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La construcción de una candidata



La entrada por la ventana de Marina Silva a las elecciones de Brasil abre un escenario de incertidumbre.

La situación política por la que atraviesa Brasil es digna de un guión de Hollywood. Claro que la imaginaria película podría tener un final dramático para la región. La azarosa reaparición de Marina Silva como candidata para las elecciones presidenciales del próximo 5 de octubre tiene todos los condimentos de un thriller como para comerse las uñas hasta el final. Los aderezos son varios. Un partido oficialista con incontables éxitos que va en busca del cuarto mandato consecutivo; una humilde mujer, analfabeta hasta su adolescencia, que nació a la luz pública al lado de un prestigioso activista verde y de un gremialista que llegó a presidente; y último, pero no por eso menos importante, el protagonismo que podría resultar decisivo de los grandes medios dominantes que, instigados por las empresas que tanto dinero ganaron con el PT en el poder, se desviven por instalar a Silva como futura presidenta.

Marina Silva tiene 56 años y vivió su pobrísima infancia en una aldea en el Seringal, región donde abundan los árboles de caucho y cuya extracción era el medio de supervivencia de su numerosa familia. A los 14 años fue alfabetizada y en 1981 se matriculó en la Universidad de Acre, donde descubrió el marxismo. Como activista ambientalista, Silva fue compañera de lucha de Chico Mendes, asesinado por los terratenientes al oponerse a la tala de árboles en el Amazonas. Por esos años se hizo miembro del Partido de los Trabajadores. En 1990, fue elegida diputada estatal y en 2003 Lula la nombró Ministra del Medio Ambiente, pero renunció en 2008. Silva se alejó del ministerio debido a roces con colegas de otras carteras que apoyaban los incendios forestales en favor de los grandes productores de soja, la construcción de plantas hidroeléctricas y la producción de etanol. En agosto de 2009 abandonó el PT para ingresar en el Partido Verde (PV), por el cual compitió en las elecciones generales de 2010. Aunque no llegó a la segunda vuelta, Marina Silva logró el 19,3% de los votos.

A partir de ese momento comenzó a formar su agrupación política, Red de Sustentabilidad (Redes). Y hace exactamente un año sorprendió al escenario político al afiliarse "simbólicamente" al Partido Socialista Brasileño (PSB) al no obtener Redes reconocimiento de partido nacional. Su primera declaración causó sorpresa: dijo que resignaba por el momento el sueño de ser presidenta para cumplir con el objetivo de "terminar con la hegemonía del chavismo del PT en el gobierno". En el Planalto no recibieron la noticia con alegría, pero el derechista PSDB festejó públicamente la noticia. La cadena Globo y el diario Folha de Sao Pablo se encargaron de difundir con creces estas dos reacciones. Comenzaba la campaña mediática.

"No quiero ser la Madre Teresa de Calcuta de la política brasileña, yo no soy una militante del PSB, soy una militante de Redes. El PSB ya tiene un candidato", dijo. Pero la actual candidata se equivocaba: el PSB no es lo que solía ser. Por esos días rompió lanzas con el PT y retiró a sus ministros del gobierno, y el candidato al que se refería murió en un accidente de avión el pasado 13 de agosto. A Silva, que ya era su compañera de fórmula, la ansiada aspiración presidencial le quedó servida en bandeja.

En los primeros meses de campaña, Silva ya aventajaba por 10 puntos en las encuestas de imagen a su compañero de fórmula, que ocupaba el cuarto puesto en los sondeos con apenas el 5 por ciento. Hoy, la ambientalista se perfila como favorita para derrotar a Rousseff en la segunda vuelta para las encuestadoras. Según IBOPE, Rousseff sigue como líder hacia la primera ronda electoral y logró elevar del 34 al 37% su índice de preferencias. Sin embargo, la mandataria está técnicamente empatada con Silva, ya que la candidata del PSB también amplió su tasa de intención de voto al 33 por ciento. El representante del PSDB, el senador Aecio Neves, retrocedió cuatro puntos, marcha tercero con un 15%, y esta semana tuvo que salir a desmentir su abandono. De mantenerse este panorama, la elección brasileña se definiría en una segunda vuelta, en la que Silva aparece en leve ventaja ante Rousseff. La encuesta privada fue difundida por la red televisiva Globo y respalda otra elaborada por el Instituto Datafolha, perteneciente al grupo de Folha de Sao Paulo.

Pero con la nominación del diputado Beto Albuquerque a la vicepresidencia (tras la negativa de la viuda de Campos para integrar la fórmula, que para el PSB era una candidata de ensueño), comenzaron a vislumbrarse las diferencias hasta ese momento ocultas. Campos mantenía estrechos vínculos con productores rurales del estado de Río Grande do Sul y, en la década pasada, apoyó un proyecto del gobierno de Lula destinado a liberar el cultivo de alimentos transgénicos en el país. Silva, por su parte, estaba considerada como una "enemiga" del agronegocio, en razón de sus firmes posiciones en defensa de la preservación del medio ambiente. De hecho, Folha de Sao Paulo reveló que las últimas campañas de Albuquerque recibieron apoyo financiero de una empresa de pesticidas agrícolas, de una fábrica de armas y de una cervecera, y recordó que Redes prohíbe a sus afiliados recaudar dinero de estos sectores. Una manera no muy elegante del diario de marcarle la cancha de entrada a la candidata.

Pero esa no fue la única incongruencia. El viernes pasado el PSB presentó su programa de gobierno que incluía el apoyo de la candidata al casamiento entre homosexuales, pero 24 horas después se encargaron de aclarar que sólo se refería a la unión civil. "Fuimos sorprendidos con el cambio", declaró el hasta ese momento coordinador de asuntos homosexuales de la campaña de Silva, Luciano Freitas, un reconocido activista de los movimientos gay, quien tras enterarse del cambio presentó su renuncia. La baja de Freitas se sumó a la del secretario general del PSB, Carlos Siqueira, quien abandonó la campaña por otras discrepancias con Silva. La candidata explicó el cambio en el programa como la "corrección de un error", porque acepta respaldar la unión civil homosexual y no el casamiento, que, en su opinión, sólo puede permitirse entre hombres y mujeres. Coincidencia o no, el cambio fue luego de fuertes manifestaciones de líderes de iglesias pentecostales, que acusaron a Silva de haberse "burlado" de los principios que postula esa religión. Ni lenta ni perezosa, Rousseff aprovechó la gaffe de su impensada rival: "No creo que se deba cambiar de propuestas, sobre todo cuando se habla de derechos y más si se trata de homofobia, que es una ofensa para Brasil."
Frenar la "ola verde" desatada en Brasil por el ingreso de Silva en la disputa presidencial se convirtió en el principal objetivo del PT.

El partido gubernamental busca atacar los puntos más vulnerables de la candidata, y esta semana concentró su campaña en advertir los brasileños de evitar apoyar a "salvadores de la patria" y a recordar que el PSB de Silva tiene hoy a solamente 33 de los 513 diputados, un número insuficiente para asegurar apoyo parlamentario a sus proyectos. Un programa de propaganda del PT recordó que dos ex presidentes brasileños elegidos sin mayoría parlamentaria no lograron terminar sus mandatos, y exhibió fotos de Janio Quadros –quien renunció en 1961, siete meses después de tomar posesión– y de Fernando Collor de Mello, desalojado del poder en 1992 por un escándalo de corrupción.

También es cierto que Silva se boicotea sola. Durante el último debate, el analista político Fernando Rodrigues, del portal UOL, retó a Silva a revelar los nombres de las empresas que, en los últimos tres años, le pagaron más de siete millones de dólares por conferencias, como forma de demostrar su compromiso de conducir un gobierno transparente. La líder ambientalista afirmó que la confidencialidad ha sido exigida por las empresas.

El analista Paulo Moreira Leite advirtió que Silva carece de una estructura partidaria consistente para gobernar y el único respaldo claro fue expresado por el del sector financiero. Silva incluyó en su comando de campaña a su amiga Maria Alice Setúbal, miembro de la familia que fundó y controla Itaú, el mayor banco privado del país. Setúbal declaró que recibió "varias llamadas de empresarios" ofreciendo dinero para financiar la campaña y que un grupo de economistas del mercado financiero se sumarán a las filas socialistas en los próximos días. Los dichos de Setúbal fueron entendidos no sólo como un aval de su banco, sino como un respaldo de parte de la corporación financiera que ha hecho saber su oposición a la reelección de Rousseff.

Es que el socialismo brasileño no es lo que era, y se puso en onda con las izquierdas del ajuste europeo. Hay que recordar que pocos días antes de su muerte, Campos participó de un debate con un representante del PSDB en el que ambos especificaron que "el eje Mercosur-Unasur" no está en los proyectos de ninguno de los dos y que sus planes pasan por unirse a la Alianza del Pacífico y alcanzar las mejores relaciones con EE UU. El entonces candidato del PSB precisó que "el eje Mercosur-Unasur jamás será mi prioridad (porque) lo que Brasil necesita es una diplomacia comercial de resultados, es mucho mejor realizar acuerdos bilaterales que enfrentar las dificultades de convencer que hagan lo mismo a todo un grupo de países, el Mercosur es un peso". La región, agradecida.

El gran reto de Marina Silva será ahora el de mantener el nivel de popularidad a lo largo de las próximas y decisivas cinco semanas de campaña política. Cuando murió Campos, los analistas avizoraban que la aparición de la ecologista podía forzar una segunda vuelta al quitarle votos al PT. Pero lo que estaba fuera de los cálculos era que el ballottage lo protagonizara ella, y no Neves. Por lo pronto, Silva continúa recibiendo apoyos, como el del cantante Caetano Veloso: "Sentiré orgullo al ver su rostro representando nuestro país en las imágenes que se diseminarán por el mundo."

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