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La Iglesia Católica y el Nazismo





Aunque la Iglesia Católica se ha querido desmarcar fuertemente del Nazismo y el Papa Benedicto XVI ha condenado duramente el nazismo durante una visita a una sinagoga alemana, no podemos cerrar los ojos a la historia y ver que fue lo que realmente ocurrió en esos funestos años. Traemos 2 análisis, uno por el filósofo Michael Onfray y el otro por el escritor John Cornwell sobre la relación de la Iglesia con el Nazismo antes y durante la Segunda Guerra Mundial.

"Estamos convencidos de que la gente necesita y requiere esta fe. Por lo tanto hemos llevado a cabo la lucha contra el movimiento ateo, y esto no sólo con unas pocas declaraciones teóricas: lo hemos aplastado."
(Adolf Hitler, en un discurso en Berlín, 24 de octubre de 1933).

Con estas palabras, Hitler asumía que su lucha por alcanzar y obtener poder también involucraba a la fe religiosa de las personas. Hitler mismo declaró: "Aprendí mucho de la orden de los jesuitas. Hasta ahora, nunca ha existido en la tierra nada más grandioso que la organización jerárquica de la Iglesia Católica. Yo transferí a mi partido mucho de esta organización".

Pero ahora revisaremos la actuación del Papa Pío XII y la Iglesia Católica durante el Nazismo y la Segunda Guerra Mundial. Es un tema muy controversial, pero no podemos negar el conocimiento a los hechos que sucedieron. Desde los años 20, la Iglesia condenó al nazismo y en las elecciones de 1932, Hitler fue rechazado en las urnas en las regiones católicas como Baviera. Entre 1933 y 1936, El Vaticano dirigió a Berlín 34 notas oficiales en las que tachaba de total aberración la ideología hitleriana.




Obispo Ludwig Muller y Nazis

Hubieron muchos héroes católicos que murieron en campos de concentración, uno de ellos fue el Padre Maximiliano de Kolbe, quien murió de hambre en el campo de exterminio de Auschwitz, dando su vida por otro prisionero que había sido condenado a moris de esa forma. También tenemos al Cardenal Faulhaber que condenó la persecución a los judios en los años 30. Los nazis pidieron que sea asesinado. En 1936 la policía confiscó sus sermones y luego fue presionado por los nazis con manifestaciones. Durante la guerra se siguió manifestando en contra de los nazis y elevando su voz sin miedo en defensa de los judíos.

Pero en general, al empezar la escalada nazi, se puso en práctica un pacto entre el partido nazi y la Iglesia Católica, en la cual, la mayoría de la Iglesia colaboró con su silencio, y el nazismo dejaría a la Iglesia sobrevivir, al menos por esos años. A ese pacto se le llamó "Concordato". El concordato hecho entre el Vaticano y Hitler, era para acordar que la Iglesia no se iba a entrometer de manera oficial en la politica Nazi y de ningun pais ocupado por ellos, a cambio Hitler desistiria de formar una religión propia, además también evitaban que los nazis tomaran a los católicos como enemigos.

Ahora sabemos, gracias a algunos eclesiásticos fieles a los derechos humanos, mediante los documentos soltados, los secretos que se ocultaron en ese tiempo. En ellos se describen claramente todo lo que la Iglesia calló para sobrevivir mientras otros fueron asesinados.

¿Donde estuvo la Iglesia Católica en esos tiempos que mas se necesitaba de ella?.
Susan Zuccotti en su libro “Under his very windows”, descubrió que clérigos y laicos católicos desafiaron a nazis proveyendo de comida, ropa y cobijo a los judíos y otros refugiados en toda Italia. Como resultado de esto, mientras que aproximadamente el 80 por ciento de los judíos europeos perdieron la vida durante la Segunda Guerra Mundial, el 85 por ciento de los judíos italianos sobrevivieron a los nazis. Pero Zucotti no le da crédito de esto al Papa por no encontrar directrices dadas por el pontífice a los católicos.

El cardenal Karl Lehmann presentó en Maguncia un estudio que ilustra el papel de la Iglesia de Roma en el sistema nazi de trabajos forzados durante la II Guerra Mundial. Entre seis y ocho mil esclavos judíos trabajaron para ella. Y la Iglesia se benefició con esa esclavitud.

El historiador Karl-Joseph Hummel, que ha editado este informe, describía las dificultades de los católicos bajo el nazismo. “Mediante contratos con el Ejército, los monasterios y otras instituciones evitaban las posibles expropiaciones” de un régimen hostil. Para cumplir estos contratos en medio de la guerra, la Iglesia recurrió a los trabajadores forzados puestos a su disposición por los nazis como “medida de autodefensa”. El catedrático de la Universidad Libre de Berlín Wolfgang Wippermann destacaba la “estrecha relación” entre la Iglesia católica y la Comisión de Historia que ha guiado el estudio. Para él “tiene como meta la justificación de algunos comportamientos del Vaticano respecto a la Alemania de Hitler”.

Hitler y Obispo Ludwig Muller. Muller se suicidó al termino de la Segunda Guerra Mundial

Se calcula que el Tercer Reich entregó a sus empresas colaboradoras cerca de ocho millones de trabajadores forzosos. Los que fueron entregados a instituciones eclesiásticas eran en cierto modo los más afortunados, puesto que fueron empleados en labores de cocina, limpieza o agrícolas.

La realidad de todo esto es que el Papa Pío XII fue criticado durante décadas por no hacer nada para salvar a los judíos durante la matanza nazi. Seis millones de judíos fueron exterminados en campos de concentración por parte de los alemanes y sus aliados en la guerra.
El Vaticano ha tratado de defender la memoria del Papa, señalando que si bien éste nunca denunció en público el genocidio, practicó una diplomacia silenciosa a fin de salvar discretamente a miles de judíos.

A continuación, 2 análisis sobre lo que sucedió en esta época, uno, por el escritor John Cornwell y el siguiente por el filósofo Michael Onfray.



John Cornwell, periodista y escritor inglés, hace un analisis que es considerado muy controversial, sobre la relación Iglesia - Nazismo:

Siempre estuve convencido de que la evidente santidad de Eugenio Pacelli (aún no era el Papa Pío XII), era una prueba de su buena fe. ¿Cómo podría haber traicionado a los judios un Papa tan Santo?. Pedí acceso a documentos cruciales, asegurándoles a sus custodios que estaba del lado de mi investigado: en un libro titulado Un ladrón en la Noche, yo había defendido al Vaticano contra cargos del asesinato del Papa Juan Pablo I por sus pares.

Dos oficiales me permitieron acceder al material secreto: declaraciones bajo juramento que se juntaron hace treinta años para avalar el proceso de canonización de Pacelli y el archivo de la Secretaría de Estado del Vaticano. También recurrí a fuentes alemanas en relación con las actividades de Pacelli en Alemania durante las décadas del ´20 y del ´30, incluídos sus contactos con Adolf Hitler.

A mediados de 1997 me encontré en un estado de shock moral. El material que había juntado no apuntaba a una exoneración sino a una acusación aún más escandalosa. La evidencia era explosiva, Mostraba por primera vez que Pacelli era abiertamente, y según sus propias palabras, antisemita.

Pacelli llegó al Vaticano en 1901, a la edad de 24 años, reclutado para especializarse en cuestiones internacionales y derecho canónico. Colaboró con su superior, Pietro Gasparri, en la reformulación del Código de Derecho Canónico que se distribuyó en 1917 a los obispos católicos de todo el mundo.

A la edad de 41 años, ya arzobispo, Pacelli partió hacia Munich como nuncio papal para comenzar el proceso de eliminar los desafíos legales a la nueva autocracia papal y procurar un tratado entre el papado y Alemania como un todo, que reemplazará todos los arreglos locales y se convirtiera en un modelo de las relaciones entre la Iglesia Católica y los Estados.



Obispos catolicos haciendo el saludo Nazi en honor a Hitler.


En mayo de 1917 recorrió Alemania, destruída por la guerra, ofreciéndo su caridad a gente de todas las religiones. Sin embargo, en una carta al Vaticano, reveló tener menos amor por los judíos. El 4 de septiembre le informó a Gasparri, que era cardenal secretario de estado en el Vaticano, que un doctor Werner, el rabino jefe de Munich, se había acercado a la nunciatura para rogar un favor. Con el fin de celebrar Succoth, los judíos necesitaban hojas de palmeras, que normalmente llegaban de Italia. Pero el gobierno italiano había prohibido la exportación, vía Suiza, de unas palmeras que los judíos habían comprado y que estaban retenidas en Como. “La comunidad israelita – continuaba Pacelli – busca la intervención del Papa con la esperanza de que abogue a favor de los miles de judíos alemanes”.

Pacelli le dijo a Gasparri que no le parecía apropiado que el Vaticano “los ayudara en la práctica de su culto judío”. Gasparri respondió que confiaba completamente en la “astucia” de Pacelli, coincidiendo con que no sería apropiado ayudar al rabino Werner.

Dieciocho meses mas tarde reveló su antipatía por los judíos de una manera más abiertamente antisemita, cuando estuvo en el centro de una revuelta bolchevique en Munich. En una carta a Gasparri, Pacelli describió a los revolucionarios y a su líder, Eugenio Levien: “Un ejército de trabajadores corría de un lado a otro, dándo órdenes, y en el medio, una pandilla de mujeres jóvenes, de dudosa apariencia, judías como todos los demás”, daba vueltas por las salas con sonrisas provocativas, degradantes y sugestivas. La jefa de esa pandilla de mujeres era la amante de Levien, una jóven mujer rusa, judía y divorciada. (…..) Este Levien es un hombre jóven, de unos 30 o 35 años, también ruso y judío. Pálido sucio, con ojos vacíos, voz ronca, vulgar repulsivo, con una cara a la vez inteligente y taimada”.

Hitler que había logrado su primer gran triunfo en las elecciones de 1930, quería un trato con el Vaticano porque estaba convencido de que su movimiento sólo podía tener éxito si se eliminaba al catolicismo político y sus redes democráticas. Luego de su ascenso al poder en enero de 1933, Hitler hizo una prioridad de su negociación con Pacelli.

El Concordato del Reich le garantizó a Pacelli el derecho a imponer un nuevo Código de Leyes Canónicas sobre los católicos de Alemania. A cambio, Pacelli colaboró en el retiro de los católicos de la actividad política y social. Luego Hitler insistió en la disolución “voluntaria” del Partido Central Católico Alemán”.


Cardenal Bertram en una procesión funeraria, marzo 7 del 1935.


Los judios fueron las primeras víctimas del Concordato: luego de su firma , el 14 de julio de 1933, Hitler dijo a su gabinete que el tratado había creado una atmósfera de confianza “especialmente significativa en la lucha urgente contra el judaísmo internacional”. Aseguraba que la Iglesia Católica le había dado su bendición pública, en el país y afuera, al nacional – socialismo, incluída su posición antisemita.

Durante los años ´30, a medida que el antisemitismo nazi crecía en Alemania, Pacelli no se quejó ni siquiera en nombre de los judios convertidos al catolicismo: para él, era cuestión de política interna.

En enero de 1937, tres cardenales y dos obispos alemanes viajaron al Vaticano para pedir una vigorosa protesta contra la persecución nazi de la Iglesia Católica, a la que se le habían suprimido todas las formas de actividad con excepción de los servicios religiosos. Finalmente, Pío XI decidió lanzar una encíclica, escrita bajo la dirección de Pacelli, donde no había ninguna condena explícita al antisemitismo.

En el verano de 1938, mientras agonizaba, Pio XI se preocupó por el antisemitismo en Europa y encargó la redacción de otra encíclica dedicada al tema. El texto que nunca vió la luz del día, se descubrió hace poco. Lo escribieron tres jesuitas, pero presumiblemente Pacelli estuvo a cargo del proyecto. Se iba a llamar Humani Generis Unitas (La unión de las raza humana) y, a pesar de sus buenas intenciones, está lleno de un antisemitismo que Pacelli había mostrado en su primer estadía en Alemania. Los Judios, dice el texto, eran responsables de su destino, Dios los había elegido, pero ellos negaron y mataron a Cristo. Y “cegados por su sueño de triunfo mundial y éxito materialista” se merecían “la ruina material y espiritual” que se habían echado sobre sí mismos.







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