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la corrupta policía de buenos aires

"Es desesperante ver cómo matan a tu marido y que nadie mueve un dedo"

Inseguridad

Lo dice la mujer de Ovidio López, el español de 57 años asesinado al intentar defender a su vecina de un robo. Su hijo de 14 años también fue testigo del crimen.



Ovidio López había nacido hace 57 años en Santiago de Compostela. Cuando tenía 11 se vino a la Argentina. En El Jagüel (partido de Esteban Echeverría) todos lo conocían como “El Gallego”. Era padre de siete hijos, de entre 14 y 30 años: cuatro de ellos viven hoy en España. El sábado, Ovidio estaba en su casa cuando escuchó gritos en el consultorio odontológico del que lo separaba una pared. Fue corriendo y se topó con ladrones. Los enfrentó y le pegaron tres balazos. Cuando estaba tirado en el piso, lo ejecutaron de dos tiros más. Los asesinos escaparon sin robar, pero luego la Policía detuvo a dos sospechosos.

"Es desesperante ver cómo matan a tu marido y que nadie mueve un dedo. Yo voy a llevar esa imagen de por vida. Pero mi hijo, que también estaba presente y vio todo, tiene apenas 14 años ”, le dijo a Clarín, angustiada, Rita Aibar (47), su viuda. “El trabajó casi siempre de conserje de hotel, pero a lo largo de su vida hizo de todo”, remarcó.

El drama se registró alrededor de las 17.30 del sábado. Ovidio y su mujer estaban en su casa cuando escucharon los gritos de la dentista que alquila el local contiguo, en la esquina de Baldomero F. Moreno y Thomas Edison, en una barriada modesta llamada Siglo XX. El hombre, sin dudarlo, salió a la calle y corrió hasta el consultorio, seguido por Rita y el menor de sus hijos.

“Adentro del local había un cliente y la chica que trabaja allí. El asaltante ya estaba adentro y hasta le permitió que abriera la puerta para que nosotros pudiéramos entrar”, describió la mujer. Ovidio no alcanzó a darse cuenta de que a los pocos metros, en la vereda, había otro joven esperando a su cómplice en una moto. Así fue como comenzaría la secuencia final que terminó en tragedia.

La odontóloga se veía desesperada, mientras que el asaltante que estaba en el consultorio intentaba hacerse pasar por un familiar suyo. “ ¡No es mi primo, Ovidio, no es mi primo, está robándome!”, gritaba.

“En ese momento, mi marido la corrió a un lado, se abalanzó y empezó a forcejear con el tipo. En ese momento no vimos que estuviera armado, pero el ladrón logró soltarse de alguna manera y empezó a los tiros”, recordó Rita.

La mujer añadió que allí su marido fue ejecutado. “Ya le había dado tres veces y mi marido estaba desvanecido. Y cuando ya estaba tirado en el piso, le pegó dos balazos más, en la cabeza. Lo fusiló, directamente. Y eso ya no fue de susto, fue con toda la saña”, afirmó llorando, recién llegada del entierro, mientras imitaba la posición del ladrón que asesinó a su pareja.

Rita y los vecinos que la acompañaban ayer, mientras detallaba lo sucedido, aseguraron que al momento del homicidio había un patrullero pasando por la esquina que no se acercó al escuchar los disparos. “Podría haber terminado en algo mucho peor, podría haber matado a todos porque parecía que tiraba a cualquier lado. Y mi hijo se salvó porque estaba con un amigo que lo tironeó hacia afuera ”, dijo.

Luego de asesinar a Ovidio, el homicida salió del consultorio y corrió hacia donde estaba su cómplice esperándolo. La moto no arrancó enseguida. “Tuvieron que empujarla como media cuadra hasta que lograron ponerla en marcha. Les dijimos a los policías que estaban en la patrulla en qué dirección habían escapado y no hicieron nada”, se quejó la esposa de la víctima.


Los siete hijos de Ovidio nacieron y se criaron en el barrio donde el sábado lo mataron. “ Para mí y para sus hijos hizo lo que haría un héroe y siempre va a ser un héroe, estamos orgullosos de él. Hacía lo que la Policía no hace: salía caminar siempre y recorría el barrio.

No era la primera vez que defendía a un vecino de un asalto. Acá todos los días pasa algo: mientras estábamos velándolo, le robaron a un vecino de enfrente”, aseguró.

Conmovida, Rita agregó: “En este momento tengo un disfraz puesto para poder sostener a mis hijos, pero por adentro pareciera que no valgo nada. Acá hay gente de trabajo que no se merece que pase algo así. Estamos a cinco cuadras de la estación de tren y muchas veces la gente tiene que tomarse un colectivo para que no le roben en el camino.

A alguien tiene que tocarle el corazón lo que nos pasó y poder hacer algo ”.

Según fuentes policiales, los dos detenidos por el crimen de “El Gallego” tienen entre 25 y 35 años. Los investigadores secuestraron una moto y ayer buscaban precisar si era la que se utilizó en el hecho.
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