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La Familia Judía: Una visión psicoanalítica



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La Familia Judía: Una visión psicoanalítica


Aclaración: este artículo NO fue escrito por Freud

El judaísmo es una religión muy normativa. La vida de una persona judía está reglamentada por toda una serie de normas y prescripciones, cuyo conjunto constituye la denominada Halajá (palabra hebréa que significa, literalmente “ir”), es decir el conjunto de preceptos que estructuran la vía por la que debe transcurrir la vida del judío y que deriva de la Torá y la Ley oral.



Como toda prohibición, la Halajá y el cumplimiento de sus normas, lleva implícito todo un complejo sistema moral y cultural. El principal precepto moral es el respeto a la vida, hasta el punto en que todas las prescripciones pueden transgredirse para salvar una vida humana. Además, este respeto por la vida se hace extensivo también a los animales, como seres de la creación y, en ese sentido, está absolutamente prohibido hacer sufrir a los animales.



Por otro lado, al ser la madre la única que otorga legitimidad de pertenencia a la comunidad judía (“hijo de vientre judío, judío será”) y no el padre, podemos inferir que el vínculo más importante es el sanguíneo, seguido del de filiación, posteriormente el de alianza y, al final, el avuncular, puesto que, en el caso de la mujer judía, al casarse, es el marido al que hay que rendirle respeto y quien habrá de guiar los pasos de todos los miembros de la familia, dejando a los padres en un segundo plano, implica la ruptura con la familia de procedencia a favor de la alianza conyugal que estructura la nueva familia.



El ámbito familiar, privado e intersubjetivo, es fundamental no sólo para la transmición del judaísmo a los descendientes, sino que resulta imprescindible para la práctica personal e incluso para la celebración de determinadas festividades del calendario litúrgico, en las que los ritos más importantes son precisamente los que se celebran con la familia en el ámbito doméstico.



En términos psicoanalíticos queda claro cómo el grupo recibe al sujeto y lo nombra: judío; si es hombre, desde el nacimiento se instaura la marca inicial del judaísmo: la circuncisión, para más adelante reafirmar dicha pertenencia con el Bar Mitzvá y la mujer, a través de constituir el vientre que dará sangre judía al hijo y que lo nombra como tal desde la concepción.



Al padre de familia le corresponde dirigir determinadas actividades y oraciones, tomar decisiones, instaurar reglas, bendecir el vino y el pan en las comidas festivas, realizar algunos ritos domésticos, etc. La madre tiene a su cargo velar por la pureza ritual del hogar, especialmente en algunos aspectos tan relevantes como ocuparse de que los alimentos sean kosher. La familia entonces, mantiene su papel predominante como institución nuclear de la sociedad, y creadora de la transmisión cultural y del aparato psíquico de los individuos, las parejas, las familias y los grupos.




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