Check the new version here

Popular channels

La chica Sabrina en el supermercado



Hay cosas que por instinto de supervivencia uno tal vez no haría jamás en la vida: comer en Coto es una de ellas.
Digo comer como también comprarse comida en la rotisería que tiene Coto del otro lado de la góndola de los electrodomésticos.

Digo Coto por nombrar un supermercado, pero podría ser cualquier supermercado que exponga milanesas tapizadas de pan rallado, suntuosas ensaladas de papa y mayonesa, decenas de merluzas a la romana y de buñuelos de acelga que exudan fritura en las bandejas de plástico.
Eso no haría. Yo. Pero cada uno es libre. Y cada uno es libre también de hacer lo que se le antoje: como ir un viernes a la tarde, último día de las vacaciones de invierno, al primer piso que tiene la sucursal de Coto en Cabildo al 500.

Es otro mundo. Un mundo que tal vez, por prejuicio, uno jamás se empujaría a conocer. Ahí estoy: en el patio de comidas del Coto que antes, uno, por prejuicio, pensaba que iba a ser una verdadera desgracia. Pero no. Hasta en algún punto termina siendo un lugar cómodo, en lo posible agradable, nefasto como cualquier patio de comidas de cualquier palacio del consumo fast-food.
Ahí estamos. Somos muchos.

Entre chicos que se tiran incansablemente por un pelotero tubular, entre adolescentes que juegan al pool en mesas de paño verde, entre sujetos maduros reunidos en torno al peloteo de una circunferencia blanca que hace ping pong.

Y esa especie de Sacoa inserto a un costado, en la “zona Cumples”, con sus musiquitas esquizofrénicas que tiran balas, repiquetean timbales o componen melodías resignadas que anuncian: game-over. Ahí, en ese lugar, se presenta un libro.
No se preocupe: no es algún ensayo intelectualoso con ínfulas de superioridad sociológica que analiza la incidencia de la gastronomía barata en la clase media argentina. Nada de eso.

Es El libro de la chica Sabrina . ¿Quién? Si no la conoce, no tiene Twitter. Sabrina, digamos, es una ama de casa, 31 años, esposa de El Faby, cholula, fan de los “fianbre” y la pelopincho con un modo de hablar particular: “Ke visio espiarlo a las enemiga en el feis!!!”, dice Sabrina o, cada tanto, cuando se pregunta sobre cosas que no comprende, remata: “Mi-te-rio”.

Sabrina es una estrella que escribe como habla. Es un personaje de ficción que explotó en Twitter (@lachicasabrina) que ya había sido esbozado antes en un blog. Sus autores: Carolina Aguirre y Pablo Pérez Correa.



Ella no está esta tarde en Coto, pero él sí, y está acompañado por el ilustrador tucumano Bernardo Erlich, responsable de convertir en dibujo la fisonomía y los modos de la chica Sabrina, y la periodista Florencia Etcheves, invitada al evento para explicar un poco más de qué se trata todo esto: “Cuando surgió Sabrina en Twitter no era un tuit con errores de ortografía, se estaba construyendo un lenguaje: Sabrina escribe como escucha”, señala Etcheves. “Sabrina no tiene vergüenza, y su mundo, el mundo que se fue construyendo desde su cuenta, es una cosa sobrecargada, estridente.

Generó un universo en el que nos identificamos porque todos, de algún modo somos Sabrina”. El público quiere saber cómo fue el proceso de trabajo con Erlich y Erlich confiesa que fue el proceso de volverlo loco. El público quiere saber cuál es la máxima fuente de inspiración para Sabrina que encuentran y Pérez Correa confiesa: “Es la Sabrina misma, porque Sabrina existe”.

0
0
0
0
0No comments yet