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La delincuencia y los medios

[...]III – Neopunitivismo y mass media

En este sentido, el papel de los medios masivos de comunicación ha sido y es determinante. Nunca como ahora los medios han puesto tanto énfasis en los problemas relacionados con el delito. Las noticias acerca de delitos comunes a ciudadanos ordinarios ocupan cada vez más tiempo en las emisiones de diarios, radios, canales de televisión y publicaciones de Internet. No se trata necesariamente de un aumento global en la criminalidad, sino de un aumento de la exposición de la criminalidad. Esto va creando un claro mensaje alarmista sobre una supuesta situación especial (en el sentido de atípica, novedosa) de inseguridad ciudadana. Y su contrapartida, la seguridad ciudadana, va intentando progresivamente abrirse paso en el catálogo de bienes jurídicos tutelables por un exacerbado y cada vez más desquiciado derecho penal.

Dicho mensaje alarmista, por su parte, tiene el claro efecto de generar y aumentar tensiones entre distintos grupos sociales: los “buenos ciudadanos”, enfrentados a grupos determinados y socialmente identificables de delincuentes y criminales. Por lo demás, la delincuencia normalmente reflejada es la delincuencia común: hurtos y robos (los delitos más frecuentes) y homicidios y lesiones graves. Con ello, por otro lado, se bloquea la atención a los así llamados delincuentes de guante o cuello blanco(de escandalosos grados de impunidad), así como la discusión sobre políticas públicas macro, de diversos ámbitos (económico, social, etc.), y la revisión crítica del proceder general de la clase política, tanto oficialista como opositora (o bien se la enfoca en sólo uno de estos polos, inclinando la balanza hacia un lado sin el análisis adecuado).

La participación activa de los medios de comunicación masiva (sin dudas un factor eminentemente político; una vez más: sea desde perspectivas oficialistas u opositoras) tiene además el importantísimo efecto de volver al neopunitivismo una forma respaldada y hasta reclamada por varios sectores de la opinión pública. No es trivial la clásica caracterización de los medios como “formadores de opinión”. En este sentido, el neopunitivismo parece ir ganando el consenso incluso de los sectores más progresistas de la sociedad, sectores que tradicionalmente se mostraron contrarios a este tipo de legislación y operatividad judicial. Sin embargo, nótese cómo, en el fondo, la cuestión parece aquí ser fundamentalmente de desinformación o información parcializada. Así, los abundantes estudios que, sobre bases empíricas, intentan analizar la certeza de las demandas públicas de mayor severidad punitiva, suelen arrojar que, si bien en abstracto pueden haber momentos en que exista una demanda pública de mayor rigor punitivo, cuando se desciende a supuestos concretos y particulares y se le suministra a los encuestados una información más detallada, esa demanda desaparece.

Mientras tanto, a pesar de ello, la búsqueda y lucha contra las causas sociológicas que determinan la delincuencia, resulta dejada de lado. La sociedad no admite, o restringe notablemente, sus responsabilidades en la génesis y abordaje de la delincuencia. Esto a la vez es causa y efecto de una creciente insolidaridad social. Y el recurso cada vez más amplio y frecuente a la pena de prisión es su manifestación más directa. Dicho recurso responde claramente a una idea de inocuización, y no ya de resocialización, reeducación y reinserción, e ilustra, a la vez, cómo las consideraciones científicas en torno a los fines y efectos posibles de la pena, son dejadas de lado por un discurso puramente emocional.

Aquí viene a cuento recalcar que se trata de una situación compleja, que no puede caracterizarse simplemente como un conflicto entre la opinión pública y la voz de los expertos y estudiosos. La cuestión de la información, señalada en el párrafo precedente juega un rol muy relevante, y hay, por supuesto, varios otros factores a tener en cuenta, como el hecho de que muchas veces dichas opiniones sí coinciden, el de que la comunidad especializada no siempre tiene criterios uniformes, etc. [...]


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