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La batalla de Iwo Jima

Batalla de Iwo Jima


La Batalla de Iwo Jima fue librada en la isla homónima entre las fuerzas del ejército de los Estados Unidos y las del Imperio del Japón de febrero a marzo de 1945, durante la Guerra
del Pacífico, en la Segunda Guerra Mundial.

Al término de los combates, los estadounidenses lograron conquistar la isla y controlar sus importantes campos de aviación. Sin embargo, durante la cruenta batalla se encontraron
con la resistencia extrema de los japoneses, resistencia que supuso la muerte de la mayoría de sus combatientes, en una actitud que terminaría convenciendo a los dirigentes
partidarios en los EE.UU. del lanzamiento de la bomba atómica para forzar la rendición incondicional del Japón.

En la cima del monte Suribachi de la isla, a los pocos días del inicio de los combates, el periodista Joe Rosenthal tomó una de las imágenes más difundidas de la Segunda Guerra
Mundial, titulada Raising the Flag on Iwo Jima, galardonada con el premio Pulitzer, en la que se observa a varios soldados empujando el mástil con el que erigieron la bandera
estadounidense en aquel lugar. La posterior utilización publicitaria por parte del gobierno de los EE.UU. provocó una controversia sobre los protagonistas del episodio.



Antecedente

A mediados del año 1944 las tropas de los Estados Unidos progresaron hacia la conquista de las islas Marianas, situadas a unos 2.500 kilómetros de Tokio. Para entonces, las
superfortalezas B-29 habían superado las pruebas de aptitud y estaban en condiciones de recorrer 6.000 kilómetros sin repostar, transportando una enorme carga de bombas. Las B-
29 podían por lo tanto despegar en las Marianas, bombardear ciudades de Japón y volver a sus bases. Para éste fin, se prepararon en diversas islas del archipiélago de las Marianas, a
medida que se iban conquistando, formidables complejos para el mantenimiento, despegue y acogida de los B-29. Los vuelos comenzaron el 24 de noviembre de 1944.

Sin embargo, las operaciones con los B-29 seguían planteando dos problemas mayores. Por una parte, los P-51 Mustang, que eran los más modernos y mejores cazas
norteamericanos, no tenían más de 3.000 kilómetros de autonomía, por lo que no podían escoltar a las fortalezas volantes hasta Japón. Por otra parte, en la isla japonesa Iwo Jima,
situada a mitad del trayecto de las misiones de bombardeo, los japoneses habían construido dos aeródromos y trabajaban en la construcción de un tercero, disponíendo además de
una instalación de radar. Gracias a este radar, cuando los B-29 pasaban por Iwo Jima, eran detectados con mucha antelación y cuando llegaban a Japón, sin cazas que los pudiesen
defender, eran atacados tanto por las defensas antiaéreas como por los cazas. Ni estos ni aquellas resultaron muy efectivos, pero no dejaban de suponer una molestia.


La solución a éstos problemas se resolvería conquistando Iwo Jima. Con ello se conseguía tanto la eliminación de la guarnición nipona como los efectos del radar, mientras que se
permitiría establecer las escuadrillas de Mustang necesarias para escoltar a las B-29 en sus vuelos a Japón. Disponer de la base de Iwo Jima también permitiría las escalas técnicas de los
B-29 en caso de que volviesen averiados ya que aunque estas aeronaves podían amerizar en caso de emergencia, pues los norteamericanos habían desarrollado un servicio de
asistencia con hidroaviones, los aterrizajes de emergencia en pleno mar eran el terror de las tripulaciones de las B-29 por miedo a los ataques de tiburones o ser capturados por
pesqueros japoneses.

Por todo ello, el alto mando de Estados Unidos acordó el 9 de octubre de 1944 ordenar los preparativos para la invasión de Iwo Jima.





Escenario de operaciones: geografía de la isla de Iwo Jima


La isla Iwo Jima, o "Isla del Azufre" en lengua japonesa, tiene una longitud de 8 kilómetros orientada en el eje suroeste–noreste, con un extremo más estrecho en el suroeste de
900 metros de anchura y el más ancho en el noreste, de 4.500 metros, de manera que adquiere una silueta en forma de pera. Su superficie, volcánica, se extiende sobre 20 km²
conformando una geografía accidentada compuesta por cerros, montículos, rocas, barrancos, grietas, gargantas, hoyas, depresiones y arenas de lava que la acción del mar ha
convertido en polvo. Apenas existe vegetación, escaseando las fuentes de agua, mientras que de los suelos agrietados surgen emisiones de vapores sulfurosos pestilentes, de ahí su
antigua denominación.

Situación geográfica de la isla.


Estrategia del mando militar japonés

Tras la Batalla del Golfo de Leyte en octubre 1944, las pérdidas de la armada japonesa dejaron la flota sin capacidad ofensiva. Por su parte, los submarinos norteamericanos habían
hundido durante los dos últimos años prácticamente toda la flota mercante japonesa. Por mar, Japón ya no podía ni atacar a la flota enemiga ni abastecer a las tropas que tenía fuera
de su archipiélago.

Estas circustancias llevaron a comprender a una parte del alto mando japonés que la guerra la tenía definitivamente perdida, optando por reorientar la estrategia de las operaciones
en aras de alcanzar un acuerdo de paz honrosa con los Estados Unidos que preservase, al menos, en el aspecto político el carácter divino institucional del emperador.

Para ello los japoneses esperaban que acentuando la resistencia en los territorios insulares patrios, y que iban cediendo progresivamente ante el avance aliado, podrían alterar el
objetivo norteamericano de forzar la rendición incondicional de Japón haciéndoles ver el enorme coste que supondría el desembarco en el archipiélago japonés, acción que debía
parecer solo realizable tras conquistar el último palmo de terreno y eliminar hasta al último combatiente nipón. Esta actitud sería una de las razones esgrimidas por el general Groves y
Truman para asestar un ataque atómico al Japón.

Iwo Jima, una isla cuyo único valor residía en las pistas de aterrizaje, sería el lugar simbólico para la puesta en escena de esta nueva estrategia ya que los japoneses adivinaron
asertivamente que esta isla debía de ser el próximo objetivo en ser atacado.



Preparativos en la isla

El alto mando japonés decide relevar al comandante a cargo de las defensas de la isla y decide colocar a Tadamichi Kuribayashi para que verifique en terreno las defensas y que
además planifique la forma de que esta isla tenga un alto costo en vidas para el enemigo durante su conquista. Bajo las órdenes del teniente general Tadamichi Kuribayashi, se
procedió a la evacuación de los 1.000 civiles que habitaban Iwo Jima dedicados al refinado de azufre y se reforzó la guarnición con 21.000 soldados equipados básicamente con
fusiles, bombas de mano, ametralladoras y artillería de medio y corto alcance, especialmente morteros, y además, algunos tanques ligeros. Aunque el suministro de munición fue
abundante, las provisiones en víveres y agua resultarían insuficientes. Tadamichi Kuribayashi, hace un sustancial cambio en los emplazamientos defensivos de la isla. Además les hace
ver a sus subordinados que nadie de los que están en la isla volverán con vida a territorio patrio. La defensa de la isla es hasta el último soldado imperial y Tadamichi Kuribayashi hará
que cada vida inmolada sea muy cara para el enemigo.




Construcción de fortificaciones
La tropa que inicialmente había construido defensas y trincheras en el sector playero, comenzó a construir innumerables fortines tanto en las pocas zonas llanas como en las laderas y
en las cumbres de los montículos, en las vertientes de los barrancos y de las cimas para tener una mejor vista del enemigo.

La poca dureza de la piedra volcánica les permitió horadar con gran facilidad profundos túneles con los que diseñaron una red de galerías al estilo vietnamita y refugios donde
protegerse de los duros bombardeos a los que serían sometidos, así como para comunicar entre sí las posiciones de defensa permitiendo una retirada a cubierto de una fortificación
destruida a otra que defender. El monte Suribachi fue horadado con innumerables galerías.

Para aumentar la resistencia de los materiales volcánicos emplearon cemento llegado en cargueros junto con numeroso material de construcción como picos y palas y que mezclado
con la ceniza de lava daba una excelente consistencia a los reductos.

Los fortines y posiciones fueron construidos con especial atención de que no hubiese ángulos muertos para que todo reducto atacado pudiese ser defendido con la ayuda de los
puestos vecinos. El general Kuribayashi, de familia aristócrata samurai, prohibió expresamente a las tropas la táctica de combate banzai, es decir, el asalto frontal o a pecho
descubierto y que hasta entonces había sido utilizado ampliamente por el soldado japonés. De ésta manera se esperaba forzar la combatividad de los marines norteamericanos al
obligarles a tener que penetrar en cada posición fortificada para desalojar a los defensores y exponerles moralmente a la visión desalentadora de los cuerpos de los caídos que se
habrían de acumular en el intento.






Estrategia del mando militar estadounidense



El mando de Estados Unidos planificó con antelación las operaciones de invasión de la isla disponiendo en su dirección al general Holland Smith. Para entonces, la industria militar
estadounidense ya había alcanzado cotas formidables de producción, lo que permitió disponer de una fuerza con abundante equipamiento y apoyo. Mientras, por un lado, se procedió
al bloqueo naval de la isla mediante submarinos que impedían el suministro por mar de los defensores, por otro, a partir de junio de 1944 comenzaron los bombardeos regulares de la
isla, primero desde acorazados próximos y después mediante oleadas de bombarderos desde las bases de las islas Marianas.

Para el asalto definitivo se reunió una escuadra compuesta por cerca de 500 navíos, entre ellos 12 portaaviones y 8 acorazados, y formada por 250.000 hombres, de los cuales
70.000 eran marines distribuídos en 3 divisiones, fuerzas todas ellas veteranas de la guerra del Pacífico.

La operación bautizada como Detachment o "Aislamiento", preveía tomar el control de la isla en un máximo de 10 días.


Plan de desembarco


Desarrollo de las operaciones



El mando estadounidense decidió el desembarco de las tropas de asalto a lo largo de los 3.000 metros de playa, la Red Beach, que desde el cono volcánico suroeste, del volcán
extinguido Suribachi de 170 metros de altura, se extiende hacia el noreste por la costa oriental. Toda la costa restante de la isla es rocosa y por entonces tampoco existía ninguna
instalación portuaria.

Los acorazados de la flota norteamericana comenzaron los bombardeos preliminares con obuses de hasta 500 kilos a partir del 16 de febrero de 1945 que se prolongaron los días
siguientes 17 y 18 ante las malas condiciones meteorológicas que impidieron las tentativas de bombardeo aéreo. Simultáneamente, comandos de submarinistas inspeccionaron la
costa sumergida de la playa sin encontrar minas ni obstáculos.

Bombardeo previo a la invasión de la isla en una imagen tomada el 17/2/45. En primer plano, el monte Suribachi.

Para el día 19 de febrero de 1945, lunes, ante la mejoría meteorológica se ordenó a los dragaminas realizar un último barrido del frente de la playa y sin encontrar artefacto alguno
todos los cañones de la flota dispararon sobre la isla. Mientras tanto, oleadas de bombarderos lanzaron sus cargas de bombas y napalm. Para el almirante Nimitz[1] :

"Ninguna otra isla como Iwo Jima hubo antes recibido semejante bombardeo preliminar. "No other island received as much preliminary pounding as did Iwo Jima."

Lanchas lanzacohetes se acercaron a pocos metros de la playa, destrozando en profundidad los primeros cientos de metros longitudinales de costa. Poco después, a las 9:00 horas,
las primeras lanchas de desembarco arribaron a la playa sin sufrir ataque alguno por la artillería japonesa. El mando japonés había previsto en su plan de defensa permitir el desembarco
sin fuego de castigo y concentrar en su lugar el ataque, una vez los invasores hubieran penetrado en el interior, desde las posiciones del monte Suribachi.


Marines de la 5ª división en el atasco de la "Playa Roja" nº1. 19 de febrero de 1945.


Fue cuando desembarcaron las primeras unidades que los atacantes descubrieron entonces las características del terreno y las dificultades siguientes, aprovechadas por los japonenes,
que les esperaban para impedir su progresión en la isla.

La playa estaba formada por terrazas de ceniza blanda de elevada pendiente hasta los cuatro metros de altura un terreno donde las botas de los infantes se hundían en el polvo o
que provocaba que resbalasen al intentar trepar por las laderas, arrastrados por el peso del equipo. Tampoco los tractores y bulldozers previstos para abrir el camino lograron avanzar a
la velocidad necesaria.

Para cuando una hora después del primer desembarco la playa se había convertido en el lugar de un atasco de marines, bulldozers, tanques, artillería, cajas de municiones y material;
en ese momento de debilidad, asomaron su escondida artillería los japoneses y descargaron sus granadas sobre los pocos metros de anchura de la playa, ocasionando las primeras
bajas y pérdida importante de material, la carnicería en la playa detuvo el avance americano.



Avance hacia el Suribachi

Efectivos de marines consiguieron no obstante avanzar bajo el fuego de los defensores y recorrer en media hora los 900 metros de distancia entre la playa de desembarco y la
meseta al pie del Suribachi, alcanzando la costa oeste y completando la maniobra de aislamiento por tierra del monte que se encontraba protegido por una guarnición japonesa de
2.000 hombres. Los defensores se encontraban sin embargo comunicados por los túneles subterráneos con el resto de las fuerzas de la isla. Los primeros tanques norteamericanos
llegaron a la costa oeste pocas horas después. Otras tropas que también habían conseguido salir del atolladero de la playa, a mediodía ya luchaban en el aeródromo situado más al sur.
Pero aún había demasiados soldados y material en tan poco espacio, de modo que se suspendieron nuevos desembarcos. La constante era que las tropas que habían logrado
avanzar, creyendo que habían despejado el terreno, veían salir una y otra vez japoneses desde sus incontables escondrijos, para atacarles desde la retaguardia. Al caer la noche, los
destructores iluminaron la isla con sus bengalas para proteger a los marines de las previsibles incursiones nocturnas pero en lugar de ello, los japoneses optaron por emplear su artillería
con mucha discreción para no descubrir sus emplazamientos.

A primeras horas del día 20 de febrero de 1945 se reanudaron los desembarcos de marines protegidos por el fuego de cobertura de la escuadra que bombardeó el monte Suribachi,
logrando consolidar las posiciones en la meseta, entre el aeródromo situado al sur y el segundo, situado más al norte. A mediodía se ejecutó una nueva oleada de desembarco
mientras que durante la noche se reprodujo la situación de la anterior.


Vehículos de combate inutilizados por las granadas, los morteros y la negra arena volcánica.


Asalto del Suribachi: el episodio de la fotografía de Rosenthal


El día 21 de febrero de 1945 los estadounidenses lanzaron el asalto al monte Suribachi empleando morteros, minas y lanzallamas, pero logrando escasos avances. Tampoco se logró
progresar en ese día en el sector de los aeródromos permaneciendo la situación al día siguiente, bajo la lluvia, en la que se comenzaron a dar relevo a las fuerzas que habían
desembarcado el primer día.

El día 23 de febrero sin embargo, ya con buen tiempo, los infantes de marina culminaron la escalada del Suribachi, asaltando las posiciones a golpe de ametralladoras, bombas de
mano y lanzallamas. Uno de ellos que llevaba una bandera de los EE.UU. en su mochila, la amarró con ayuda de un trozo de cañería de agua encontrada entre los escombros por otro
compañero y junto a otros seis marines, la alzaron en la cumbre del monte. Poco después, llegaron dos corresponsales de guerra que fotografiaron el acto repetido esta vez. La
fotografía de Rosenthal es considerada uno de los iconos de la Segunda Guerra Mundial, obteniendo el premio Pulitzer. Cuando desde los barcos vieron ondear la bandera, la
saludaron eufóricos con sus sirenas considerando que el desembarco había tenido éxito. Sin embargo, el control completo de la isla por los estadounidenses no se alcanzó hasta un
mes más tarde, el 26 de marzo de 1945 debido a las dificultades del terreno explotadas por estrategia de resistencia extrema de los defensores.




Batalla por el control total de la isla

Durante las semanas posteriores a la toma del Suribachi, la batalla se prolongó para lograr el desalojo por parte de los estadounidenses de las posiciones japonesas en el marco del
paisaje de cerros, quebradas y montículos, gargantas, hendiduras, hoyos y grietas de la isla que había sido sembrado de puestos defensivos fortificados por los japoneses.

Las posiciones habían sido dispuestas de manera que no sólo tenían ángulo de tiro orientado para proteger su propia situación sino también la de los fortines vecinos. En estas
circustancias de fuego cruzado, los marines atacantes veían cortado una y otra vez su avance tanto por el procedente del objetivo que querían reducir como también del procedente
desde ángulos insospechados de otros fortines. Los marines también se encontraron con que las vías aptas para dejar paso a los vehículos se encontraban expertamente minadas.

Los estadounidenses debieron emplear su superioridad técnica para el avance y así, una vez que las unidades de ingenieros limpiaba los pasos minados, los bulldozers allanaban el
camino a los vehículos, de artillería móvil y carros de combate, que avanzaban para la protección de la infantería.



El operativo logístico sanitario desplegado por los estadounidenses resultó de gran importancia ya que su sistema de comunicaciones permitió procurar la ayuda efectiva necesaria a los
caídos por parte del cuerpo de sanitarios, que tuvieron no obstante que dar muestras de valentía arriesgandose por rescatar a los heridos que luchaban por vivir, mientras los
adversarios japoneses luchaban con igual valentía sin rendirse, como les habían solicitado sus superiores, hasta la muerte. Hubo algunos casos aislados de reciprocidad humanitaria hacia
los caídos.

El transcurso de la batalla del 24 de febrero al 26 de marzo de 1945 repitió el mismo escenario de enfrentamiento: tras limpiar de minas del campo por el que avanzaban los marines,
éstos identificaban la localización de la fortificación que hostigaba su avance, solicitando a la artillería el barrido de la posición japonesa emplazada a pocos metros delante de ellos.

Una vez terminado el castigo artillero, se desarrollaba una competición entre defensores y atacantes por alcanzar antes que el contrario la posición bombardeada. Para los japoneses
esto suponía tener que recuperar rápidamente la posición de contraataque del arma dispuesta a la entrada del fortín, apresurándose desde el refugio subterráneo donde se
protegían del bombardeo. Para los marines, éstos debían lanzarse desde las posiciones de repliegue del fuego amigo artillero al rápido asalto de la boca del fortín, desde donde debían
lanzar a tiempo sus bombas de mano o emplear su lanzallamas para neutralizar a los defensores en el túnel de acceso.



Fin de la batalla


En la noche del 25 de marzo de 1945, un grupo de unos 300 soldados japoneses supervivientes, comandados por Tadamichi Kuribayashi se lanzaron en un contraataque Banzai final
contra las posiciones de los estadounidenses en torno al segundo de los campos de aviación al norte de la isla, enfrentándose en cuerpo a cuerpo con marines del 5º batallón,
ingenieros de los seabees y pilotos de aviación hasta el amanecer. Esta última acción supuso la muerte de todos los japoneses y causó 100 muertos y 200 heridos entre los
estadounidenses . El cuerpo de Tadamichi Kuribayashi nunca fue encontrado. Al día siguiente, el alto mando de los EE.UU. declaró la isla de Iwo Jima bajo el control definitivo de sus
fuerzas.




Víctimas

A término de los 36 días de la batalla de Iwo Jima, se habían registrado por primera vez en el conflicto más bajas estadounidenses que japonesas.

Según el historiador Samuel E. Morison las fuerzas norteamericanas sufrieron 24.480 bajas de las cuales 4.197 fueron muertos directos en los enfrentamientos, 19.189 heridos y 418
desaparecidos. Posteriormente, 1.401 heridos fallecieron como consecuencia de las heridas recibidas.

Por la parte japonesa, resultaron muertos 20.703 soldados, prácticamente la totalidad de los efectivos, entre los cuales estaba el comandante Kuribayashi, siendo hechos prisioneros
únicamente 216 supervivientes.

Cabe destacar en la conquista por la isla la extrema resistencia llevada a cabo por el ejército japonés en el que se pasaron varios días antes de la caída de la isla sin comida ni agua;
dedicando a comer lo que buenamente encontraban como lombrices, insectos...



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