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La caída de constantinopla








A comienzos del siglo XV el Imperio bizantino era ya una sombra de lo que había sido. El Imperio turco otomano ocupaba toda Asia Menor y amplios territorios europeos que se extendían hasta Serbia o Valaquia, estados vasallos. Por otro lado, muchas de las islas del mar Jónico y del Egeo pertenecían a los imperios comerciales de Génova y Venecia. En esa época las posesiones bizantinas se reducían a la ciudad de Constantinopla y Tesalónica y a un puñado de enclaves en el mar Negro y algunas islas en el norte del Egeo.

El sultán turco Mehmet II tenía como una de sus prioridades la conquista de Constantinopla, a la que pretendía convertir en el centro político de su imperio. Todos los preparativos técnicos y militares se llevaron a cabo en Edirne (antigua Adrianópolis). Una de las bazas del conquistador fue disponer de una poderosa artillería de sitio que incluía armas y cañones de última tecnología. En el sitio de la ciudad fue la primera vez que se emplearon piezas de artillería de diferentes tamaños en baterías combinadas contra objetivos fijos. Especialmente famoso fue el cañón construido por el ingeniero húngaro Urbano que tenía ocho metros de largo y era capaz de disparar piedras de 600 kg. Además, los turcos desarrollaron una gran pericia técnica a la hora de aislar por mar la ciudad. Sin el sitio naval la conquista hubiera sido muy difícil. El Sultán construyó una flota de cien barcos y ordenó la construcción del fuerte Rumeli Hisari para controlar el Bósforo.





Los primeros preparativos para el ataque vinieron precedidos por un ataque de confianza de Constantino. Ante la muerte de Murad II, su hijo Mehmed prometió dejar tranquila la ciudad y el resto de territorios controlados por ella.

Esto hizo pensar al Emperador que los otomanos estaban en una posición de inferioridad y exigió un pago anual, que debía servir para mantener con vida a un familiar del Sultán, retenido en Constantinopla como rehén. Este hecho, soliviantó a Mehmed que, de inmediato, empezó a preparar el ataque. Corría el año 1452.


Mehmet II

el talón de Aquiles estaba ubicado en las murallas del litoral a lo largo del llamado Cuerno de Oro, el canal que separaba Constantinopla de la villa de Pera.



Por ello los bizantinos al recuperar la urbe para sí reforzaron esta posición y en todos los demás puntos donde fuese necesario hacerlo.
Además se había construido una cadena de hierro, grande y pesada que serviría como obstáculo para que ningún barco ose atravesar el canal sin autorización previa de los bizantinos.


Los preparativos fueron largos. Ambos bandos procuraron agrupar el mayor número posible de aliados y soldados.




Esto escribio Constantino XI al Sultan Mahomet II

“Ya que has optado por la guerra y no puedo persuadirte con juramentos ni con palabras halagüeñas, haz lo que quieras; en cuanto a mí, me refugio en Dios y si está en su voluntad darte esta ciudad, quién podrá oponerse?… Yo, desde este momento, he cerrado las puertas de la ciudad y protegeré a sus habitantes en la medida de lo posible; tú ejerces tu poder oprimiendo pero llegará el día en que el Buen Juez dicte a ambos, a mí y a ti, la justa sentencia.”


Constantino XI


El sultán turco marchó contra la capital bizantina con un ejército de cien mil hombres, aunque muchos de los cuales no eran combatientes. Su élite estaba formada por la caballería imperial y los jenízaros, que rondaban los diez mil efectivos. Los jenízaros formaban unidades de infantería equipadas con armas de fuego de mano. Fueron numerosos los efectivos reclutados entre los territorios europeos vasallos de los turcos, tanto combatientes como no combatientes, entre los que destacaron los mil quinientos minadores procedentes de Serbia, Bohemia y Hungría. Frente a ellos, una guarnición de treinta mil defensores se encontró con el problema de cubrir con eficacia la defensa de unas murallas enormemente extensas.

A comienzos de abril Mehmet II estaba frente a la ciudad. Se habían transportado más de diez baterías artilleras, entre ellas tres cañones gigantes. El Sultán se situó con sus fuerzas de élite entre las puertas de San Romano y de Casirio, protegidas por los principales contingentes defensores bajo el mando del propio emperador Constantino XI y el caudillo genovés Giustiniani.
Las murallas habían sido reforzadas y con su foso y sus tres líneas defensivas consecutivas eran la principal baza de los bizantinos. De todos modos, la resitencia tenía un límite y a medio plazo solo un improbable ejército cruzado de socorro podría salvar la ciudad.





Ataque turco contra las murallas de Constantinopla


Las hostilidades comenzaron el 6 de abril. Durante todo ese mes la artillería sometió a las murallas a una presión constante e, incluso, el gran cañón de asedio construido por Urbano se agrietó por sobrecarga y tuvo que ser reparado. Los turcos buscaron destruir en dos ocasiones la gran cadena que protegía el Cuerno de Oro a la vez que intentaron atacar las fortificaciones terrestres con torres de asalto desde las que pretendieron rellenar el foso, pero fracasaron. Las principales incursiones se produjeron en el valle del rio Lico, en el tramo defendido por el emperador y el genovés Giustiniani.

A finales de abril se produjeron dos acontecimientos importantes: el 20 de abril una pequeña flota genovesa-bizantina logró sortear el cerco turco mientras que poco después, en la noche del 21 al 22 de abril, sesenta pequeños veleros turcos fueron transportados por tierra desde el estrecho de Bósforo hasta el Cuerno de Oro. Los bizantinos fracasaron en su intento de quemar los veleros y éstos fueron finalmente empleados para construir un puente de pontones desde donde bombardear con cañones las murallas bizantinas del Cuerno de Oro.


Empleo de artillería y torres ofensivas contra las murallas


Empleo de artillería y torres ofensivas contra las murallas

El 6 de mayo, Mehmet II ordenó un ataque general con treinta mil hombres sobre las murallas en el tramo más hostigado hasta entonces, entre las puertas de San Romano y de Carisio. En los días siguientes las fortificaciones fueron duramente bombardeadas y una segunda oleada de atacantes golpeó los muros desde la puerta de Carisio hacia el norte.

Aunque las murallas sufrieron en algunos tramos graves desperfectos, los asediados resistieron. A mediados de mayo hubo un nuevo intento fallido de romper la gran cadena, como también fue un fracaso el intento de los minadores serbios de hundir la muralla a la altura de la puerta de Carisio.
Algunos días después, los atacantes lograron acercar una torre de asedio a la muralla y cubrir el foso hasta levantar un gran montículo de arena que alcanzaba la altura de la muralla. Aunque los bizantinos destruyeron la torre con fuego griego, los otomanos habían conseguido debilitar sus defensas.



Grandes piezas de artillería turcas


Este cañón del XV conocido con el Cañón de los Dardanelos fue fabricado en 1464 y utilizaba bolaños de 300 kg de peso. El gran cañón empleado en la conquista de Constantinopla pudo ser muy parecido.






A finales de mayo, aunque corrió el rumor de la cercanía de un posible ejército de socorro y los sectores de la corte otomana contrarios a la guerra presionaron al Sultán, este estaba decidido. El día 29 de mayo comenzó el ataque final. Los bizantinos no lograron resistir las tres oleadas consecutivas de incursiones otomanas. El comandante genovés Giustiniani, que había sido un símbolo de la resistencia, fue gravemente herido y la desmoralización cundió entre los defensores. Al atardecer de ese día los jenízaros se abrieron paso a través de los muros destruidos por la artillería junto a la puerta de San Romano y la bandera turca ondeó en las hasta entonces inexpugnables murallas de Constantinopla.



Ataque final contra las murallas de Constantinopla




Antiguas murallas de Constantinopla en la actualidad


Aunque en los momentos inmediatamente posteriores a la conquista hubo saqueo y pillaje, el día 31 de mayo el Sultán prohibió los actos vandálicos y se aseguró que se preservera su autoridad y la seguridad de la ciudadanía griega. De hecho, el grado de destrucción fue limitado, al contrario de lo que escribieron después las fuentes cristianas: el sultán mantuvo en sus hogares a muchos cristianos e incluso pagó los rescates de muchos que habían caído prisioneros en manos de sus hombres. Tampoco destruyó Santa Sofía, la convirtió en mezquita y conservó sus frescos bajo una capa de yeso. Mehmet pretendía convertir la ciudad en su nueva esplendorosa capital y para ello necesitaba también lo que los vencidos podían aportar, necesitaba una ciudad cosmopolita y rica en culturas.

En Occidente la caída de Constantinopla fue recibida con pesar, aunque el mundo cristiano no hizo verdaderos esfuerzos por evitarla. Por su parte el mundo islámico aplaudió la hazaña, aunque muchos soberanos musulmanes rivales de los otomanos vieron con disgusto una conquista que abrió el paso a la hegemonía otomana sobre el Islam que se prolongó hasta comienzos del siglo XX.





Santa Sofía y el resto de los edificios, aunque pasaron a ser mezquitas, fueron respetados y invitó a los habitantes a quedarse en sus hogares, respetando sus bienes.

Incluso designó a un patriarca ortodoxo, permaneciendo en la ciudad un gran número de cristianos, aunque un gran grupo de sabios griegos marchó a occidente, colaborando de manera activa en el Renacimiento.

Una flota de barcos escapo llevando sobrevivientes sin ser molestados por los marineros turcos que habian abandonado sus barcos para unirse al saqueo.

Unos cuatro mil bizantinos habian perecido , entre ellos catalanes , genoveses , griegos , venecianos , y otros cincuenta mil se rindieron y fueron respetadas las vidas de los susceptibles de ser vendidos como esclavos.





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