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La canción húngara que podría llevarte al suicidio



Me da miedo escuchar una canción… esa canción.

No lo niego, me aterra, no no me atrevo, quiero seguir en este mundo.

No puedo correr el riesgo de acabar quitándome la vida por ceder al impulso de escuchar la canción “Gloomy Sunday” o “la canción húngara del suicidio”, como también es conocida esta pieza compuesta en 1933 por un par de buenos húngaros cuyas vidas y muertes estuvieron marcadas por la tragedia.

El autor de la melodía, el pianista judío Rezső Seress, acabó sus días colgado de un alambre en una cama de hospital (ya antes había intentado suicidarse lanzándose por una ventana).

No ocurrió igual con el autor de la letra definitiva, el desolado poeta László Jávor, quien murió en 1965 de un ataque al corazón.

Originalmente, Seress escribió una letra para su melodía titulada “Vége a Világnak” (El mundo se está terminando), que hablaba de la desesperanza ocasionada por la guerra y que terminaba con una breve oración por los pecados de la gente, pero fue Jávor quien, inspirado por el sufrimiento que le produjo el abandono de su novia, la recompuso con el nombre de “Szomorú Vasárnap” (Domingo triste) y así quedó para la posteridad.

El popular cantante húngaro Pál Kalmár grabó la pieza por primera vez en 1935. La composición pasó al principio sin pena ni gloria, pero a partir de 1936 comenzó a ser relacionada con una serie de suicidios acontecidos en Hungría, especialmente en la capital Budapest. Se dice que al menos 17 personas se quitaron la vida presuntamente después de escuchar la canción –bien fuera en un gramófono o en alguna presentación en vivo– o en sus notas de suicidio había referencias directas a “Szomorú Vasárnap”.

De hecho, en un reportaje publicado por la revista Time en 1936 se enumeran casos de suicidios presuntamente conectados con esta canción: un zapatero que escribió la letra en su nota de despedida; dos personas que se dispararon a sí mismas justo en momentos de su interpretación en vivo; otras tantas que se lanzaron al Danubio tenían en sus manos la partitura de la canción
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Suicidios dentro y fuera de Hungría



¿Qué tiene de particular esta canción que impulsa a un hombre a lanzarse de un puente? Es difícil decirlo. Se trata de una composición tremendamente triste, de una enorme carga melancólica, depresiva, que habla de la muerte, del amor perdido, de la desolación de un hombre que ya no tiene a su amada y se propone quitarse la vida un domingo, el mismo día de la semana en que ella se quitó la suya.

No hay manera de determinar con exactitud la razón por la cual esta canción tendría que llevar a una persona a cometer suicidio, más si se piensa que durante mucho tiempo Hungría fue el país con la mayor tasa de suicidios del mundo (en 1984 se ubicó en 45,9 por cada 100.000 habitantes) y que en aquel entonces, década de 1930, Europa atravesaba un importante momento de crisis (la Gran Depresión, el auge del nazismo) y se dirigía al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Muchos piensan, por tanto, que las propias circunstancias históricas de la época llevaron a miles de húngaros a quitarse la vida y que, entre estos, pudo haber unos cuantos que fueron influenciados por el tono afligido de la canción.

Sin embargo, también hay registros de supuestos suicidios vinculados con “Szomorú Vasárnap” en otras ciudades europeas, como Berlín, en donde un hombre se pegó un tiro tras repetir a sus familiares que no hallaba la manera de sacarse la canción de la cabeza. Y se sabe que en Roma, un joven errante, tras oír a un vagabundo tararear la melodía, se bajó de su bicicleta, le entregó todo su dinero y saltó del primer puente que halló. Adiós, mundo cruel.


La canción llega a América

Por otro lado, en los mismos años 30 la revista Time y el diario The New York Times reportaron intentos de suicidio en Estados Unidos conectados con “Szomorú Vasárnap”. La canción llegó a Nueva York en 1936, promocionada bajo del rótulo de “la canción húngara del suicidio” y una semana después de su debut radial, una mecanógrafa se suicidó por ingestión de gas, no sin antes pedir en su carta de despedida que la pieza fuese reproducida en su funeral.


La legendaria cantante estadounidense Billie Holiday popularizó “Gloomie Sunday”, la versión en inglés de “la canción húngara del suicidio”

Algunos estudiosos calculan al menos 200 suicidios en distintos países relacionados con la canción, gran parte de estos en Estados Unidos y Reino Unido luego de que en 1941 debutase y se hiciese sumamente popular la versión en inglés interpretada por la legendaria cantante de jazz Billie Holiday bajo el título de “Gloomy Sunday” (en español, Domingo sombrío).

Al parecer, muchos jóvenes fanáticos del jazz cayeron en profunda depresión tras escuchar la versión de Holiday, al punto de que su difusión fue prohibida en numerosas estaciones de radio estadounidenses.

De igual modo, a principios de la década de 1940 –y hasta 2002–, la BBC prohibió la difusión de esta canción (eventualmente permitió solo la versión instrumental).

Con el paso del tiempo, esta canción ha sido interpretada por muchos otros populares cantantes, entre quienes se encuentran Charles, Björk, Sarah McLachlan, Elvis Costello, Björk, Sinéad O’Connor, Lou Rawls y Sarah Brightman. Vale decir que hasta el momento no se han registrado casos de suicidios vinculados con estas versiones más modernas.

Por otro lado, la canción inspiró en 2003 una película alemana del mismo nombre. El filme “Gloomy Sunday” se desarrolla en el contexto del Holocausto nazi y cuenta la historia de una mesera de Budapest que ama a dos hombres: su esposo, el dueño del restaurant donde trabaja, y el otro, un joven compositor que aparecen en sus vidas. Los tres inician una relación y el compositor crea “Gloomy Sunday”, una canción fatal, maldita, que misteriosamente lleva a algunos a cometer suicidio.

También es posible escuchar una versión instrumental, interpretada con violín por el maestro Itzhak Perlman, en la célebre película de Steven Spielberg, “La lista de Schindler” (1993).




¿Un caso del “Efecto Werther”?

Mucho se ha escrito y analizado del efecto suicida de esta canción. Hay estudios referencian algunas obras de arte que pueden resultar suicidio-génicas; de hecho se habla del “Efecto Werther”, un concepto que describe el aumento de las conductas suicidas por imitación de lo que aparece en los medios, bien sean libros, películas, noticieros o canciones.

El nombre de este fenómeno alude a una ola de suicidios que tuvo lugar en Alemania tras la publicación de la novela Los sufrimientos del joven Werther, del escritor Johann Wolfgang von Goethe, en 1774.




En la novela, el joven protagonista se quita la vida tras un desengaño amoroso, una conducta que, al parecer, fue replicada por cientos de jóvenes alemanes, lo mismo que ocurrió siglo y medio después en Hungría con la canción “Szomorú Vasárnap”.

En enero de 1968, el pianista Rezső Seress acabó con su vida. Al parecer, no pudo superar la profunda depresión que le surgió a partir de “Szomorú Vasárnap”, ya que nunca más pudo crear otro éxito. Su autor fue, quizás, la última víctima y con su muerte –su suicidio– acabó la maldición de esta canción.
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