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La campaña cambió

Comparto un interesante análisis de los vaivenes de la campaña electoral por el politólogo Daniel Chasquetti.

Hasta hace tres semanas, el camino a la presidencia parecía estar abierto para Luis Lacalle Pou. Mientras su partido crecía en las encuestas, el Frente Amplio caía y el Partido Colorado permanecía estacionado o en retroceso. Las sucesivas encuestas de agosto, ampliamente comentadas y divulgadas en los medios de comunicación y redes sociales, sonaron como un despertador para las fórmulas colorada y frentista. De este modo, la campaña electoral mutó, el control de la agenda comienza a pasar de mano en mano, y el resultado final se presenta más impredecible que nunca.



El despertar del gigante

El miércoles 27 de agosto, el portal del diario El Observador titulaba sorprendido, "En medio de la campaña, Vázquez se tomó cinco días de vacaciones" (1). Según sus fuentes, el candidato de izquierda había iniciado su descanso el viernes 22 y retomaría su actividad proselitista el jueves 28. Sin embargo, a contra sentido de la información vertida, Vázquez y su entorno estaban reflexionando acerca de la campaña y del nivel de eficacia de su estrategia política. Analizaron las encuestas divulgadas en la quincena anterior que mostraban al unísono una llamativa caída del Frente Amplio. En particular, impactó el estudio publicado por Equipos Mori, donde este partido presentaba una intención de voto inferior al 40%, y un estudio de Factum que comparaba la intención de voto actual con la de hace cinco años, mostrando que el deterioro electoral estaba centrado en los segmentos sociales con ingresos medio y medio alto, entre los sectores con estudios terciarios y entre aquellos que viven en la capital del país.

El interludio en la campaña representó para el Frente Amplio marcó un antes y un después en la carrera electoral. Mientras la fórmula presidencial lanzaba una nueva estrategia basada en la divulgación de sus iniciativas programáticas (cuatro conferencias a realizarse en la Torre de Antel), las estructuras partidarias tensaban fuerzas y comenzaban a marcar presencia callejera dándole calor a la campaña. En las redes sociales, un ejército de militantes criticaba abiertamente las propuestas y discursos del principal candidato de la oposición, en tanto otros difundían como máquinas los logros del gobierno y las promesas de campaña lanzadas por la fórmula presidencial. A todos ellos, se sumaron diferentes agencias del gobierno con publicidad oficial que favorecía indirectamente al Frente Amplio, mientras el Presidente de la República pedía a la gente que reflexionara sobre la elección en sus regulares diatribas radiofónicas.

El despertar del Frente Amplio le debe mucho a la irrupción en escena del Pit-Cnt. La contundente ofensiva de la central sindical (y en particular del SUNCA) contra Lacalle Pou durante la última semana de agosto, modificó drásticamente el estado de ánimo de la militancia frentista y mostró también a Bordaberry, cuán débil podía lucir el candidato nacionalista si se le atacaba en forma correcta.

Un acto de supervivencia

Mientras el Frente Amplio comenzaba a desperezarse, el Partido Colorado modificaba drásticamente su estrategia de campaña. El peligro de polarización de la carrera presidencial aterrorizó a muchos cuadros del partido que vieron amenazadas sus chances de acceder al Parlamento. Una intención de voto del 13% está más cerca del papelón de 2004 (cuando el partido realizó la peor elección de su historia con solo el 10% del electorado) que del prometedor renacimiento de 2009 (cuando el partido le robó más de cien mil votos al Partido Nacional y se transformó en aspirante a liderar el bloque no frenteamplista). El cambio de estrategia se basó en dos decisiones sustantivas. En primer lugar, colocar en el centro de su campaña a la enmienda constitucional que se plebiscitará en octubre. Esta es una iniciativa valorada por el electorado de derecha y centro derecha, que además divide al Partido Nacional, mete ruido en su fórmula presidencial, y deja al Partido Colorado como el único partido dispuesto a asumir costos en la búsqueda de soluciones de fondo para la inseguridad. En segundo lugar, atacar al candidato nacionalista procurando desnudar sus principales debilidades. En tal sentido, las críticas se centraron en la inexperiencia de Lacalle Pou, su falta de preparación y su supuesta "tibieza" o "incoherencia" para lidiar con temas complejos como la economía o la seguridad. La adopción de ese rumbo se realizó tras comprobar que el Pit-Cnt con un mínimo esfuerzo había conseguido poner nervioso a Lacalle Pou y obligarlo a aclarar públicamente cuál es su posición sobre determinados temas.

El discurso de confrontación fue bien recibido por la militancia joven colorada que veía como una vez más la competencia presidencial se les escapaba sin ofrecer un mínimo de resistencia. El nuevo posicionamiento permitió a Bordaberry demostrar cuánto ha madurado como político y cuán bien preparado en materia programática ha llegado su partido a esta instancia electoral.

Cuando las cosas dejan de salir bien

El viraje en la estrategia de sus dos principales rivales parece haber tomado por sorpresa a Lacalle Pou y su avezado equipo de asesores. Luego del exitoso lanzamiento del equipo económico, el entorno del candidato nacionalista robosaba de euforia electoral. El portal del diario El Observador titulaba el 19 de agosto, también sorprendido, "Ambiente triunfalista en el Partido Nacional. A la futura ministra de Economía ya le piden dinero para planes, Lacalle llama a la tranquilidad" (2). Mientras algunos connotados senadores herreristas se probaban el traje de ministro, otros especulaban sobre las carteras que cederían al Partido Colorado o al Partido Independiente en el proceso de formación de la futura coalición de gobierno. La carrera electoral de los blancos era por esos días un camino plácido y sin mayores obstáculos, en el cual el candidato manejaba a gusto los contenidos de la agenda.

Sin embargo, en determinado momento las cosas dejaron de salir bien. En apenas dos semanas se sucedieron algunos errores o malos entendidos que pusieron a Lacalle Pou repentinamente a la defensiva. Sus declaraciones sobre la ley de ocho horas para el trabajador rural fueron confusas y dieron a entender que el candidato estaba en contra de ella (cuando su partido la había votado favorablemente). Luego, apareció su opinión sobre la indexación de los salarios y la negociación colectiva que fue interpretada por el Pit-Cnt como una posición contraria a la vigencia de los consejos de salarios (equiparándolo con su padre, cuando en ejercicio de la Presidencia decidió no convocarlos y dicha ausencia se prolongó por quince años). Finalmente, Lacalle virtió su opinión contraria a la ley de responsabilidad empresarial y fue interpretada por el SUNCA como un acto contrario a la defensa de la vida de los trabajadores de la construcción. De esta forma, en pocos días, los enredos discursivos propios y las (malintencionadas) interpretaciones de los sindicatos colocaron a Lacalle Pou en una situación de llamativa incomodidad. Para evitar daños mayores su comando de campaña publicó el domingo 31 de agosto, un insólito comunicado de prensa donde se aclaraba la posición del candidato y se denunciaba el operativo político al que se veía sometido (3). El reconocimiento de esos errores modificó drásticamente la campaña, precisamente cuando Vázquez retornaba de sus cinco días de reflexión y Bordaberry discutía el viraje de su campaña.

Pero las cosas siguieron mal en setiembre. Lacalle Pou debió enfrentar una sostenida ofensiva de parte del candidato colorado, mientras Tabaré Vázquez se concentraba plácidamente en el lanzamiento de sus ideas para un eventual tercer gobierno del Frente Amplio. Intentando retomar el control de la agenda, el 6 de setiembre, su comando lanzó la idea-fuerza de "buscar las coincidencias" programáticas entre los partidos que compiten por la presidencia. Pese a que la iniciativa buscó ser un idea original más, no hizo otra cosa que agregar confusión al rumbo que había adquirido la campaña nacionalista. Ello se debe a que, por un lado, el clásico juego de niños consiste en buscar las diferencias y no las similitudes (hecho que la gente encuentra más familiar), y por otro, porque en cualquier campaña los candidatos tratan de diferenciarse unos de otros con el fin de ser identificados por el electorado. La iniciativa convoca precisamente a lo contrario, es decir a volverse muy similares y por tanto indescifrables por sus propuestas programáticas. Lo que ayer funcionaba bien hoy parece ser menos efectivo. El intento de anulación de la competencia programática a favor de la dimensión estética y del marketing parece ahora fracasar.

Las consecuencias del cambio

Los hechos presentados hasta aquí deberían tener un correlato en las encuestas de opinión pública. Si una porción creciente del electorado estuviese alerta a la política cotidiana, debería percatarse de los hechos acecidos. El pasado lunes 8 de setiembre se conoció un estudio de la empresa Factum (cerrado el 3 de setiembre) que parece corroborar estas apreciaciones. La sangría del Frente Amplio y el Partido Colorado se habrían frenado (incluso allí el FA crece), en tanto el Partido Nacional matiene un incremento constante de un punto porcentual por mes. En los próximos días irán apareciendo nuevos estudios que nos dirán si las nuevas tendencias se consolidan o si aparecen nuevas modificaciones. No obstante, más allá de las encuestas, parece claro que la campaña cambió y que ahora adquiere otros rumbos. La incertidumbre sobre quién ganará la presidencia se incrementa y la competencia voto a voto marcará el tramo final de la carrera electoral.


Notas

(1) http://www.elobservador.com.uy/noticia/286401/en-medio-de-la-campana-vazquez-se-tomo-cinco-dias-de-vacaciones/

(2) http://www.elobservador.com.uy/noticia/285799/ambiente-triunfalista-en-filas-nacionalistas/

(3) http://www.lacallepou.uy/comunicado-de-prensa/
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