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La derecha brasilera, ¿tan burra como la derecha argentina?

La derecha, Lula y el tiro en el propio pie


La sabiduría popular en Brasil ha generalizado la expresión “darse un tiro en el propio pie” para describir aquellas situaciones en las que el agresor, en su afán por dañar al otro, termina cometiendo un error y se daña a si mismo (o bien fortalece al agredido, lo que es equivalente).


Y la derecha de Brasil acaba de darse un lindo tiro en el pie: al intentar sacar del juego a Lula, lo terminó despertando y fortaleciendo políticamente al gobierno del Partido de los Trabajadores, que venía muy golpeado desde el ajustado triunfo de Dilma Rousseff en 2014.

Lula estaba dormido, borrado del juego político. Es posible que haya estado preservándose, con miras a las elecciones de 2018. Sea como fuere, lo cierto es que Lula ya no apuntalaba el gobierno de su sucesora y esa ausencia se hacía sentir.

Con el objetivo declarado de asestarle el golpe final al gobierno de Dilma, la derecha —corporaciones, medios de comunicación y poder judicial, básicamente— fue por Lula. Lo arrestó de hecho y sin razón válida, y lo condujo a declarar a una comisaría. 
Y aquí se ha dado el mentado tiro en el pie.

El arresto de Lula encendió a la militancia e indignó a buena parte de la sociedad, la que terminó de comprender los mecanismos por los que opera el poder fáctico para golpear al gobierno popular. Al arrestar por unas pocas horas a Lula, la derecha lo puso en el lugar del perseguido políticamente, en el lugar de la víctima. E inmediatamente desvió el foco de las acusaciones al propio Lula y al gobierno de Dilma Rousseff.

La militancia popular tomó las calles y Lula ya empezó a recorrer el país para explicar la situación. Claro que lo hará en enormes actos, en los que incrementará sensiblemente su capital político. La campaña a las elecciones de 2016 ya empezó, y gracias a la derecha, que es experta en darse tiro en el propio pie, Lula arranca con mucha ventaja. Tuvo su 17 de octubre y se lo debe a un juez de primera instancia que intenta procesarlo y no encuentra las pruebas ni demás elementos para hacerlo más que denuncias y notas de los medios de comunicación.

Pensábamos que la derecha brasileña era más sofisticada que la nuestra, pero está visto que es igual de bruta. La derecha es bruta en todas partes, porque de otro modo no sería derecha.





Esta imagen en el día de hoy amerita, aunque más no sea, una breve explicación histórico-cultural (materia en la que nos especializamos):

En el Brasil precapitalista de los siglos XVI al XIX solo existieron dos clases sociales: la oligarquía —primero minera y luego terrateniente— y el resto. Por una parte, una minoría propietaria de todo y, por otra, una mayoría que no era dueña de nada, ni siquiera de su propia libertad, ya que era esclava. La esclavitud se abolió en Brasil recién en 1888, durante el último año de la monarquía de Pedro II, aunque sigue existiendo de facto en muchas propiedades rurales en ese inmenso país.

En las estancias del Brasil premoderno la minoría oligárquica habitaba la “casa grande”, mientras que la mayoría esclava vivía en la “senzala”, voz que tiene origen en el kimbundo y que significa “habitación”. Las senzalas eran precisamente esos enormes alojamientos comunes donde los esclavos compartían su miseria. Y el kimbundo es un idioma africano que aportó muchas voces y expresiones a lo que hoy es el idioma portugués que se habla en Brasil, en Angola y también en Portugal.

Ahora bien, a sabiendas de todo esto, la traducción de la remera que vemos en la imagen sería:

“En la casa grande se ponen como locos cuando en la senzala los esclavos aprenden a leer”.

Y esto es precisamente lo que está sucediendo hoy en América Latina: nuestras clases dominantes están enloquecidas en sus casas grandes porque acá, en nuestras senzalas, los esclavos estamos aprendiendo a leer y levantando cabeza. Por eso necesitan destruir a nuestros líderes, llámense Lula, Cristina, Evo, Maduro o Correa. Los quieren destruir para que no levantemos cabeza.

Pero los morochos ya no comemos vidrio.







RESUMEN TARINGUERO NIVEL 5
¿Saben por qué lo odian tanto? ¿Saben por qué lo quieren destruir? Porque los deja en evidencia, los deja a todos en off-side. Dice aquello que nadie se anima a decir.
Y además porque habla mal, como nosotros; porque es un obrero ignorante, como nosotros; porque no es culto ni erudito, como nosotros, que tampoco lo somos. Porque es como nosotros, porque se parece al pueblo. Porque nace del pueblo. Por eso lo quieren destruir, porque si se presenta gana caminando y es el pueblo que ellos odian al poder.
Y encima te da un discurso con este contenido de clase, en el que nos hace ver esto: nuestros líderes son el resultado de nuestra conciencia política. Por eso lo quieren destruir.
Pero no podrán, no pasarán. Lula es como Cristina, como Evo, como Correa, como Maduro. Lula es el pueblo y el pueblo es indestructible.

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