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La historia de la Torre Eiffel

El Arco del Triunfo, el Museo Louvre, la Catedral de Notre Dame o la Avenida de los Campos Elíseos, no logran llegar a ser el símbolo de Francia como lo es la Torre Eiffel. Aunque existen copias o réplicas de La Dame de Fer en diferentes partes del mundo como Las Vegas, China, Dinamarca, Bulgaria, Kazakhstan, entre otras, la obra es el punto arquitectónico de París que representa la ingeniería moderna, y es, sobre todo, más que un sitio turístico.



Aquí la historia de su construcción:

Fue en la Exposition Universelle en 1889, fecha en la que se celebraba el centenario de la Revolución Francesa, que se lanzó un concurso que tenía como propósito estudiar la posibilidad de erigir una estructura de hierro en Champ-de-Mars, con una base cuadrada de 125 metros y 300 metros de altura. Aproximadamente 107 proyectos fueron presentados; sin embargo, un grupo de ingenieros y arquitectos de nombres Gustave Eiffel, Maurice Koechlin, Emile Nouguier y Stephen Sauvestre presentaron la propuesta ganadora.




La construcción inició en enero de 1887 con la excavación para los cimientos de la torre. Cada una de las 18 mil piezas de hierro que conforman el emblema francés fueron específicamente calculadas, diseñadas y trazadas con precisión en la fábrica de Eiffel “Levallois-Perret”, localizada a las afueras de París.




Todas las piezas de metal se unen a través de pernos, un método popular en ese tiempo. Aunque fue una construcción rápida, implicó un laborioso proceso en el que cada pieza era ensamblada usando tornillos, mismos que posteriormente se reemplazaban con pernos térmicos para que, al enfriarse, el metal se contrajera y se mantuviera ajustado y firme. Para esto fue necesario equipos de cuatro trabajadores: uno que calentara el perno, el segundo que lo colocara adecuadamente, el tercero que moldeara la pieza y el último que lo amartillara. Por tanto, la construcción de la obra maestra de Eiffel estuvo en manos de entre 150 a 300 trabajadores quienes ensamblaron la gigantesca estructura.

Con apoyo de andamiajes de madera temporales y pequeños montacargas, los cimientos y primer piso de la torre estaban terminados luego de cinco meses de construcción; cuatro meses después se terminó el segundo nivel y la estructura en su conjunto estuvo lista en marzo de 1889. Un tiempo de construcción record considerando los medios rudimentarios disponibles para la época; además de los desafíos técnicos y físicos que implicaron la creación de una estructura de tal magnitud y características.



Para dar forma al símbolo de París fueron necesarias 18 mil 038 partes metálicas, 5 mil 300 diseños, 50 ingenieros y diseñadores, 150 trabajadores en la fábrica Levallois-Perret sumados a los responsables del ensamblado, 2 millones 500 mil pernos, 7 mil 300 toneladas de hierro, 60 toneladas de pintura, cinco ascensores, y dos años, dos meses y cinco días de construcción.


A partir de 1980, el monumento se renueva, restaura y se adapta regularmente para cautivar a los más de siete millones de visitantes al año provenientes de todo el mundo.

A pesar de que los rayos del Sol hacen que la torre crezca 6 pulgadas, la altura de la obra es de 324 metros, pesa 10 mil toneladas, y continua siendo un referente del continente europeo, además de la imagen por excelencia del territorio francés.








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