 13 de febrero se sumó a la fuerza de ataque un equipo especial de lucha antisubmarina, enviado por EE.UU. y pertrechado con cargas de profundidad y boyas de localización de última generación.

La Armada de los EE.UU. envió un Globemaster con una comisión de 13 expertos y armas antisubmarinas que, terminada la misión, desgraciadamente tuvo un final trágico, pues en su viaje de regreso se estrelló con un avión comercial a la entrada de Río de Janeiro, pereciendo 8 de ellos. Su jefe, Capitán USN Ray Pitts sobrevivió

El objeto se encontraba rodeado y parecía sellada la suerte del intruso. Pero al día siguiente la situación dio un vuelco inesperado y el ratón se transformó en gato.

El 14 de febrero de 1960, los asombrados operadores de sonar argentinos detectaron la presencia de dos naves submarinas de tamaño mucho más grande que cualquier sumergible que conocieran.

Maniobraban a alta velocidad alrededor de la flota argentina, en intento aparente de ayudar al intruso no identificado que se encontraba sumergido a 150 metros de profundidad para que pudiera romper el cerco.

La respuesta de la Armada Argentina fue sumar varias naves más a la operación, incluyendo al portaaviones Independencia.

Entre los días 15 y 20 de febrero se produjeron varios incidentes entre los intrusos y la flota argentina. Siempre con el mismo patrón: detección, localización, ataque y luego desaparición.


(El portaaviones ARA Independencia se sumó a la "Batalla del Golfo Nuevo" )


Pero el día 21 de febrero, la Armada Argentina decidió sacar un as de la manga: un nuevo tipo de torpedo electrónico.

A diferencia de lo conocido hasta entonces, este tipo de torpedo se consideraba extremadamente difícil de eludir: disparado en forma convencional por submarinos o naves de superficie, al llegar a cierta distancia del blanco se activaba un sensor electrónico que guiaba de allí en más el arma hasta su destino.

El golpe de suerte pareció presentarse en la madrugada del 21 mismo: detectado el submarino, le dispararon un torpedo que se acercó peligrosamente a su blanco y falló.


Dos torpedos más corrieron igual destino, seguidos de una serie que se lanzó desde aviones y, pese a ser guiados por sonar, no dieron en el blanco


(Torpedos ASW con cabeza electrónica)


El día 22 de febrero, sin embargo, corrieron rumores de que un submarino había emergido brevemente en el golfo, dejando una mancha de aceite tras de sí. De ser cierto, significaba que el intruso estaba averiado.

En vista de ello, comenzaron a lanzarse cargas de profundidad cada diez minutos, para obligarlo a subir (o destruirlo en su caso), al tiempo que se buscaba impedir que los buzos del submarino efectuaran reparaciones. Pero los días pasaron sin más novedades y el "barrido" de la zona por el sonar ya no arrojó señal alguna. Todo esto sucedió a 1045 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires.

El 25 de febrero se dio por concluida la operación, que había sumado la mayor concentración aeronaval argentina hasta entonces.

Se disuelve así la Fuerza de Tareas 23 al no producirse nuevos contactos con el incursor, no produciéndose acciones antisubmarinas. Su característica fue un prolijo rastrillaje durante el día que aseguró la no presencia de submarinos.

Se emplean buzos tácticos (hombres rana) en la zona sospechosa de Punta Loma, centro de muchos contactos, sin resultados positivos.








Fin del Post,
espero que lo hayas disfrutado
si te gusto, sigueme y veras mis proximas actualizaciones.
No te defraudare.
Hasta la proxima
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